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Escribe Esteban Valenti

Opinión | Wilson y Seregni en el país del olvido

Durante más de tres décadas, ambos tuvieron un papel determinante en Uruguay. Además, jugaron un rol clave al momento de forjar una identidad en sus partidos

24.02.2021 09:23

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2021-02-24T09:23:00
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Hay dos figuras que durante más de tres décadas tuvieron un papel determinante en el Uruguay, en sus partidos y en todo el proceso político nacional, Wilson Ferreira Aldunate y Liber Seregni. Tanto dentro del Frente Amplio como del Partido Nacional, son una referencia intelectual, a veces anímica pero sobre todo política, pero con cada día pierden peso, se van diluyendo.

No alcanza que una figura mantenga un sentido épico y en cierta manera místico en su colectividad y en el país, para que sus ideas, sus ejemplos, su conducta juegue su papel, el que se ganó con su vida y su legado. Y precisamente eso es lo que sucede con estas dos grandes figuras, que en su momento estuvieron enfrentadas pero coincidentes en aspectos fundamentales.

Ambas jugaron en condiciones distintas un papel fundamental en forjar una identidad diferente en sus partidos. El Partido Nacional de 1971, en las elecciones con "Mi compromiso con usted" de Wilson que resumía su trabajo en la CIDE (con Enrique Iglesias), sus aportes programáticos desde el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca y toda su prédica, fueron un cambio radical en la trayectoria histórica de ese partido, del predominio de los sectores de la derecha, el herrerismo. Baste pensar que el otro candidato del PN en 1971 fue el general Mario Aguerrondo fundador en 1965 de la Logia de los Tenientes de Artigas, el grupo militar golpista por excelencia y de extrema derecha. Wilson obtuvo el 65.7% de los votos de su partido y Aguerrondo el 34.16%. La diferencia en porcentajes corresponde a candidatos menores.

Hoy nadie reivindica al general Aguerrondo en el Partido Nacional, y ese es sin duda un avance, pero la figura de Wilson, y los wilsonistas originales se han ido desmigajando, desdibujando hasta perder peso cotidianamente en el partido. Es visible a kilómetros de distancia, en la política, en el programa y en el discurso. Hasta el relato sobre Wilson ha ido perdiendo importancia. Y fue sin duda un gran transformador del PN. Solo algunas iniciativas culturales lo reivindican.

Sus posiciones democráticas las pagó a un alto precio, asesinaron a su amigo Héctor Gutiérrez Ruiz, el mismo comando criminal lo buscó en Buenos Aires para asesinarlo y se salvó por poco y en 1984 fue proscripto y no pudo ser candidato en las elecciones de ese año. Y no tengo dudas que las hubiera ganado, como lo suponían muy bien los propios dictadores. Fue un tenaz luchador por la libertad de los presos políticos y en particular de Liber Seregni, me consta personalmente.

A nivel del Frente Amplio, Liber Seregni no solo fue su primer candidato a presidente en las elecciones de 1971, durante toda la lucha contra la dictadura fue la referencia obligada y fundamental de todos los frenteamplistas y de los uruguayos democráticos, estuvo 10 años preso y al salir se transformó en un factor fundamental de la elaboración del discurso, de las posiciones y de la identidad del FA. Incluso desde adentro de la cárcel, su posición a favor del voto en blanco en las elecciones de 1982 fue fundamental para mantener la vigencia del Frente. El PCU que yo integraba estuvimos al borde de un grave error sobre ese tema.

Nunca ocupó un cargo de gobierno a ningún nivel, sin embargo fue la principal referencia política e ideológica del Frente hasta 1996, que renunció a la presidencia por discrepancias sobre la reforma constitucional. Fue candidato a presidente nuevamente en 1989 y fue fundamental para vencer por parte del FA la batalla contra los que habían abandonado el Frente (Batalla y el PDC) sobre quien era la alternativa a los partidos tradicionales. Sin ese triunfo contundente, donde el FA más que duplicó los votos del Nuevo Espacio la historia política del país hubiera sido muy diferente. El Frente Amplio obtuvo 418.403 votos y el Nuevo Espacio con sus 177.453 comenzaba su proceso de desaparición.

