Contenido creado por Gonzalo Charquero
Adriana Balcarcel

Escribe Adriana Balcarcel

Opinión | La fragilidad institucional

¿Cuánto tiempo seguiremos ignorando lo que está a la vista?

17.11.2025 13:09

Lectura: 3'

2025-11-17T13:09:00-03:00
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Octubre dejó expuesta una grieta peligrosa en la estabilidad institucional del país. Mientras sectores radicalizados de la izquierda agitan el clima político, el gobierno envía señales contradictorias: busca simpatizar con quienes abrazan la causa palestina, pero evita asumir con claridad la gravedad de lo que vive Israel.

No podemos naturalizar lo ocurrido: jóvenes de un colegio judío fueron agredidos en Montevideo; continúan las pintadas contra instituciones de la colectividad; y la directora del INDA, Micaela Melgar, llegó a celebrar públicamente la desaparición del Estado de Israel. Hechos tan absurdos como inadmisibles en un país que se enorgullece de defender la inclusión y los derechos humanos.

En la conmemoración de la Noche de los Cristales Rotos, el Ing. Ruperto Long dijo lo que muchos piensan y pocos se atreven a plantear frente al gobierno: pidió reconsiderar la decisión de poner en pausa la apertura de una oficina de innovación en Jerusalén. Una iniciativa que venía de la administración anterior y cuyo retroceso envía un mensaje equivocado en un momento sensible.

Pero este no es el único síntoma. Hay un deterioro institucional que preocupa profundamente.

La Jutep ha sido desautorizada en decisiones clave, debilitando la ética pública. El avance del narcotráfico muestra un Estado que pierde terreno. Y el caso Danza —con una violación evidente del artículo 200 de la Constitución, resuelta sin más consecuencia que ofrecerle una salida elegante desde la órbita privada— confirma que nuestras instituciones están quedando a la intemperie.

El sistema educativo tampoco escapa a esta deriva. Mientras caen los resultados, crecen los discursos de adoctrinamiento y las lecturas sesgadas del pasado reciente. La familia, que debería ser un pilar incuestionable, es desplazada por decisiones que buscan moldear identidades desde edades cada vez más tempranas.

Los informes hechos a medida para favorecer a un compañero, aun violando normas claras, ya no son episodios aislados: son alarmas encendidas. Y nos interpelan.

No se trata de ver la política como un juego de ganadores y perdedores. Cuando la institucionalidad se debilita, pierde el país entero.

Quienes creemos en la ley, en la República y en el Estado de Derecho no podemos mirar hacia otro lado.

La pregunta ya no es si las instituciones están en riesgo. La pregunta es cuánto tiempo más podemos permitirnos seguir ignorando lo que está a la vista.