Eduardo Bonomi
Escribe Eduardo Bonomi

Opinión | Puerto de Montevideo: presente y futuro

Un buen ejemplo de capacidad previsora es lo que pasó en Uruguay a comienzos del siglo XX, cuando existía la histórica guerra de puertos.

05.07.2021 14:38

Lectura: 7'

2021-07-05T14:38:00
Compartir en

Cuentan que una vez le preguntaron a un gran campeón de ajedrez ¿cuántas jugadas hacia adelante piensa para ganar una partida? La pregunta fue hecha partiendo de la base de que cuantas más jugadas hacia adelante pensara el campeón más posibilidades de ganar tenía.

-Una sola: la mejor... -respondió el campeón.

Suele contarse esto como ejemplo de que no hay que pensar tanto hacia adelante para ganar, sino que hay que pensar claramente la próxima jugada: qué hacer aquí y ahora. Sin embargo, como decía el Corto Buscaglia, eso es solamente una paradoja: un pensamiento que encierra en sí mismo una contradicción. Porque esa sola jugada a la que se refería el campeón tenía que contener, en sí, muchas jugadas que vendrían después: si no, no era la mejor.

Si el campeón pensaba muchas jugadas hacia adelante, pero le erraba en la primera, tampoco iba a llegar a buen puerto...

Es que, en cada presente, hay varios futuros posibles. Depende de lo que se haga hoy a donde se puede llegar mañana, pero no se puede resolver solo teniendo en cuenta las posibilidades de hoy, sino que hay que partir de la base que la evolución posible de los acontecimientos va a ir modificando las circunstancias por venir.

Esto viene a cuento de lo que está pasando con el Puerto de Montevideo. No se puede pensar el Puerto a partir de las cargas que el país puede efectivizar hoy, sino de lo que se prevé que van a ser las posibilidades en el corto y mediano plazo y cuáles serán las circunstancias de la producción y la demanda mundial de alimentos. Tampoco se puede pensar cuáles son las posibilidades de inversión del gobierno en el momento actual, sino que hay que tener en cuenta las posibilidades de endeudarse, sus ventajas y sus desventajas, para no quedar rezagado ante las demandas crecientes.

Se puede pensar: ¿Para qué queremos el ferrocarril si no tiene cargas que lo justifique? ¿Para qué queremos un puerto con mayor capacidad si no hay cargas que lo hagan funcionar a pleno? Cuando tengamos cargas ya lo podremos pensar...

Eso ya no es una paradoja: es una estupidez. Si cuando tengamos más cargas no estamos preparados para trasladarlas, lo que hagamos después llegará tarde y el tren o los barcos no van a aprovechar la oportunidad que les brindó el desarrollo que de forma segura tendrá el curso de los acontecimientos.

Lo que hay que tener es capacidad de previsión que permita adelantarse a lo que va a pasar. No solo en nuestro país, sino en toda la región, pues es imprescindible para organizar el futuro, en lugar de limitarse a administrar solo el presente. Hoy se sabe, sin lugar a dudas, que va a haber un aumento muy grande de las cargas que va que haber que trasladar a otras partes del mundo. Particularmente a Asia. Y hay que estar preparado para hacerlo.

Un buen ejemplo de la capacidad de prever, es lo que pasó en nuestro país, a comienzos del siglo XX, cuando la histórica guerra de puertos condicionó que el Puerto de Montevideo operara con el mismo calado que Puerto Madero, en Buenos Aires. Previendo el crecimiento del tamaño de las embarcaciones, las autoridades uruguayas de la época decidieron fundar los muelles a mayor profundidad. Pocas décadas después, cuando las marinas mercantes demandaron mayor calado (hasta llegar a los diez metros), el Puerto de Montevideo logró esa capacidad solamente dragando el Puerto y su canal de acceso, mientras que Buenos Aires debió abandonar Puerto Madero y construir un nuevo puerto.