Desde el Instituto 1815, Seregni realizó aportes respetuosos y muy positivos a la elaboración política y programática del FA y fue además de un batllista estructural en su pensamiento, un demócrata con una alta moral republicana que influyó en generaciones de militantes de su partido. ¿Y Ahora?

Ahora, el seregnismo ha ido perdiendo peso en el FA, tanto en las fuerzas políticas de lo toman como su referencia, la disolución del Frente Liber Seregni es un ejemplo muy claro, pero ha perdido mucho más peso en la construcción del discurso y en las actitudes políticas del FA. Seregni hasta por su condición de militar siempre tuvo un pensamiento estratégico, hoy al FA no solo le falta una línea política clara en esta nueva situación, sino una mirada realmente estratégica. La caída del balde en el pozo es una referencia permanente y evidente.

Escribo estas líneas asumiendo que si bien al final de su vida, fuimos muy amigos con Liber y con Lily, su inseparable esposa, no siempre coincidí con sus posiciones. El problema era que los comunistas nos acostumbramos que si en algún momento discrepábamos con Seregni, la discusión era siempre interna y al final y en última instancia el consenso era siempre con Seregni. Y ese fue un rasgo positivo e importante de aquel PCU. Un aprendizaje unitario y democrático.

Seregni además contribuyó a democratizar no solo el funcionamiento de las estructuras del FA a través del consenso, sino la esencia de cada una de las fuerzas que integramos el FA, el PCU, el PS, los Tupamaros y otras agrupaciones políticas que teníamos una visión revolucionaria y muchas veces parcializada o contraria a la democracia. Con diferencias entre nosotros muy importantes, no nos confundamos.

Tuvo grandes y profundas diferencias con el MLN y sus dirigentes y hay muchos testimonios en ese sentido, pero no se opuso a su ingreso al FA, incluso asumiendo que ello implicaría un importante costo político, para el Frente y para él personalmente. Pero el esfuerzo, el sacrificio valía la pena no en término de votos, sino como mirada democrática y transformadora estratégica para el país. Y tuvo razón.

Un aspecto que no me cansaré de repetir: entre los documentos desclasificados del Departamento de Estado, el general Emílio Garrastazu Médici, presidente golpista del Brasil entre 30 de octubre de 1969 y el 15 de marzo de 1974 y sin duda el más inteligente de los dictadores brasileros, que fue el gran promotor del golpe de estado en Uruguay, consideraba que la suma de los votos de Ferreira Aldunate y el Frente Amplio eran inaceptables para el Brasil, aún con la victoria rasposa de José María Bordaberry.

Lo cierto es que si se toman el trabajo de estudiar el programa de Wilson y el del FA en 1971 y lo comparan con la situación actual podrán apreciar que son "revolucionarios" y "radicales" y aun asumiendo que el mundo y el país cambió mucho, hay puntos de referencia y encuentro que podrían haber creado en muchos aspectos una situación política inédita para el país.

La elección como presidente de la Cámara de Diputados de Gutiérrez Ruiz, con los votos de los blancos y del Frente Amplio fue un ejemplo.

Cada tanto aparecen arremetidas en ambos partidos, para tratar de reverdecer el recuerdo de ambos líderes que marcaron la historia del país. Son fugaces, no corresponden con un análisis profundo de sus aportes, de sus valores y de su significado actual. A veces desde ambos partidos contribuimos a desmerecer a la figura de nuestro adversario de otros tiempos. Y le hacemos un gran mal a la democracia y a la política nacional y mostramos lo peor de la política, sus miserias.

Lo mismo sucedió antes, por parte del Partido Colorado y sus generaciones de dirigentes máximos con José Batlle Ordoñez. Lo relegaron a un vago y difuso recuerdo del pasado, con cada día menos expresión política dentro del PC. Los resultados están a la vista, fue paralelo a un desgaste y la pérdida de la identidad batllista. Muy enraizada con la identidad cultural uruguaya.

¿Es una fatalidad de la historia? Si miramos la historia de Artigas, su ideario, su trayectoria, su coherencia, su aporte al pensamiento de su época y de la nuestra, veremos el mismo proceso. No solo su cuerpo está enterrado entre los mármoles de la plaza Independencia. Su pensamiento realmente renovador y removedor para su época y para la nuestra, es patrimonio de los historiadores. Fueron décadas y siglos de olvido y deformación.

¿Será una maldición para todos nuestros forjadores de la historia nacional?

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Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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