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Escribe Esteban Valenti

Opinión | ¿Hay un mal menor? Una pregunta que muchos se hacen antes de las elecciones

La respuesta a esta pregunta aletea en muchos ambientes a siete meses de las elecciones nacionales.

30.04.2019 18:45

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2019-04-30T18:45:00
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La respuesta a esta pregunta aletea en muchos ambientes a siete meses de las elecciones nacionales. Es más, muchos ciudadanos se interrogan a conciencia sobre cuál será el mal menor llegado el momento de elegir, en primera y en segunda vuelta. Hoy en día esta pregunta es bastante universal y no es una moda, pero no creo que en Uruguay que yo conocí se planteara una situación similar.

Las encuestas, ese instrumento tan discutible y discutido, que en Uruguay además marca diferencias muchas veces del 30% entre cada una de las empresas en sus previsiones sobre los diversos partidos, lo que no registran es el entusiasmo, la pasión, la convicción con la que se expresan los entrevistados, pero no hay que ser un genio de la política para notar que si hay un rasgo distintivo - además de la extrema dispersión de precandidatos - es el bajo nivel de convicción en los apoyos, que se refleja en la baja movilización. En particular en el Frente Amplio, que siempre fue el más movilizado.

Hablando con la gente, en diversos ambientes, en distintos departamentos se percibe claramente que una de las claves para optar electoralmente es tratar de elegir al mal menor, se hacen cálculos y proyecciones sobre los mayores peligros nacionales, familiares y personales. O directamente no se habla de política.

Toda mi vida de militante político consideré voluntariosamente que siempre se trataba de votar, de optar, que no había que entregar ese poder a nadie. Hoy estoy comenzando a dudar.

La política es una de las claves de la existencia nacional, desde su nacimiento con el ideario artiguista, pasando por la belicosa fundación de ambos partidos tradicionales en Carpintería, a todo el proceso republicano e incluso a la formación de la izquierda uruguaya. La política, fue no solo un elemento clave de nuestra institucionalidad sino de nuestra cultura, de nuestra academia, de nuestra vida social.

Todo está cambiando, hoy la política y sus partidos tiene en su seno, los termómetros de su decadencia, de su pobreza y si nos asombramos porque el cómico ucraniano Volodímir Zelenski de 41 años ganó las elecciones presidenciales con el 70%!!!de los votos hace una semana, no debemos escupir para arriba...No sé qué sucedería en este país si Debocatti o Petinatti se decidieran a competir. Y no hablo en broma.

La gente se mueve entre el hastió, la preocupación, el desinterés, el desaliento político y en algunos casos la pérdida de ilusiones y de confianza en los líderes y en los partidos. Y no es por cierto culpa de la gente...Las mismas encuestas registran que la amplia mayoría de los uruguayos considera que ningún partido político será capaz de resolver el angustiante problema de la inseguridad. Es una señal abrumadora.

Si alguien tuviera el aguante - como tengo yo, que soy casi un masoquista - de seguir la campaña electoral a través de los medios, de las declaraciones, los discursos y las redes llegaría a la triste conclusión que no hay nada, absolutamente nada a la altura de los problemas que afronta el país. Y no quiero sacar la pata de lazo, me incluyo.

El debate, las ideas, las posturas, la capacidad de análisis crítico, de las propias trayectorias y sobre todo de lo que le pasa al Uruguay, a la región y en el mundo, es tan banal, tan superficial y sobre todo es a lo sumo descriptiva, sin la menor pretensión prospectiva, es decir de arriesgar previsiones, tratar de interpretar la dirección de los grandes vientos que nos azotarán y de las posibles respuestas y consecuencias.

Por eso he cambiado de posición, creo que no es justo optar por el mal menor. Hay que decidir y darles un fuerte y sonoro portazo a los políticos en las narices, darles una pesada señal. No resignarse a elegir al mal menor es una opción cada día más grande y potente. En particular si se quiere generar un ambiente político e intelectual donde por ejemplo la izquierda, a la que pertenezco, no se siga cociendo en una espesa salsa de poder, de acomodo y de pobreza intelectual.

Hay que asustar a los políticos, tiene que haber una proporción entre lo que sentimos, lo que vemos, lo que se denuncian en forma cruzada entre ellos, las falsedades que nos ofrecen, las expectativas que han traicionado y lo que hagamos nosotros frente a las urnas. Hay que darles un enorme susto.

En junio, en octubre y en noviembre.

Hay que demostrarles que sus incapacidades, su falta de sentido crítico, su hambre insaciable y casi exclusiva por el poder a todos los niveles, no pueden en algunos meses, con una intensa campaña de publicidad, de discursos, de millones de dólares transformarse en nuestro voto callado y nuestro aguante por otros cinco años más. Y que tampoco se resuelve con autocríticas tardías y superficiales, cuando se ocuparon posiciones claves en el gobierno desde hace casi 15 años.

Este gobierno, como todos los gobiernos de la historia debe asumir sus responsabilidades, sus fracasos, sus mentiras, su actitud pasiva y en algunos casos cómplices con temas tan sensibles como los derechos humanos y la verdad y la justicia, pero también con derechos tan elementales como el empleo, la integración social, la seguridad, la educación de una calidad decente y, la honestidad y capacidad para administrar los recursos de todos nosotros. Y también para administrar nuestras esperanzas.

Pero los "otros", los que se proponen como un cambio, nos tienen que explicar sus fracasos anteriores, su asociación con el capital financiero de asalto, sus políticas productivas fracasadas, la lenta y firme decadencia nacional y su insensibilidad total frente a las heridas terribles de la dictadura. Y no lo hacen, lo esquivan, se presentan como si no tuvieran nada que ver con ese pasado.

La continuidad en el poder en estas condiciones, es la seguridad que no habrá un debate crítico en serio, profundo y que la izquierda seguirá abusando de ese nombre para aferrarse al poder y su decadencia.

Sobre los "otros otros", mejor ni hablemos, entre otras cosas, porque no tienen la mínima posibilidad de ser el mal menor y algunos han demostrado que no son otra cosa que la variante enana y cesarista de esa decadencia y a lo sumo un rastrillo hacia la derecha. Lo demostraron ante la primera alternativa...y hay otros que nacieron para defender privilegios corporativos y nada menos que uniformados y xenófobos.

La semana de Turismo sirve para muchas cosas, pero una de ellas es meditar, pensar un poco más a fondo y hablar con bastante gente.

Estoy cada día más convencido que no quiero tener la responsabilidad de compartir con mi voto cinco años de decadencia y retroceso y además sentirme culpable junto a ellos durante un lustro. Hay diversas opciones, no por desidia, sino todo lo contrario, por una firme y bien razonada voluntad política. Y hay un espacio en la sociedad civil para expresarse y dar la batalla política y sobre todo cultural.

A veces un sobre vacío o con un voto anulado pueden ser un grito muy potente. Por algo fue previsto por el constituyente.

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Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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