Contenido creado por Gonzalo Charquero
Ana Jerozolimski

Escribe Ana Jerozolismki

Opinión | La guerra la empezó el régimen iraní al llamar a exterminar a Israel

Es clave exponer las mentiras de Irán y quienes lo defienden.

17.03.2026 16:36

Lectura: 6'

2026-03-17T16:36:00-03:00
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La verdad es que el tema principal de esta nota no es lo que está en el título, ya que lo hemos aclarado en nuestra columna anterior y es, diríamos, el punto más elemental de todo lo que está ocurriendo, que quien se interesa en la situación y por ende lee estas líneas, lo tendría que saber. Pero no podemos dejar de mencionarlo justamente al comienzo, para que los tantos estén bien claros.

El sábado 28 de febrero Israel atacó a Irán, pero esto no habría ocurrido de no ser por información clara sobre el ritmo acelerado en que Irán estaba fabricando misiles balísticos para lanzar hacia Israel, y sobre sus esfuerzos por reanudar todo lo que se le había destruido en junio último de su plan nuclear. Un plan nuclear, recordemos, sobre el que Irán siempre mintió al decir que era sólo con fines civiles. No se enriquece uranio a un nivel de 60% si no es para desarrollar una bomba atómica. E Israel, cuya existencia misma fue amenazada siempre por los Ayatolas de Irán —el único régimen del mundo que llama a exterminar a otro país miembro de la comunidad de naciones— no tenía por qué esperar a que Irán se haya fortalecido más aún y trate de alcanzar sus designios.

Aclarado esto, quisiera ir al punto central de esta nota.

Como periodista y comunicadora, y también como convencida defensora del derecho de Israel de vivir en paz y seguridad, estos días siento que estoy lidiando con dos mensajes contradictorios.

Por un lado, es imperioso mostrar lo que se está sufriendo en Israel, un país de 10 millones de habitantes, del tamaño de Tacuarembó, bajo el constante ataque de misiles. Toda la población es blanco, tanto la mayoría judía como la gran minoría musulmana, que es más del 20% de la población.

El cómputo no definitivo de las dos primeras semanas indica que, como resultado del lanzamiento de más de 300 misiles balísticos y 500 drones desde Irán, y de más de 1.000 misiles y numerosos drones desde Líbano por parte de Hezbolá, han muerto 15 civiles y numerosos han resultado heridos. Una cifra habla de más de 3.000 heridos, no tenemos claro si es exacto. Los destrozos son enormes, casas enteras destruidas por impactos directos o por la onda expansiva, familias que tuvieron que ser evacuadas, temor, angustia, la vida de millones alterada.

Es importante mostrarlo porque es indudable que el régimen terrorista de Irán y su brazo terrorista en Líbano, Hezbolá, disparan hacia civiles para matar.

Pero también hay que mostrar la otra cara de la moneda, la resiliencia del pueblo israelí, su apuesta por la vida, su entereza aún en medio de las dificultades, y no sólo porque es parte de la verdad. Hay que hacerlo porque es clave exponer las mentiras de Irán y quienes lo defienden, que aseguran que Tel Aviv está en llamas y que el país está prácticamente destruido. Claro que los escenarios de destrucción y las historias de los sobrevivientes de los ataques que se salvaron porque estaban en el refugio, no son nada sencillos. Pero lo que ansían los antisemitas que odian al Estado judío es que todas esas escenas señalen el fin de Israel, y eso no es lo que está ocurriendo ni lo que ocurrirá. Fíjense en las cifras de ataques y de víctimas. Es bastante desproporcionada. La razón: por lo menos el 90% de los misiles son interceptados.

Israel es sumamente fuerte militarmente, porque sus vecinos árabes le obligaron ya décadas atrás a serlo. Hoy, algunos de ellos son atacados por Irán, y el mundo árabe sunita entiende de qué habló tanto tiempo Israel al advertir contra el régimen de los Ayatolas.

La gente corre angustiada a los refugios, porque debe estar segura que llega a tiempo, pero la gente allí adentro no está llorando. Hay solidaridad, siempre hay alguien que se encarga de entretener a los niños, hoy vi a varios niños jugando a la pelota en el refugio de su edificio en Jerusalem, y ha habido en otros fiestas y bailes. No porque la amenaza sea mentira, sino porque hay que seguir adelante.

A los refugios entran todos los que los precisan, judíos y árabes. Esta misma mañana, en mi primera alarma del día tuve que entrar a un refugio y allí estaban conversando juntas una israelí judía y una compañera de trabajo musulmana, con la cabeza cubierta por el hijab. Y a nadie le parecía extraño. En los hospitales, judíos y árabes atienden juntos a pacientes de todas las comunidades. En el proyecto humanitario “Salvar el corazón de un niño”, que funciona en el hospital Wolfson de Holon, siguen atendiendo a niños llegados del exterior para atender sus dolencias cardíacas, entre ellos numerosos musulmanes. En el centro comercial Malha de Jerusalem vi hoy la mezcla de siempre, con una singularidad. Como está por terminar el mes sagrado musulmán de Ramadán, al que sucederá la fiesta Id el-Fiter en la que las familias se visitan y se dan obsequios, estaba repleto de familias árabes con sus hijos comprando de todo. Y en determinado momento, de fondo, oí el llamado por el parlante avisando a la gente que había llegado la hora de “minjá”, la oración judía de la tarde, y que quien lo desea, puede ir a la sinagoga del lugar.

En este tipo de escenas pienso cada vez que me acuerdo de una frase que me dijo años atrás el escritor argentino Marcos Aguinis: Israel es imperfecto pero ejemplar.

Y tantos en el mundo siguen deformando la realidad, demonizando a Israel. Lo peor es que su odio los pone del lado de quien defiende al régimen más reaccionario del planeta, que cuelga homosexuales y mata mujeres por no tener el cabello bien cubierto. Cuesta entender cómo esa gente se considera defensora de la libertad.

Al combatir a la teocracia iraní, Israel le está haciendo un favor al mundo. Esto no pasa por simpatías por Netanyahu ni por Trump, en absoluto. Esto es simplemente una lucha de la luz contra la oscuridad.