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Partido Nacional: no al debate

POR GERARDO SOTELO

Las últimas semanas mostraron al Partido Nacional reclamando a viva voz un debate entre Larrañaga y Vázquez.

20.10.2004

Lectura: 3'

2004-10-20T00:00:00-03:00
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El Sí al debate se defendió en nombre de una ciudadanía que merecía y necesitaba un encuentro cara a cara entre los presidenciables. Sin embargo, el transcurso de la campaña dejó la sospecha que el verdadero objetivo no era lograr el debate sino arrinconar a Vázquez.

Si de verdad se buscaba un debate entre Larrañaga y Vázquez, la campaña debió centrarse en los intereses que se decía perseguir (intercambiar propuestas, cotejar soluciones entre ambas candidaturas) en lugar de hacerlo en las posiciones que se esgrimía ( sí al debate contra no al debate ). Los estrategas blancos no tuvieron en cuenta que la solución al problema no estaba en manos de Larrañaga sino de su contrincante y esto le daba al candidato de la izquierda un enorme poder. Un poder que quedó en evidencia en un spot de la campaña nacionalista que mostraba a un desairado Larrañaga, sólo en el escenario mirando un atril vacío. Aunque parezca increíble, su derrota fue remarcada ante los ojos del público por sus propios publicistas.

Cuando uno de los participantes decide no jugar, el juego se tranca. En esos casos lo que debe hacerse no es insistir sino cambiar el juego. La campaña por el si al debate sólo podía generar un cerrado rechazo de Vázquez, porque de lo contrario aparecería cediendo ante Larrañaga, para aventurarse a un debate que empezaba perdiendo de antemano. Su alternativa era mejor que la opción que le planteaban los nacionalistas. Aunque proclamaba lo contrario, la campaña del Partido Nacional no parecía buscar el debate sino cobrarle caro a Vázquez su decisión de no hacerlo.

Si de verdad se quería propiciar un debate se debió dirigir la campaña hacia el problema y no hacía el rival. Y el problema no era la falta de voluntad de Vázquez de debatir sino la necesidad de comparar, de contrastar unas propuestas de gobierno contra otras. Para esto, si es que de verdad lo quiere, Larrañaga no precisa a Vázquez. Puede lanzar ahora mismo una campaña donde confronte su programa de gobierno, punto por punto, al del Encuentro Progresista. De paso, tendrá la oportunidad de demostrar que sus propuestas son mejores y que sus intenciones eran sinceras.

El error de la estrategia nacionalista es que carecía de algunas de las fuentes de poder en una negociación compleja: no clarificaba sus verdaderos intereses, no planteaba ninguna opción más que la de debatir, no explicitaba criterios persuasivos de legitimidad, no utilizaba una comunicación adecuada y no tenía una alternativa mejor en caso de un no. Quizás estemos ante una seña de lo que Lacalle visualiza como una campaña errática . O tal vez lo que se buscaba no era el debate sino pasarle a Vázquez la factura.

Es difícil estimar si este paso en falso se reflejará en el resultado electoral. El remate de campaña, muestra al Partido Nacional relegado en la atención pública por la radicalización entre julistas y pepistas. Todavía queda tela por cortar pero la estrategia nacionalista no encuentra la tijera.

ESCRIBE

Gerardo Sotelo

Con más de treinta años de trabajo como periodista, se destaca como conductor e informativista de radio y televisión.

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