Hace unos días fui a visitar a un amigo recién designado en el Gobierno. El protocolo indica, dejar la cédula, anunciarte, que venga un portero, te deje en una salita, y en minutos la bienvenida del jerarca. 
Después del cafecito tradicional comenzamos la conversa. Frente a los ojos atentos del Presidente de la República enmarcado con dedicatoria y los hilos dorados del sol de la bandera nacional, la charla fue la previsible.

Quejas sobre lo que encontró, preocupación por el presupuesto y sus planes hacia el futuro.
Hay que entender que hoy en el Gobierno, la mayoría de sus integrantes no pertenecen a la tecnocracia de lujo, hay una amplia mayoría con trayectoria política, pero muy pocos son los que dominan al dedillo el TOCAF como las atribuciones del Tribunal de Cuentas en la observación de los gastos.

No pasaron más de 20 minutos, para que la conversación comenzara a conjugarse en primera persona. Voy a hacer esto o voy a darles a estos otros. Fue en el minuto veintiuno que le dije, mira, no llegamos al gobierno después de treinta años para tener autoridades macanudas. Al ponerte la camiseta, vas a olvidarte que el sostén de todo esto está en aquellas dos personas, señalando justo un hombre de mameluco azul que estaba tomándose un taxi. Ves, en este momento se está generando un ingreso para que tu oficina funcione, y esa pareja de ciudadanos está dejando parte de sus ingresos para pagarte el sueldo.

El primer segundo semestre de cada gobierno tiene una discusión excluyente: La Ley Presupuestal. Para algunos es la piedra angular del funcionamiento del Estado, a mi entender es parte de un conjunto de acciones que pincela la acción de un gobierno. Es donde la teoría indica que se sella el pacto social entre los administradores y los accionistas de un país. Donde se aprueban con antelación los destinos de los millones de dólares que cada año los uruguayos aportamos para el bienestar general.

Es lo que pagamos por la mayonesa, por el litro de nafta, por el IRPF, por el impuesto al 5 de Oro y por el IMEBA al embarcar un camión de novillos. Es la paga cotidiana que hacen tres millones de uruguayos para que unos pocos más de tres mil lo gasten, gerencien o administren.

Durante los últimos 15 años, todos estos ingresos aumentaron. Vos como ciudadano pagaste más cada año, y los administradores de turno gastaron aún más. Es decir, no contentos con el aumento de la recaudación, los que debían de cuidar ese peso de menos que pagabas cada vez que pasabas por el almacén, hicieron todo lo contrario. Gastaron ese peso y algo más hasta llegar al déficit del 5.1 por ciento de todo lo que se produce en el Uruguay.

Eran macanudos, generosos, dueños de la verdad e ignorantes absolutos de la teoría de los ciclos económicos, Bonanza era su serie favorita de TV.

Nos daban clase en la tele, nos hablaban de espacio fiscal, usaban palabras raras para congraciarse a sí mismos.

Gastaron miles de millones de dólares, en cosas sin sentido, un horno de Portland que no sirve, construyeron la hermosura de enterrar pilotes en el Río de la Plata, se compraron un jacuzzi con el dinero de los que plantan boniatos, fundieron el monopolio que vende combustibles, iban a Bella Unión en aviones públicos, daban créditos sin reembolso prendiéndole velas al socialismo, pensaban que era lógico tener un jet para el Presidente.

Generaron una casta de contratados estatales. Personas a las que mientras tenías que refinanciar la tarjeta, les pagabas un suculento sueldo de adscripción ministerial. Convencieron a los sindicatos públicos  de la legitimidad de pagar útiles escolares cuando las escuelas cerraron por el Covid. Construyeron un relato de la felicidad estatista, que te lleva la murga a la plaza con pista de skate, mientras vos esquivas los rastrillos de tu barrio con tus championes Nike. Son los que patinaron 100 liceos públicos en un gimnasio donde tenes que pagar 3 mil pesos la entrada.

Son los mismos que verás con cara de terneros degollados preocupados por el "Recorte", los solicitantes de cuarentena obligatoria que ahora marchan sin tapa bocas, los mismos que ganan suculentos sueldos en empresas del Estado y hacen paro para reclamar más salario para ellos y renta de emergencia para vos que quedaste sin actividad. 

Es la adolescencia en la política, donde todo se reclama, sin decir de donde y mucho menos se asume un error.
Por eso en este fin de año, reclámales también a ellos. No les pidas plata porque para ellos la solidaridad es con la ajena, exigí te que pidan perdón, pregúntales por la deuda externa, y por sobre todas las cosas si te respetaron a vos como persona contribuyente. A vos como pagador de IRPF, IVA y decenas de tarifas y tasas que te ahogan a fin de mes.

Ahí capaz que podamos tener una sociedad con un poco más de sentido común, donde los nabos de siempre que todas las mañanas hacen de tripa corazón para poder sobrevivir no nos sigamos comiendo la pastilla. 


Lic. Sebastian Da Silva.
DA SILVA AGROINMUEBLES
DON AUGUSTO AGRO