Escribe Juan Ignacio Abdala

Opinión | La decisión difícil

En ese presupuesto se decidió destinar menos de 13 pesos de cada 100 a las inversiones.

10.06.2026 12:44

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Los gobernantes toman decisiones todos los días. Algunas, como todo en la vida, cuestan más que otras. Pero a diferencia de las decisiones que a diario todos tomamos en nuestra órbita personal y que a ella exclusivamente afectan, las decisiones de los gobernantes y sus consecuencias repercuten en toda la sociedad por ellos administrada. La abrumadora mayoría de decisiones difíciles que toman los actores políticos son las que deben afrontar aquellos pocos que ejercen las funciones administrativas y de gobierno en el más alto nivel, sea un presidente, un ministro o bien un intendente. No obstante, no faltan casos —si bien escasos— en los que otros actores, con una pequeñísima fracción de peso institucional y político, se enfrentan a una decisión difícil en el ejercicio de su actividad.

Precisamente eso es lo que nos pasó a los ediles de Montevideo el pasado jueves.

Como es sabido, la Junta Departamental de Montevideo autorizó recientemente a la Intendencia de Montevideo a tomar prestados 260 millones de dólares para llevar adelante cinco planes (saneamiento, limpieza, calles y veredas) rotulados como “prioridades ciudadanas”. Más allá del préstamo destinado a saneamiento (la política de Estado departamental por defecto) que fue aprobado por unanimidad, el intendente celebró la aprobación de los otros planes como una “victoria política” de su administración, que logró conseguir el apoyo de cuatro ediles de la oposición, necesarios para lograr las mayorías especiales requeridas para un endeudamiento de tal calibre.

Yo quiero hablar de la decisión difícil que tomamos los que a eso le dijimos que no.

Nadie puede negar que lo primero que uno piensa cuando escucha eso es que quienes no levantamos la mano estamos en contra a que se limpie la ciudad y de que se hagan calles y veredas. Ello, además de una feroz simplificación, es simplemente falso. El Partido Nacional, entre tantas otras cosas dentro de su rica historia de 190 años, es el partido de las obras y la inversión en los departamentos. Las intendencias lideradas por integrantes de nuestra colectividad son las que más porcentaje de sus ingresos destinan a infraestructura, a calles, a veredas y espacios públicos. Y en donde eso no sucede, como en Montevideo, llevamos décadas exigiéndolo de manera incesante.

Montevideo es el peor de la clase en materia de dinero destinado a inversiones, y en cada período el monto destinado a dicho rubro baja. Tenemos las calles rotas, tenemos más del 60% de las veredas en mal estado. Todo forma parte de un panorama que los vecinos conocemos y al que trágicamente nos estamos acostumbrando. Y no podemos ignorar que quienes más sufren esto son los montevideanos más desfavorecidos, los que conviven con los basurales y quizás directamente no tienen una calle o una vereda para transitar.

Lo más trágico de todo esto es que la Intendencia de Montevideo tiene la posibilidad de corregir mañana, si quisiera, la realidad de nuestro departamento. Pero sus jerarcas eligen deliberadamente no hacerlo. Decir que los recursos están no es una mentira. Hablar de prioridades desordenadas no es un eslogan. Es una realidad palpable y escrita en papel.

Ese papel es el presupuesto quinquenal. En él, el Intendente y su equipo nos dijeron dónde y en qué gastarían el dinero de la comuna. En este caso, Mario Bergara repartió —acorde a sus prioridades— los 900 millones de dólares que tiene para gastar por año. No explayaremos en estas líneas el análisis pormenorizado del texto presupuestal (que se encuentra en el tratamiento del mismo en las actas parlamentarias y en YouTube), pero sí hay cuestiones que hacen al debate reciente de los préstamos.

En ese presupuesto se decidió destinar menos de 13 pesos de cada 100 a las inversiones. Se decidió destinar menos del 1% a obras de vialidad. Se decidió no destinar un solo peso a hacer veredas. Se anunció un refuerzo de mil millones de pesos a la limpieza que nunca llegó.

Lo lógico es preguntarse a dónde fue a parar el dinero si no es a las obras. Y la respuesta es simple: a las prioridades de quienes hoy nos gobiernan. Entre ellas está el canal municipal (que tiene más dinero que el destinado a vialidad), el casino municipal deficitario, y en mayor medida el aparato burocrático. Todas vacas sagradas del oficialismo.

Los párrafos anteriores son más que el típico discurso de campaña de la oposición. Son esa realidad escrita en papel que nos demuestra que la Intendencia tiene todo el dinero —y las herramientas para hacer cambios rápidos— que necesita para cambiarle la vida a los montevideanos. Para hacer las obras que sí son prioridades ciudadanas, pero trágicamente no las son del intendente.

Es por ello que se pide endeudarnos por veinticinco años para hacer las cosas básicas que tiene que hacer esta intendencia. Para hacerlo sin tocar lo que no es prioridad para los vecinos, pero sí para los actuales gobernantes. Para que la decisión difícil no recaiga en el intendente.

Planteado todo esto es que nos encontramos con la decisión difícil que nos hace tomar el Frente Amplio. Con el cruce de caminos. ¿Tenemos que dejarnos invadir por un pragmatismo radical y por la ansiedad de obras que genera la actual y triste realidad? ¿Tenemos que pensar en la presión fiscal enorme que genera tal endeudamiento en las arcas de una intendencia que sabemos tiene más que dificultades en esa área? Ambas interrogantes son correctas y lejos están de ser contrapuestas.

La motivación de quienes finalmente dijimos que no, lejos está de querer “poner el palo en la rueda” o “castigar” a la Intendencia. La razón es simple. Como dijimos: el dinero para limpiar la ciudad y para hacer las calles y las veredas está. Lo que falta es algo que, a diferencia de este dinero, no se puede pedir prestado. Falta la voluntad de hacer las cosas bien. De tomar decisiones difíciles.