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Escribe Esteban Valenti

Opinión | Salgamos abrazados a los libros

Necesitamos que los libros formen parte fundamental de la “nueva normalidad”, porque serán la garantía de que la cultura y las artes serán parte fundamental del nuevo impulso nacional.

24.06.2020 15:37

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2020-06-24T15:37:00
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La caída en la producción editorial y en la venta de libros con motivo de la pandemia, ha sido estrepitosa, alcanzando en algunos países el 80 por ciento de las cifras anteriores al Covid-19. Se han registrado los peores índices de caída de la historia. No es un dato comercial, es un dato civilizatorio alarmante.

No escribo este artículo como autor, sino como lector y sobre todo como alguien que pretende salir a pura civilización de esta crisis y no retrocediendo y pagando el alto precio de la incultura o de una sub cultura empobrecida y supuestamente tecnológica.

En Argentina por ejemplo en marzo y abril se registraron caídas en la producción, en las ventas y también en el registro de novedades y reediciones. Con las imprentas cerradas o solo autorizadas para imprimir prospectos de la industria farmacéutica y otros bienes esenciales, con librerías y otros puntos de venta reducidos al comercio digital y la 46ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires suspendida hasta nuevo aviso, las editoriales debieron postergar el lanzamiento de nuevos títulos.

En marzo, la Agencia Argentina de ISBN (administrada por la Cámara Argentina del Libro, CAL, desde 1982) informó una caída del 15% en el registro de libros respecto de marzo de 2019, y del 50% en abril, también en comparación con el mismo mes del año pasado. Con estas cifras, se acelera la crisis en el sector editorial.

En el informe "Impacto de las medidas de distanciamiento social obligatorias en la producción editorial", las cifras sobre producción son alarmantes. Mientras que en abril de 2019 se habían producido más de cinco millones de ejemplares, en abril de este año se produjeron apenas quinientos mil.

Si bien algunas editoriales lanzaron novedades en físico, por ahora esos ejemplares no llegaron a las librerías, porque la distribución tampoco ha sido autorizada por el Gobierno nacional. Como la mayoría de la ciudadanía, los libros siguen en cuarentena. (La Nación)

"La venta de libros cae un 80% durante el estado de alarma por el coronavirus. Hasta la segunda semana de marzo, se vendían de media en España unos 850.000 libros por semana; en las siguientes, la cifra bajó a los 165.000, según un informe de Nielsen. (ABC)

En el Uruguay, uno de los países de América Latina con mayor producción y venta de libros por habitante, la situación es muy similar. Los que se salvaron fueron los libros de cocina...y los libros de cuentos infantiles.

Nada del pasado se puede remediar, la pregunta clave es ¿Cómo saldremos de esta crisis en relación a la producción y venta de libros en nuestro país? Ese será uno de los principales indicadores culturales y de las tendencias de nuestra sociedad.

Hace poco escribimos un artículo "Se necesita un nuevo Renacimiento". Y nadie puede concebir el Renacimiento sin Guttemberg y las imprenta de tipos móviles. Ese maravilloso movimiento de respuesta a la decadencia de la Edad Media, no fue solo en Florencia sino también en Maguncia y en los puertos desde lo que salieron los grandes navegantes de España, Portugal y China.

Necesitamos que los libros, su producción, su impresión, su lectura formen parte fundamental de la "nueva normalidad" incluso más que antes, porque serán la garantía de que la cultura y las artes serán parte fundamental del nuevo impulso nacional. Por eso también debemos reiniciar con urgencia, el teatro, los espectáculos musicales, los cines, la vuelta a los museos y a toda la vida cultural. No solo por plata - que también importa - porque todos tienen derecho a vivir, sino por la calidad de vida de todos los uruguayos, por nuestra identidad.

