Andrés Ojeda parece haber descubierto una nueva vocación: jugar a ser presidente desde la oposición. El anuncio de un “gabinete paralelo” no es una muestra de responsabilidad institucional; es una demostración de ansiedad política y de una enorme desconexión con el mensaje que los uruguayos dieron en las urnas.
Los ciudadanos ya evaluaron a la coalición y la mandaron a la oposición. Dentro de esa coalición estuvo el Partido Colorado, que no fue un espectador: fue socio del gobierno, votó sus principales decisiones, ocupó ministerios, entes y organismos del Estado, y defendió cada una de las políticas que hoy parecen querer olvidar.
Ahora Ojeda pretende presentarse como el gran fiscal del gobierno del Frente Amplio. Pero antes debería explicar qué autocrítica hizo sobre los cinco años de una administración de la que fue parte política. Porque es muy fácil señalar desde la tribuna cuando se elige borrar la propia responsabilidad.
El llamado “gabinete paralelo” tiene además un problema de origen: está integrado por varias de las mismas figuras que condujeron áreas claves del gobierno anterior. Es decir, quienes hoy pretenden controlar son los mismos que ayer tomaban las decisiones. No es renovación; es reciclaje político.
Lo más llamativo es la construcción del personaje. Ojeda parece creer que con anuncios rimbombantes, conferencias de prensa y marketing permanente puede reemplazar la credibilidad que se construye con gestión. La política no se hace desde un estudio de publicidad ni con golpes de efecto semanales. Se hace gobernando, haciéndose cargo de las decisiones y aceptando las consecuencias de ellas.
El Partido Colorado tampoco puede pretender reescribir su historia. Cuando encabezó por última vez un gobierno nacional, el país atravesó una de las peores crisis económicas y sociales de su historia reciente. Esa memoria sigue viva en miles de uruguayos y no desaparece porque hoy se cambie el relato.
La democracia necesita una oposición firme. Lo que no necesita es una oposición que actúe como si el resultado electoral no hubiera existido. Los uruguayos eligieron un gobierno, no dos. Eligieron autoridades para gobernar y una oposición para controlar, no para montar una administración ficticia con fines de posicionamiento político.
Andrés Ojeda debería dedicar menos tiempo a construir escenografías de poder y más a explicar por qué los uruguayos decidieron sacar a su coalición del gobierno. Porque antes de querer controlar al Frente Amplio, el Partido Colorado todavía tiene muchas cuentas pendientes con su propio pasado.