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Escribe Pablo Ferreri

Opinión | Esto no debería ser Uruguay. Sobre el préstamo del BID y la política menor

No podemos someter tan importante iniciativa a los tironeos de la política con minúsculas, los cálculos en función de réditos menores.

29.12.2021 21:05

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2021-12-29T21:05:00
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A lo largo de un año, la Intendencia de Montevideo (IM) ha venido trabajando en conjunto con el gobierno nacional y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para acercar más saneamiento a barrios que aún no cuentan con ello, especialmente los más vulnerables, pero también para mejorar el cuidado ambiental, a través de la gestión de residuos.

Esto por supuesto, dentro del marco del Plan Nacional de Gestión Integral de Residuos elaborado bajo el liderazgo del Ministerio de Ambiente a partir de la Ley de Gestión Integral de Residuos aprobada en el período anterior por la unanimidad de los partidos políticos.

En la elaboración de este Plan participaron activamente varios ministerios, todas las intendencias, así como variadas organizaciones sociales.

En cuanto al préstamo, cabe recordar que no estamos frente a nada novedoso, la IM (con la aprobación de gobierno nacional) financia programas de este tipo de manera histórica con el BID, gestionando el primer préstamo en 1972. Lo que se acordó en esta oportunidad es el sexto programa de estas características, es un instrumento potente que brinda no solamente financiamiento, sino también muchas veces aporta conocimiento y asesoramiento técnico, aportando las mejores prácticas a nivel internacional.

Un programa de estas características lleva un largo proceso, en el cual interviene obviamente la IM y el BID, pero también el gobierno nacional, a través del Ministerio de Economía (quien aprueba finalmente las características del préstamo) y va de suyo que tiene que estar alineado con la orientación que en la materia sigan los ministerios sectoriales.

Es por ello que desde el inicio del proceso en agosto de 2020, mediante nota de la IM al MEF, solicitando la inclusión de este programa dentro de la Cartera de Proyectos a ser financiados por el BID, se dieron múltiples instancias de trabajo conjunto de los gobiernos departamental y nacional con el organismo internacional: en marzo de 2021 se efectuó la Misión de Identificación, en mayo la Misión de Orientación y en setiembre la Misión de Análisis.

Por supuesto que el contenido de gestión ambiental se encuentra alienado con el rumbo estratégico establecido por el Ministerio de Ambiente, para ello nada mejor que la opinión del ministro Peña, que en el programa Arriba Gente de Canal 10 de este miércoles dijo que “las acciones previstas en el proyecto BID que presenta la IM están 100% alineadas con la estrategia del Ministerio de Ambiente”. Y agregó: “El plan tiene la aprobación, tiene el apoyo del Ministerio porque va en línea con la estrategia (…) Todas las acciones que hace la IM son en conjunto con el Ministerio de Ambiente, trabajamos muy bien los equipos técnicos, y también a nivel político, esa es la realidad”.

Obviamente, el BID para financiar un programa de esta envergadura realiza sus propios análisis técnicos para evaluar la oportunidad y la conveniencia, además de la viabilidad financiera. Luego de esos análisis técnicos el préstamo para ser otorgado requiere la aprobación del Directorio Ejecutivo de este organismo, lo cual ocurrió mediante las resoluciones 105/21y 106/21 de noviembre de este año.

Cabe destacar que el representante de Uruguay en dicho directorio votó a favor de financiar este programa.

Es importante tener claro todo este proceso para entender lo que está en juego, que es por supuesto la posibilidad de un importante salto de calidad de vida para los montevideanos, pero también tiene que ver con la imagen internacional del país, y con la autoridad de los ministros del gobierno nacional.

Es por ello que no podemos someter tan importante iniciativa a los tironeos de la política con minúsculas, los cálculos en función de réditos menores harán que pierdan los montevideanos, pero también que pierda el país.

Las críticas efectuadas por diversos actores políticos a nivel departamental, en cuanto a la “coherencia” de incluir equipamiento en el programa propuesto, ignoran que muchas veces los préstamos financian activos que pueden depreciarse antes del período de amortización del mismo, si es que forman parte de un proyecto integral.

Es decir, aquí no se financia un camión, se financia un cambio integral de gestión de residuos, que obviamente requiere inversión en equipamiento para que sea viable.

No es algo innovador: el BID financia programas con contenido similar en lugares como Buenos Aires o en zonas de Perú. También ha financiado y financia programas del gobierno nacional que han incluido entre otros bienes fungibles, capacitación y el pago de salarios u honorarios. Por ejemplo, la exitosa transformación de la DGI no hubiera sido posible sin estos mecanismos (programas BID Nº 1.783/OC-UR y programa BID Nº 1337/OC-UR).

Cuando se expresa que el uso del préstamo del BID “no tiene coherencia económico-financiera ni tampoco social”, no sólo se critica a la administración de la Intendencia, sino que también se menosprecia el trabajo de los técnicos del BID, del Ministerio de Economía y del Ministerio de Ambiente.

Y también deslegitima a los ministros.

¿Cómo queda parado el gobierno nacional frente a los organismos internacionales, luego de más de un año de trabajo conjunto?

¿Cuánto horada esto la autoridad del ministro Peña? ¿y de la ministra Arbeleche?

Competimos en las elecciones nacionales y el pueblo soberanamente eligió a este gobierno, que desde el primero de marzo de 2020 es el gobierno de todos, es por ello que a todos deben preocuparnos estas señales de desautorización al gobierno nacional.

La previsibilidad, las certezas, el cuidado por la institucionalidad es un activo del Uruguay construido durante décadas, no es mérito de ningún partido político en particular, porque es de todos.

Esto distingue al Uruguay en una región convulsa y es quizá su mejor carta de presentación a nivel internacional.

Es por ello que debemos cuidarlo, y no someter nuestra imagen a los vaivenes de los intereses de la política menor.

No es bueno comenzar a cavar con fruición una grieta que es ajena a la práctica política de los uruguayos, y que puede terminar dañándonos a todos.

Miremos el bosque.


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