No podemos salir de casi cuatro meses de una cuarentena consciente, con las series y las películas en televisión ocupando la mayor parte de nuestra sensibilidad e identidad. En particular en Uruguay, eso sería un retroceso histórico. Nuestra presencia nacional en esas manifestaciones es casi nula mientras en los libros nacionales y universales, nos va la vida. Y en el teatro, la pintura y el carnaval.

Tenemos que adueñarnos nuevamente de las bibliotecas, de las librerías, tantas y tan buenas que tenemos en todo el país, de las editoriales y de los autores nacionales, universales y clásicos. En los encierros por la peste, compartimos nuestras vidas mucho más con nuestras bibliotecas, con los lomos y a veces con las páginas de nuestros queridos y fieles compañeros de vida, nuestros libros. ¿Qué seríamos sin ellos?

Coloqué en las redes sociales una frase: Dime que libros relees y de diré quién eres. Además de los comentarios tradicionales, me llegaron centenares de respuestas concretas, gente que declaraba cuales eran los libros que había releído y por lo tanto había influido particularmente en su identidad, en su sensibilidad, en su vida.

La literatura es una materia que tuvo y tiene un papel fundamental en nuestra educación, yo recuerdo como esperaba con placer e intriga las clases en secundaria, para conocer a los clásicos y porque me abrieron la puerta hacia el enorme, infinito horizonte de los libros.

¿Qué sería de todos nosotros sin Cervantes, Dante, José Hernández, Lope de Vega, La Biblia, Garcia Márquez, Cortazar, Onetti, Benedetti, Acevedo Díaz, Juana de Ibarbourou, Neruda, Idea Vilariño, William Faulkner, Mark Twain, John Steinbeck, Edgar Allan Poe, Fiódor Dostoyevski, Leon Tolstoi, Anton Chejov, Ivan Turgueniev, Leonid Andreiev, Iliya Ehremburg, Máximo Gorki, William Shakespeare, James Joyce, Antoine de Saint-Exupéry, Julio Verne, Camus, Guy de Maupassant, Italo Calvino, Andrea Camilieri, Umberto Eco, Antonio Gramsci, Nicoló Machiavelli, Federico García Lorca, Francisco de Quevedo, Lope de Vega? Y me olvido de casi todos.

Y me olvido nada menos de los Diálogos de Platón, El Corán, Las mil y una noche, La Torá, Kant, Marx, Hegel, Darwin, Freud, Simone de Beauvoir y me sigo olvidando de casi todos. Es la edad.

Algunos tienen que ver con conocer el mundo, otros tuvieron que ver con conocer nuestras almas, nuestras pasiones. ¿Volveremos de la pandemia, y entre las principales y más ilustres víctimas del virus estarán los libros que pasarán a ocupar un lugar secundario en nuestras vidas?

Mucho depende del apoyo que las autoridades brinden a la crisis del sector de las librerías y los editores que entre empleos directos e indirectos representan 2900 puestos de trabajo, pero lo fundamental está en nuestras manos, en volver a comprar libros como una de nuestras mejores costumbres.

Hemos sido capaces de crear el "caso Uruguay" en el tratamiento exitoso de la pandemia, deberíamos hacer un esfuerzo colectivo para extender ese ejemplo en la salida, en recuperar los mejores valores, incluyendo en primer lugar nuestra vida cultural y nuestro apego a la compra y la lectura de libros.

La continuidad de la crisis en el sector de los libros sería una de las peores derrotas de esta terrible peste que golpeó nuestro tiempo y que impactará en nuestro futuro. Necesitamos exactamente lo contrario, salir hacia otra normalidad, si eso será así, con más apego a la sabiduría, a la sensibilidad, a desterrar la barbarie del mercantilismo absoluto y dominante y crezcamos como seres humanos necesitados de avanzar en lo más importante, lo único que solo nosotros podemos producir, ni las nuevas tecnologías, ni los robots, ni la inteligencia artificial, ni nada que no sea el alma de los seres humanos, nuestras culturas y dentro de ellas un arte que nos interpela lo más profundo de nuestra sensibilidad y nuestra imaginación: los libros.

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Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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