Opinión | Variables financieras: por qué están más cerca de lo que parece
Si bien se hace difícil anticipar los mercados, conviene construir portafolios diversificados, que resistan mejor a escenarios diferentes.
CFA Society Uruguay
CFA Society Uruguay reúne a profesionales uruguayos de la inversión comprometidos con promover la ética, la educación financiera y la excelencia profesional en beneficio de la sociedad.
Por Agustina Terra*
¿Qué son exactamente las variables financieras? Son indicadores que usamos para entender la economía en números y que, aunque suenan técnicos, son más concretos de lo que parecen. Algunos ejemplos típicos son la tasa de interés, el tipo de cambio y la inflación. Aparecen todos los días en las noticias e inciden en decisiones como pedir un préstamo o elegir en qué moneda ahorrar, pero rara vez se explica cómo se conectan. Para entenderlo, conviene tener claro qué es cada una.
La tasa de interés es el precio del dinero, es decir, lo que cuesta pedirlo prestado o lo que rinde cuando lo depositás. Cuando sube, endeudarse sale más caro, ya sea un crédito hipotecario, la financiación de una empresa o la tarjeta de crédito. El tipo de cambio es el precio de una moneda expresado en otra. Por ejemplo, cuántos pesos cuesta un dólar. Como cualquier precio, depende de cuánta gente quiere dólares y cuántos hay disponibles. La inflación, por su parte, es el “ritmo” al que suben los precios en general, y suele medirse en períodos de doce meses. Cuando se acelera, con los mismos pesos comprás menos.
Estas variables no funcionan de manera aislada. Cuando la inflación sube, por ejemplo, los bancos centrales suelen responder subiendo la tasa de referencia, que sirve de base para las demás tasas de la economía. El crédito se encarece, las personas y empresas se endeudan menos, el gasto se modera y baja la presión sobre los precios. Este proceso, en el que el cambio en una variable se traslada a otras, es un mecanismo de transmisión. Puede originarse en una decisión de un banco central, en el precio del petróleo o en el tipo de cambio, y sus efectos llegan al crédito, al ahorro y a los precios del súper.
Estos mecanismos no siempre comienzan dentro del país. Uruguay es una economía pequeña y abierta, que comercia con el mundo, se financia en mercados externos y opera en buena medida en dólares. Por esa razón, muchas veces el punto de partida está en el exterior.
Este año dejó varios ejemplos. A fines de febrero comenzó la guerra entre Estados Unidos e Irán, que afectó el tránsito por el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de un 20% del petróleo mundial. El barril de Brent, que rondaba los 70 dólares antes de la guerra, superó brevemente los 120 en abril y hoy vuelve a ubicarse por encima de los 100. La suba de la energía presionó la inflación en Estados Unidos y llevó a la Reserva Federal (la Fed, autoridad monetaria del país norteamericano) a subir su tasa en setiembre.
Como el dólar es la moneda más usada en el mundo, cuando la Fed sube su tasa, ahorrar o invertir en dólares pasa a rendir más. Eso lleva a inversores de todo el mundo a buscar dólares y, como cualquier precio cuando aumenta su demanda, la moneda tiende a encarecerse.
Esto es relevante para Uruguay porque un dólar más fuerte en el mundo puede trasladarse al mercado local. Cuando el dólar sube, se encarecen los bienes importados, lo que agrega presión sobre la inflación. No obstante, Uruguay no es un mero receptor de lo que ocurre afuera. El mes pasado, por ejemplo, el BCU subió su tasa de 5,75% a 6%. La inflación se ubicaba algo por encima de la meta, impulsada por los combustibles y algunos alimentos; las expectativas de inflación —es decir, lo que se espera que pase con los precios— se habían corregido ligeramente al alza y las tasas internacionales estaban subiendo.
Vuelve a aparecer el mecanismo de transmisión. Para las personas, la suba se traduce en un crédito en pesos algo más caro y en un mayor rendimiento para quien ahorra en esa moneda. Con eso, el BCU busca evitar que el aumento de los combustibles, junto con el de algunos alimentos afectados por factores climáticos, se traslade al resto de los precios y a las expectativas. Así, un shock que, en parte, se originó en el estrecho de Ormuz, recorre toda la cadena: del petróleo a la inflación en Estados Unidos, de ahí a la Fed y al dólar, y finalmente a la tasa de interés en Uruguay.
El punto de partida también puede estar en la región. Tras la segunda vuelta en Brasil, por ejemplo, el real se depreció cerca de 8% en un día y el dólar también subió en el mercado local, aunque de forma transitoria. Aun así, muestra con qué rapidez un movimiento en un país vecino puede llegar al tipo de cambio, muchas veces el primer paso hacia los precios.
Seguir estas dinámicas no requiere ser economista, pero sí tener presente que las variables financieras están conectadas y que, en una economía abierta como la uruguaya, muchas veces responden a lo que ocurre en el mundo. Esa interconexión hace difícil anticipar los mercados, porque un shock puede transmitirse por varios canales a la vez y con distinta intensidad. Los análisis basados en una o pocas variables suelen quedarse cortos. Por eso conviene construir portafolios diversificados, que resistan mejor a escenarios diferentes. En ese camino, contar con un asesor profesional ayuda a definir la estrategia adecuada para cada perfil.
* Agustina Terra, CFA, es miembro de CFA Society Uruguay y se desempeña como jefe de Mesa de Inversiones en Integración AFAP.
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