Contenido creado por Gonzalo Charquero
Ana Jerozolimski

Escribe Ana Jerozolimski

Opinión | La amarga alegría del acuerdo entre Israel y Hamás

Más allá de la historia personal de cada uno, todo se enmarca en una tragedia nacional sin precedentes.

22.11.2023 13:33

Lectura: 6'

2023-11-22T13:33:00-03:00
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Este jueves se espera que comience la implementación del acuerdo entre Israel y Hamás para la liberación, por tandas, de aproximadamente 50 de los casi 240 secuestrados que los terroristas tienen en su poder. Todos fueron llevados a la fuerza de sus casas aquel oscuro sábado 7 de octubre, cuando miles de terroristas armados irrumpieron a más de 20 comunidades civiles en el sur de Israel.

Es difícil hallar las palabras para describir la alegría que imaginamos embarga a aquellas familias que tienen hijos de hasta 18 años entre los secuestrados, ya que ellos, y sus madres, serán los incluidos en la liberación, según lo pactado. También mujeres de la tercera edad. Al cumplirse 48 días desde la masacre, los secuestros y el comienzo de la guerra israelí contra la infraestructura armada de Hamas, empezará una nueva etapa que inspira indudablemente grandes esperanzas en muchas familias.

Pero es una alegría amarga, que va de la mano de una profunda angustia.

Primero, a nivel personal de los que se espera sean liberados, según las categorías fijadas. Están hace casi 50 días en las manos de Hamás, en lo que constituye claramente un crimen de guerra, y no hace falta siquiera que hayan sido torturados para imaginar su sufrimiento. Fueron arrancados de sus hogares por la fuerza e inclusive en camino a la frontera, al valle que tuvieron que cruzar obligados por los terroristas, en dirección a Gaza, habrán visto las pruebas del horror: los cuerpos sin vida de gente que conocían y que no volverán a ver.

Ninguno de los que se espera sean liberados, volverá a la vida feliz anterior.

Shiri Bibas y sus dos hijos Kfir, de 10 meses, y Ariel, de 4 años, vuelven a Israel pero el esposo y padre, Yarden, queda cautivo en Gaza. Los terroristas mataron además a los padres de Shiri, arrancando así a los dos niños sus abuelos maternos.

Avigail Idan, de 3 años, vuelve a los brazos de sus hermanos mayores Mjael (9) y Amaria (6) que lograron huir, pero sus padres fueron asesinados.

Emma y Yuli Cunio, de sólo 3 años, volverán con su mamá Sharon, su prima Emilia y su tía Daniel, pero su padre David y su tío Ariel quedan secuestrados en Gaza . Y su kibutz Nir Oz sufrió terriblemente en el ataque, con uno de cada cuatro de sus habitantes asesinados o secuestrados.

Naveh Shoham (8) y Yahel (3),volverán con su mamá Adi y cabe suponer que también con su abuela Shoshan y su prima Noam, pero su papá Tal queda en Gaza. Y alguien ya les contará que su kibutz Beerí fue uno de los peores escenarios del horror.

Dafna y Elá Elyakim de 15 y 8 años respectivamente, deben volver, pero han perdido para siempre a su padre Noam,  asesinado junto a su pareja Dikla y su hijo Tomer en el ataque terrorista.

Emily Hand (8), que había sido dada por muerta y luego se dijo que estaba secuestrada, no tenía con ella a ningún familiar en cautiverio. ¿Alguien puede imaginar lo que vivió en las últimas semanas y cómo eso le hirió el alma?

Jen Goldstein y sus hijos Agam (17), Gal (11) y Tal (9), que fueron secuestrados de su casa en el kibutz Kfar Aza, deben estar incluidos en el pacto. Pero vuelven sin que nunca más puedan compartir la vida con su hija y hermana mayor Yam, y con Nadav, el esposo de Jen y padre de los niños, asesinados ambos por los terroristas.

Eitan Yahalomi, de 12 años, volverá a los brazos de su madre Sigal pero su padre Oded queda en Gaza.

Saar y Erez Kalderon, de 16 y 12 años, volverán a Israel, pero su padre Ofir permanecerá en Gaza. Vuelven sabiendo que perdieron a su abuela Carmela Dan, cuyo cuerpo incinerado fue hallado semanas atrás, tras creerse que estaba secuestrada.

Yagil y Or Yaakov, de 13 y 16 años respectivamente, volverán, pero su padre y su pareja, Yair y Merav, permanecerán secuestrados. Todos, del infierno en el que los terroristas convirtieron a Nir Oz.

Alma Or (13) y Noam (7) deben volver, pero no podrán recuperar a su madre Yonat, asesinada el sábado negro. El padre, Dror , queda en Gaza.

Y cuando Gali Tarshansky, de 13 años, vuelva, seguramente recordará siempre cómo ella y su hermano Lior, de 15 años, trataron de huir por la ventana del refugio cuando los terroristas estaban tratando de entrar al mismo, y cómo Lior fue asesinado.

Aisha Zaiadne, de 17 años, de la ciudad beduina de Rahat, sabe que quedarán en cautiverio su padre y sus dos hermanos mayores, todos secuestrados mientras trabajaban en el tambo en el kibutz Holit.

Y cuando Noa Weiss pueda volver con su mamá Shiri seguirán al parecer sin saber qué ocurrió con su padre y esposo, declarado desaparecido.

Y más allá de la historia personal de cada uno, la alegría de la liberación es amarga, porque todo se enmarca en una tragedia nacional sin precedentes, la peor desde la fundación del Estado de Israel hace 75 años.

Y es amarga porque la única razón por la que se aprobó este acuerdo, que se considera malo pero ineludible, era que resultaba urgente salvar la vida de la mayor cantidad posible de secuestrados. Cada día que pasa en manos de una organización terrorista como Hamás, que no tiene límites ni escrúpulos de ningún tipo, es un peligro concreto y real.

Es que además nadie en Israel tiene duda que también ahora, después de lo pactado, Hamás hará manipulaciones y guerra sicológica. Que alegará complicaciones técnicas para trasladar a los secuestrados al punto de encuentro con la Cruz Roja, y exigirá otro día de alto el fuego para organizarse…y otro, y otro más.

Y es complejo porque Israel no puede permitirse dar marcha atrás en su declarado objetivo de destruir la infraestructura armada de Hamás, esta organización terrorista que no sólo se vanagloria de lo que ha hecho, sino que promete hacerlo de nuevo.

Hamas no usará el alto el fuego para ayudar a la población. Entrará ayuda humanitaria en mayor cantidad que ahora, sí, pero no porque esa sea la prioridad de Hamás. Es una organización que expone a su propio pueblo al peligro para concretar su agenda terrorista. No es mera interpretación israelí; lo han confirmado los propios terroristas que Israel capturó vivos en el sur luego de la masacre. El abuso de los civiles y las instalaciones que deben servirlos es constante, es política, no excepción.

Los secuestrados están en manos de una organización terrorista que usa hospitales como comandos terroristas. Hay pruebas concretas, filmaciones, fotos, hallazgos en el terreno, no sólo información de Inteligencia.

Están en manos de una organización que santifica la muerte por sobre la vida. Lo ha dicho, no es invento nuestro.

Por eso Israel aceptó el acuerdo, para tratar de garantizar que salva la vida de sus ciudadanos. Es un mandato sagrado. Es la lucha de la luz contra la oscuridad.


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