Opinión | Posiciones que dañan más a Uruguay que a Israel
Presentar una apología de Hamás no es una forma legítima de presentar ninguna versión válida de nada.
Ana Jerozolimski
Uruguaya, radicada en Jerusalem desde 1979. Redactora Responsable de "Semanario Hebreo".
Antes de referirme al Frente Amplio, la Universidad de la República (Udelar) y ciertos fenómenos que se están dando en Uruguay respecto a Israel, quisiera compartir algo personal.
Aún recuerdo cuando vi por televisión el 13 de setiembre de 1993 la ceremonia en la Casa Blanca en la que Itzjak Rabin y Yasser Arafat se dieron la mano por primera vez. Tengo muy presente el sentimiento de repulsión que inspiraba ese terrorista mentiroso, pero también la esperanza de que de allí surgiera algo mejor, el comienzo de una era de paz. Y casi diría la emoción cuando cubrí la entrada de la policía palestina a Gaza y Jericó y algunos oficiales me hablaban de la “nueva era”. Tenía claro que eran terroristas, pero partiendo de la convicción que la paz se hace con enemigos, cuando los veía enarbolar la bandera palestina, si bien tenía mis dudas, yo sentía también esperanza. Era el deseo que ambas partes puedan convivir con dignidad. Que ellos quisieran para sus hijos lo que yo siempre quise para los míos…y también para los de ellos, si respetaban el derecho de Israel a vivir en paz y seguridad. No demoró mucho el sueño en estrellarse y hacerse añicos.
Y aquella bandera palestina pasó a ser repetidamente símbolo de terrorismo, de odio a Israel y de una alevosa mentira, de discursos en inglés sobre convivencia en paz, que en árabe eran muy distintos, que se oponían a la existencia de Israel y educaban —siguen educando— a los niños y jóvenes palestinos en el odio, presentándoles a terroristas asesinos de civiles como modelos a emular.
Y nada como el 7 de octubre para fijar en el terreno esa percepción. Cuando miles de terroristas, y no pocos civiles gazatíes, invadieron Israel aquel oscuro sábado, asesinaron, torturaron, violaron hasta a cuerpos ya muertos —lo reconoció la propia ONU tras una larga demora— y secuestraron hasta a bebés que luego estrangularon, los enemigos de Israel ondearon la bandera palestina por doquier para festejarlo.
Esa bandera ensució días atrás las calles de Montevideo con una oprobiosa “Marcha por Palestina” que tuvo el tupé de salir a gritar un día después del tercer aniversario de la masacre. Y los uruguayos que allí marcharon, llenando sus bocas de agendas de odio importadas, avergonzaron a Uruguay.
También lo hace repetidamente la Udelar, cuya más reciente brillantez fue la idea de proyectar una película sobre Hamás, hecha inclusive con participación directa de terroristas. Digamos que una casa de estudios terciarios tiene que presentar a sus estudiantes las distintas versiones, si es que se aboca a investigar un conflicto. Claro que suena ridículo decirlo, ya que no hablan de nada, sólo de su obsesión anti israelí y el tema palestino. Pero digamos…y si de eso tratara ¿dónde está la otra parte? De todos modos, presentar una apología de Hamás no es una forma legítima de presentar ninguna versión válida de nada. Interesante… parece confirmar que el relato de Hamás es lo que representa hoy a los palestinos y los que dicen defenderlos.
Lamentablemente, en esa marcha se hizo presente nada menos que el presidente del Frente Amplio, quien hace unos días dijo inclusive, con tono seguro y tajante, que al FA le consta que en Gaza hubo un genocidio.¡La palabra mágica! ¡Genocidio! Los artífices de la demonización concibieron una idea maquiavélica, acusar a Israel del peor crimen en la historia de la humanidad, que el propio pueblo judío sufrió a manos de los nazis.
Son múltiples las pruebas de que todo es un invento bien orquestado de antemano, y el hecho es que ya el 8 de octubre del 2023, un día después de la masacre de Hamás, cuando Israel ni había entrado siquiera a Gaza, ya había manifestaciones en decenas de puntos de Occidente, con los mismos carteles y la misma bandera, acusando a Israel de “genocidio”. Y evidentemente, sin mencionar siquiera las atrocidades cometidas por los terroristas contra civiles israelíes.
Lamentablemente, Uruguay no ha quedado al margen de todo esto y no tenemos ninguna duda de que hay gente que está recibiendo dinero por ello. Evidentemente no diremos nombres, ya que no estamos en posición de presentar pruebas, pero ellos seguramente saben bien que no están luchando por ningún ideal noble ni por el pueblo palestino, sino por la causa del odio a Israel, bien pagada por la Hermandad Musulmana a través de sus distintos tentáculos dispersos por el mundo.
Y aunque enfurece y molesta que Israel tenga que lidiar con tanta mentira, estamos convencidos de que esta situación daña ante todo a Uruguay. Que el presidente del partido de gobierno asegure con tono de absoluta certeza que “el Frente Amplio sabe que hubo genocidio en Gaza”, claro que da rabia, por lo mentirosa de la afirmación, pero más que nada, inspira vergüenza ajena. Representar a un partido electo democráticamente por la ciudadanía para regir los destinos del país requiere dignidad e integridad. Y faltar a la verdad no va de la mano de esos valores.
Ni los números publicados por el propio Hamás, ni las opiniones de expertos militares de alto nivel de varios países del mundo libre (ni judíos ni israelíes), ni las prácticas de Israel en el terreno, pueden confirmar ni de lejos la acusación de genocidio. Israel podría haber cometido genocidio si hubiera querido, porque tiene las armas para causar estragos, pero las usa para defenderse, no para eliminar a la población gazatí, algo que nunca tuvo la intención de hacer. Y la definición central de genocidio habla precisamente de la intención de eliminar parcial o totalmente a un grupo humano. Si Israel hubiera tenido esa intención, no estaría introduciendo 600 camiones de ayuda humanitaria por día, no habría creado zonas humanitarias a las que desplazó a la población civil para alejarla de los combates. Y no es que yo alegue que Israel no comete errores o que no hayan muerto inocentes en Gaza. Claro que sí, y cada uno es un mundo entero. Habría sido oportuno que todos los verdaderamente preocupados por esos palestinos, marchen contra Hamas, exigiéndole que deponga las armas y deje en paz a la población de Gaza en lugar de usarla para el terrorismo.
Los que marcharon “por Palestina” y no dijeron una palabra de condena a las atrocidades tipo nazi de los terroristas, son una vergüenza para Uruguay. La Udelar se ha convertido en otra. La situación la salvaron los parlamentarios de oposición que hablaron en la media hora previa días atrás, honrando la memoria de las víctimas del terrorismo y condenando a Hamás. Ese es mi Uruguay, no la mentira y la demonización de un país amigo como Israel.
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