Este ejemplo muestra cómo los complejos y necesarios acuerdos regionales, exigen disponer de estrategias nacionales de mediano y largo plazo que permitan optimizar nuestras inversiones en infraestructura, teniendo presente las características físicas de nuestro territorio e insertarnos adecuadamente en la plataforma regional.

Lo que está haciendo nuestro gobierno es, en cambio, un ejemplo de lo que no hay que hacer. La jugada que decidió para seguir la partida no solo no es la mejor, sino que se puede afirmar que es la peor. El futuro que tiene implícito es la renuncia a la soberanía y a la capacidad de manejo sobre el Puerto, y lleva a la inserción en la estrategia mundial de una empresa extranjera que va a ejercer ilegalmente el monopolio del manejo de los contenedores, va a decidir sobre el reglamento de atraque y va a recibir prebendas de otro orden, como la posibilidad de instalar molinos eólicos, sin pagar impuestos, en los predios de Punta de Sayago.

El gobierno argumenta esta entrega por la necesidad de eludir un juicio con el que amenaza Katoen Natie y trata de justificarlo con la comparación con el acuerdo que hizo el gobierno del FA con UPM.  Una comparación absolutamente alejada de la realidad: basta observar el comienzo, nada más, de ambos acuerdos para notar las diferencias.

El acuerdo con UPM se basa en: "La estrategia nacional de desarrollo de la República Oriental del Uruguay que promueve un desarrollo económico y productivo e innovador, con sustentabilidad, equidad social y equilibrio ambiental y territorial. En este marco se procurará la atracción de inversiones que contribuya sustantivamente a la creación de empleo de calidad, la incorporación de tecnología de punta y el fortalecimiento de las capacidades domésticas para la expansión de actividades con mayores niveles de valor agregado y conocimiento nacionales, en un contexto de descentralización de las actividades productivas".

Ahora veamos el texto de inicio del Acuerdo con Katoen Natie, donde se establecen las razones de haberlo hecho:

Se tiene en cuenta que "... la compañía KNG notificara la sustancia de un diferendo con el Estado por una cuantía estimada en mil quinientos millones de dólares con base en el Tratado y se diera inicio al proceso de consultas amistosas previstas en el artículo 1"

Luego dice que se llevaron a cabo numerosas reuniones y que se llegó a diversos acuerdos para poner fin al diferendo.

"Que los acuerdos a los que se han arribado consagran: a- el restablecimiento de las operaciones portuarias en cumplimiento de las normas vigentes y de aquellas que rigen la actividad concedida a la Terminal Cuenca del Plata S.A. b- la extensión de plazo de la concesión (cincuenta años) en consideración de una muy significativa inversión en la Terminal de Contenedores del Puerto de Montevideo. c- la actualización de ciertos aspectos de la normativa vigente, incluyendo una rebaja de tarifas por parte de TCP. d- la renuncia por parte de la compañía KNG al reclamo internacional anunciado en la notificación de 15 de octubre de 2019, y e- la finalización de los litigios entre las partes y con la Administración Nacional de Puertos".

Las consideraciones sobre el "desarrollo nacional" brillan por su ausencia.

Que no lo haya tenido en cuenta la empresa extranjera, que solo piensa en sus ganancias, pase, pero que no lo tenga en cuenta el gobierno nacional es imperdonable.  Jugó mal desde el punto de vista jurídico, de la soberanía nacional, del manejo del Puerto y del futuro de país. Y no lo puede disimular

El problema, ahora, es conjuntar esfuerzos para hacer otra jugada. Una que contenga un futuro distinto, que evite la ilegalidad, la inconstitucionalidad y sobre todo la entrega de soberanía y capacidad de decisión sobre el funcionamiento del Puerto de Montevideo.

 

ESCRIBE

Eduardo Bonomi

Preso político entre 1972 y 1985. Trabajador en planta pesquera entre 1985 y 1999. Co-fundador del Congreso Uruguayo de Trabajadores de la Industria de la Pesca. Diputado y ministro de Trabajo y Seguridad Social entre 2005 y 2010. Ministro de Interior entre 2010 y 2020. Senador del Frente Amplio para el período 2020 y 2025.

Ver todas las columnas