Contenido creado por Gonzalo Charquero
Felipe Schipani

Escribe Felipe Schipani

Opinión | Un poco más de huevos

De nada sirve un documento bien escrito si falta coraje político, decisión operativa y firmeza.

30.03.2026 11:35

Lectura: 4'

2026-03-30T11:35:00-03:00
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Las hinchadas de los cuadros de fútbol tienen como canción de cabecera una que dice “hay que poner un poco más de huevos”. Y lo que la tribuna le reclama a su equipo es, exactamente, lo que hoy muchos uruguayos le reclaman al gobierno y al ministro del Interior.

Se presentó un nuevo plan de seguridad. Mucho anuncio, muchas medidas, mucha enumeración. Pero la sensación que quedó es bastante clara: la montaña parió un ratón. No hubo grandes novedades.

Pero incluso ese no es el principal problema. Porque en seguridad, más importante que el plan es la actitud con la que se lo ejecuta. De nada sirve un documento bien escrito si falta coraje político, decisión operativa y firmeza para enfrentar frontalmente al crimen organizado con toda la fuerza del Estado.

Y eso es lo que hoy falta.

El delito cambió. Hoy el crimen organizado tiene más recursos, más armas, más logística y más capacidad operativa. Ya no estamos ante el delincuente improvisado de antes. Estamos ante estructuras criminales más violentas, más tecnificadas y más audaces. Y a un enemigo así no se lo enfrenta con tibieza.

Los hechos recientes lo demuestran. El ministro Carlos Negro cuando embistió a una moto con la libreta vencida andaba un día de semana, de tarde, solo, sin custodia visible, en una zona con fuerte presencia narco como el Cerrito de la Victoria. El dato político no es ese episodio en sí mismo. El dato político es lo que revela: el narco no percibe al ministro como un enemigo frontal, entre otras cosas, porque al asumir dijo que la batalla contra el narcotráfico estaba perdida. Y el ministro tampoco siente temor de andar solo en una zona narco.

A la inversa, estuvimos a centímetros de una tragedia institucional con el atentado a la fiscal de Corte, Mónica Ferrero. El crimen organizado estuvo prácticamente a nada de asesinar a la fiscal de Corte en el patio de su casa. Ese hecho debería haber marcado un antes y un después. Porque demuestra que ya no estamos ante un problema policial más, sino ante un desafío directo al sistema de justicia y a la autoridad del Estado.

Y mientras tanto, vemos delincuentes que balean blindados de la Guardia Republicana en los barrios, que atropellan a policías, que desafían al Estado cada vez con menos disimulo. La conclusión es evidente: el crimen organizado siente que puede avanzar.

La Policía tiene que hacerse respetar. El Estado tiene que hacerse respetar. En un país chico como Uruguay, se sabe perfectamente quiénes son muchos de los narcos, dónde están y cómo operan. Hay que ir a buscarlos. Hay que desarticularlos. Hay que hacerles sentir el peso completo del Estado.

Por eso también sostenemos que todas las herramientas del Estado deben ponerse al servicio de la seguridad. Es bueno ampliar facultades de las Fuerzas Armadas en la frontera, pero no alcanza. También hay que discutir su apoyo en las zonas complejas, donde el narco se ha hecho fuerte y donde el Estado no puede seguir retrocediendo.

Porque la seguridad también es percepción. La del ciudadano honesto, que se siente desprotegido. Y la del delincuente, que evalúa al gobierno y actúa según la fortaleza o debilidad que percibe. Si ve vacilación, avanza.

A este gobierno le está faltando eso: decisión, firmeza y coraje para enfrentar el delito.

En definitiva, lo que hoy muchos uruguayos le están diciendo al gobierno es lo mismo que la tribuna le grita a su cuadro cuando el partido se complica: hay que poner un poco más de huevos.