Escribe Daniel Caggiani

Opinión | Uruguay lechero: un motor nacional

Financiar el desarrollo lácteo con los recursos que el propio sector aporta es un acto de justicia y sostenibilidad sectorial.

10.06.2026 10:45

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El sector lácteo uruguayo representa una combinación única de modelo de producción familiar, industrial, innovación tecnológica y una proyección internacional que incluso desafía las dimensiones geográficas del país. En apenas el 5% del territorio nacional, la lechería uruguaya genera la producción necesaria para alimentar anualmente a más de 20 millones de personas, una cifra equivalente a seis veces la población de todo Uruguay. Este dinamismo no es casualidad; responde a un modelo productivo eficiente y a una sólida red de trabajo asociativo entre sus actores.

La estructura productiva de la lechería en Uruguay se compone de unos 3.000 productores. Cerca del 73% de los productores remite su leche directamente a la industria láctea, mientras que el 27% restante se dedica a la elaboración de queso artesanal dentro de su propio establecimiento. En total, cerca de 15.000 personas están vinculadas hoy de forma directa al trabajo lechero. Mientras que en la industria predomina una plantilla de trabajadores de carácter permanente, en el eslabón de los tambos la modalidad que impera es el trabajo familiar.

Según los datos del Instituto Nacional de la Leche (Inale), el perfil del tambo promedio uruguayo cuenta con 141 vacas en ordeñe y una superficie de 220 hectáreas, alcanzando un rendimiento de 18 de litros de leche por vaca al día. Este volumen se logra a través de un sistema pastoril con suplementación a cielo abierto. La producción nacional destaca por sus altos estándares internacionales, respaldados por una genética reconocida en el mundo y una trazabilidad del 100% del ganado registrado. Asimismo, la materia prima se distingue por atributos clave de inocuidad: está libre de hormonas de crecimiento, de antibióticos, de metales pesados y de contaminación radioactiva.

Industrialización, consumo y mercado global

Anualmente, Uruguay produce 2.200 millones de litros de leche, una cifra que continúa en expansión, registrando un crecimiento proyectado para este año del orden del 15% respecto a dicho volumen. La industria nacional procesa el 90% de este total, experimentando una mejora continua en sus procesos mediante la incorporación tecnológica para cumplir con las exigencias internacionales.

El destino de la leche industrializada se divide en dos grandes bloques: un 30% se vuelca al consumo interno y el 70% restante se exporta a más de 60 mercados internacionales. En nuestro país el consumo per cápita es de 232 litros de leche al año, lo que supera ampliamente el doble del promedio mundial.

A nivel global, Uruguay se consolida como el 9º país exportador de leche en el mundo. En 2025, las exportaciones del sector estuvieron próximas a los 1.000 millones de dólares, teniendo a Conaprole como la mayor empresa exportadora del país. Los principales destinos de exportación evidencian una diversificación geográfica importante:

  • América del Sur: absorbe el 36% (destacando Brasil con el 23%).
  • África: representa el 32% (con Argelia alcanzando el 29%).
  • Asia: recibe el 21% (con China captando el 10%).
  • Rusia: representa el 6%.
  • América del Norte: concentra el 3% restante.

Además, el sector lácteo representa una pieza fiscal clave. Después de la forestación, la lechería es el sector agropecuario que más contribuye impositivamente, aportando 213 dólares por hectárea, una cifra que supera holgadamente los 46 dólares de la agricultura y la ganadería según estudios de Ceres.

El rol articulador de Inale

Gran parte de la estabilidad sectorial radica en su gobernanza. La investigación y transferencia tecnológica funciona en una red integrada por el Inia, Udelar, Utec, Latu, Conaprole e Inale. El Inale es una persona jurídica de derecho público no estatal que oficia como el eje de articulación público-privada para el desarrollo de la cadena.

El Inale nació de un proceso de madurez institucional iniciado en 2005 dentro de la “Mesa Sectorial Consultiva del Sector Lácteo”. Allí se detectó la necesidad de actualizar el marco legal para proyectar el potencial exportador del país. Esto dio origen a la Ley 18.242 (27/12/2007), conocida como la “Ley de Lechería”. Esta norma implicó un cambio de enfoque radical: sustituyó la vieja tradición de regular rígidamente los precios al productor y al consumidor por un marco normativo enfocado en el ordenamiento integral de toda la cadena (producción primaria industrial y artesanal, mercado interno y comercio exterior).

Actualmente, el Inale asesora al gobierno en política lechera, articula a los agentes del sector y promueve planes específicos para la producción familiar, pymes, capacitación, acceso a la tierra, desarrollo industrial, producción artesanal y exportaciones. Su dirección radica en un Consejo Ejecutivo integrado por diez miembros: cinco del sector privado (gremiales) y cinco del sector público (MGAP, MEF, MIEM, MRREE y un presidente designado por el Poder Ejecutivo), consolidando un espacio de encuentro para potenciar al sector frente a los desafíos globales.

A diferencia de otros institutos agropecuarios, como por ejemplo el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) o el Instituto Nacional de Carnes (INAC) o el Instituto Nacional de Semillas (Inase), los cuales se financian principalmente con fondos provenientes del propio sector, a través de tributos, el Inale sigue financiándose a casi 19 años de su creación por fondos que provienen fundamentalmente del presupuesto nacional.

En este entendido y reconociendo la importancia clave del Instituto para potenciar, desarrollar y dinamizar el mercado lechero, el Senado de la República aprobó el pasado 3 de junio una minuta de comunicación en la que se solicita al Poder Ejecutivo que, mediante el mecanismo que entienda más pertinente, reasigne ingresos tributarios provenientes del propio sector lechero hacia el Inale, con el único fin de generar una fuente genuina y directa de financiamiento.

Esta reasignación equiparará al Inale con el resto de los institutos agropecuarios del país. Financiar el desarrollo lácteo con los recursos que el propio sector aporta es un acto de justicia y sostenibilidad sectorial. Robustecer al Inale es asegurar que el motor de la cadena láctea cuente con el combustible necesario para seguir articulando, innovando y proyectando la producción uruguaya hacia los mercados más exigentes del mundo.