Contenido creado por Gonzalo Charquero
Sebastián Sabini

Escribe Sebastián Sabini

Opinión | Una reforma de espaldas a la realidad

Más allá de cambios en programas, los verdaderos procesos de cambio suceden en las aulas, en la interacción entre estudiantes y docentes.

03.01.2023 15:06

Lectura: 4'

2023-01-03T15:06:00-03:00
Compartir en

Hay un valor del cual nadie abdicó (en palabras al menos), en nuestro sistema político: el valor de la democracia como herramienta para convivir y para construir futuro. Ese valor no es algo dado por naturaleza. Por el contrario, es más fácil el “ordeno y mando”; alcanza con la fuerza bruta para imponer una voluntad –el “Venceréis, pero no convenceréis” de Miguel de Unamuno— que siempre es temporal aunque sus consecuencias la trasciendan.

Es un valor construido a fuerza de educación, es el resultado de una cultura que promueve la participación y se opone al autoritarismo. Que comprende que la tolerancia cesa cuando hay que enfrentar el desarrollo del autoritarismo subido a lomos de la ignorancia.

Y estos comentarios no surgen de un momento de reflexión despegado del quehacer cotidiano. Por el contrario.

La cultura es lo que le permite a la ciudadanía ser capaz de elevar la mira, plantearse la superación. Como personas, pero también como país. Esa cultura tiene un soporte esencial en la Educación. Esa, que es responsabilidad de un Estado y que debe ser cuidadosamente resguardada en un sistema democrático de sufrir menoscabo alguno, no sólo en lo material (la cuestión presupuestal, los recursos que se disponen con ese objeto por cada gobierno) sino primero y antes que nada al menoscabo del pensamiento.

Por eso quiero referirme a la formación de los futuros docentes. La Educación es uno de los recursos que las sociedades se dan para alcanzar la pública felicidad, porque atiende a la capacidad de superación y de proyectar el mejor futuro para la comunidad de la que se trate.

Hablamos de una reforma que no ha contado con ningún aporte más allá del pobrísimo marco teórico de los que la escribieron en algún despacho cerrado a cal y canto, dejando afuera la experiencia y al saber de los actores fundamentales de la obra que se quiere montar, los docentes, y de los directamente perjudicados, los estudiantes.

La ATD Nacional de Formación Docente expresó su clara oposición al proceso de reforma. Las Salas Docentes Académicas se debieron autoconvocar ya que no fueron tomadas en cuenta por las autoridades. El Sindicato ha expresado sus profundas diferencias. Los estudiantes, a través de sus gremios, muestran un marcado rechazo. ¿Nadie escucha?

Se desconoce completamente el proceso iniciado en 2008 y sus ajustes posteriores, de cara a dotar a la formación docente de un carácter universitario. Real y profundo. Hoy, lo que propone esta reforma, es adaptarse a los requerimientos del MEC para, posteriormente, obtener un “certificado universitario” entregado por el Ministerio. Habrá “cartoncito” pero no formación universitaria.

No hay registro ni antecedentes de un avance del pensamiento autoritario tan claro como el que estamos viviendo. Alcanza con ver como se desestima el saber y la acreditación académica en favor de sesgo político partidario cuando se visita el programa de historia que se propone. Y así en cada área del conocimiento que debiera brindar la formación docente.

Se mutilan (decir “recorta” resulta insuficiente porque no es sólo cantidad, también es calidad) saberes, tiempos de aprendizajes, asignaturas completas; otras se fusionan no se sabe con qué fundamento y se inventan nuevos nombres para asignaturas que no se sabe de qué se compondrán.

Se obliga prácticamente a los docentes a abandonar el CFE a raíz del recorte de entre 166 y 200 grupos, por lo que deberán acudir a Secundaria y UTU para elegir horas, lo que generará más desajustes. Es que tampoco desde lo meramente administrativo han sabido gestionar. Nos tememos en realidad que lo que hay es desidia y desapego, como en tantas otras áreas.

La improvisación y la falta de idoneidad genera situaciones increíbles por la ausencia de seriedad; sucede que un día nos levantamos con la desaparición de todo conocimiento sobre literatura uruguaya para ofrecer a quienes enseñarán Literatura a los futuros docentes, y al día siguiente surge como al descuido un semestre con un desarrollo minúsculo del tema, como para llenar el ojo.

Las distintas salas autoconvocadas se han expresado. Allí se encuentra expuesto, para quien quiera saber más de las razones del profundo rechazo que merece esta reforma, con pelos y señales, un exhaustivo informe que da cuenta de lo desatinado de insistir con su aplicación.

Las autoridades arremeten: de manera desprolija, de forma apurada, sin evaluar y desconociendo los procesos previos, subordinadas a las imposiciones del MEC y sobre todo, sin escuchar. Más allá de cambios en planes y programas los verdaderos procesos de cambio suceden cada día en las aulas, en la interacción fermental entre estudiantes y docentes. El camino elegido va en contra de esa realidad.