Por Elisa Facio, presidenta de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa.

Imagine que su competidor más pequeño empieza a atender clientes a medianoche, analiza sus ventas en segundos, responde correos sin demora y detecta errores contables antes de que usted los note. No contrató más personal. No invirtió en tecnología costosa. Simplemente adoptó la inteligencia artificial con criterio. Eso ya está pasando. La pregunta no es si la IA llegará a su empresa; ya llegó al mercado en que compite.

Como país tenemos la oportunidad de convertir la inteligencia artificial en una palanca real de competitividad, productividad y desarrollo humano. Y, por otro lado, enfrentamos el hecho de que muchas empresas —especialmente las pequeñas y medianas— lleguen tarde a una transformación que ya está reescribiendo las reglas del juego en producción, ventas, administración, comunicación y toma de decisiones.

La IA dejó de ser un asunto de especialistas. Hoy interpela directamente a quien dirige. Afecta la estrategia, los costos, la relación con los clientes, la gestión del talento, la innovación y la supervivencia misma del negocio. En Uruguay, las mipymes representan el 99,58% del total de empresas y generaron el 67,72% del empleo formal en el sector privado de industria, comercio y servicios. Hablar de IA en este país es hablar del futuro del trabajo, de la productividad nacional y de la cohesión social.

Las grandes empresas tienen margen para experimentar, contratar expertos, comprar tecnología y absorber errores. Las pymes deciden con menos tiempo, menos capital y menos tolerancia al error y poco apoyo para implementar. Por eso la IA puede ser tanto una gran igualadora como una nueva brecha que se ensancha sin pausa. Bien implementada, automatiza tareas repetitivas, mejora la atención al cliente, ordena información, analiza ventas, identifica oportunidades y profesionaliza decisiones. Mal entendida, se convierte en moda, gasto improductivo o fuente de ansiedad para los equipos.

La pregunta central para los empresarios uruguayos no es si deberían usar IA, sino cómo integrarla para que genere valor real. Porque adoptar herramientas no es lo mismo que rediseñar la manera de trabajar. Las organizaciones de mejor desempeño con IA gestionan con prácticas que abarcan estrategia, talento, modelo operativo, tecnología, datos, y adopción y escalamiento (McKinsey & Company, 2025). Es decir, la IA pertenece a la mesa de dirección, no al rincón experimental de la empresa, no exclusivamente al área de tecnología.

Por otra parte, la brecha de habilidades es una barrera para la transformación empresarial. De manera que los empleadores deberían priorizar la capacitación de su fuerza laboral tanto para la transformación de la empresa como para su propia empleabilidad futura.

Desde una perspectiva humanista, teniendo como centros a la persona humana y el bien común, la pregunta adecuada es cómo usar la IA para construir mejores empresas y no simplemente empresas más automáticas. Mejores empresas significan más capacidad de competir, sí; pero también más capacidad de formar personas, cuidar empleos posibles y abrir más oportunidades, de generar mejores bienes y servicios, tomar decisiones más justas y sostener comunidades productivas. Por supuesto que la eficiencia importa, porque una empresa inviable termina dañando a todos: trabajadores, clientes, proveedores, familias y sociedad.

Para las empresas uruguayas, y especialmente para las pymes, el desafío es construir datos de calidad y definir procesos claros, porque sin esa base la inteligencia artificial queda reducida a usos superficiales, como la redacción de correos. El camino pasa por aprender con profundidad, experimentar con criterio, capacitar a los equipos, medir resultados y adoptar la tecnología de manera ética y responsable. La IA puede contribuir a vender mejor, gestionar mejor, producir mejor y tomar mejores decisiones. Sin embargo, su mayor valor estará en liberar tiempo y potenciar las capacidades humanas destinadas a tareas de mayor impacto: pensar, crear, acompañar, servir y liderar.

Por eso, el encuentro de ACDE con Víctor Valle, ex CEO de Google Argentina y actual CEO de Pieper AI, llega en un momento especialmente oportuno. Bajo el título “Humanidad aumentada: Liderazgo y Estrategia en la Era de la IA”, la conversación propone exactamente lo que Uruguay necesita: comprender la IA desde la dirección, desde la estrategia y desde una concepción humana del liderazgo. No desde el laboratorio ni desde la jerga tecnológica, sino desde la cabecera de la mesa donde se toman las decisiones que importan.

Por eso, el encuentro de ACDE con Víctor Valle, ex CEO de Google Argentina y actual CEO de Pieper AI, llega en un momento especialmente oportuno. Bajo el título “Humanidad aumentada: Liderazgo y Estrategia en la Era de la IA”, la conversación propone exactamente lo que Uruguay necesita: comprender la IA desde la dirección, desde la estrategia y desde una concepción humana del liderazgo. No desde el laboratorio ni desde la jerga tecnológica, sino desde la cabecera de la mesa donde se toman las decisiones que importan.