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Escribe Esteban Valenti

Opinión | Escribir, hacer y soñar

Lo que no podemos permitir es que nuestros gobernantes hagan dos cosas deleznables: pretender que como ellos están sentados en los sillones, solo ellos pueden opinar con propiedad, y acostumbrarnos a la mediocridad y a las cosas medio pelo.

12.02.2020 16:32

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2020-02-12T16:32:00
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Los que hace un tiempo me leen en estas columnas, creerán que toda mi vida he sido un periodista de opinión y que tengo una distancia sideral con el duro verbo "hacer". No es cierto, toda la vida me he dedicado a construir a hacer y a organizar.

He participado en muchas actividades donde lo importante, además de pensar - que siempre es fundamental - era hacer, organizar. Escribo esto, porque a veces yo mismo me pregunto si tengo derecho a opinar sobre ciertos temas del hacer político y estatal. Debo reconocer que nunca hice nada en el Estado, ni departamental, ni nacional. No me arrepiento.

Pero en política, en gremios estudiantiles y sindicales, en cooperativas y en empresas -no muchas por cierto y lamentablemente- me he dedicado a trabajar concretamente, a construir. Desde mis primeros pasos de pegatinero en las elecciones de 1962, cuando era un pibe de 14 años, pasando por Codarvi y la maravillosa experiencia de trabajador del vidrio, mejor dicho del cristal, a mi época de la Coordinadora de estudiantes de secundaria, la CESU y luego la FEUU, o en el trabajo del cruce de personas y cosas clandestinamente entre Argentina y Uruguay durante la dictadura y los cientos de documentos falsos que fabriqué en esos tiempos, siempre trabajé.

También en el periodismo, entré por la puerta de la organización en IPS como coordinador de los corresponsales en todo el mundo y solo después fui Jefe de Redacción con mi querido amigo Pablo Giussani o al regreso al Uruguay, en la organización del Frente de Propaganda del PCU y las grandes campañas que organizamos, incluyendo el manejo del engrupo engrudo y tener más de cien camiones en la calle. O la cooperación con Angola, cuando era todavía un sueño transparente de anticolonialismo. Pero no tan transparente como los diamantes...otra estupidez que tuve que tragarme y que trabajando todos los días a los 72 años y desde hace 59 años ya creo que ha sido desmentida suficientemente.

Les hago este corto relato que no tengo idea si les interesará, porque ahora que se cerró un ciclo de 15 años de gobierno nacional y se pone en disputa 30 años de gobiernos de la capital, no me guía solo ni principalmente un impulso estético, poético, flotante en el humo de las ilusiones, sino cosas bien concretas y tangibles, como a todos ustedes.

Además de la ideología, que todos llevamos a cuesta, lo reconozcamos o no, lo queramos aceptar o no, me guio por intereses, por visiones muchas veces bien concretas que en el fondo y no tanto, tienen un profundo sentido ideológico y cultural.

Una ciudad limpia, ordenada, cuidada en sus detalles en todos los barrios, que difunde un mensaje de preocupación de sus autoridades y sus habitantes por la belleza y el orden ¿No es acaso un potente mensaje de progreso, de democracia en acción y de integración?

Una ciudad que sabe combinar el esfuerzo estatal, nacional, departamental, con la visión, los intereses genuinos de los privados, de los habitantes, de los que nos visitan del interior y del exterior ¿no es un ejemplo inigualable de capacidad organizativa, de saber utilizar al máximo los recursos humanos y económicos?

Una mirada hacia el pasado, que está presente en toda la ciudad, en sus grandes edificios pero también en sus detalles, parques, fotografías, recuerdos ¿No es una fuente de inspiración no solo para planificar las grandes obras y líneas urbanísticas nuevas, sino para afrontar con audacia y energía los nuevos problemas de estos tiempos y los que vendrán?

La personalidad de los montevideanos no es solo individual, nacional, deportiva, cultural en general, depende mucho de nuestra ciudad, de cuan apegados y orgullosos estamos de ella o cuanto nos desilusiona y con cuanta frecuencia le recordamos sus antepasados. No me refiero a Bruno Mauricio de Zabala ni a su señora madre...

Lo que no podemos permitir es que nuestros gobernantes, en ninguna de sus posiciones y responsabilidades hagan dos cosas deleznables: primero, pretender que como ellos están sentados en los sillones, solo ellos pueden opinar con propiedad. Ellos son los hacedores. Y segundo, que nos acostumbremos a la mediocridad y a las cosas medio pelo y de baja calidad.

Tenemos que exigir y exigirnos lo imposible y un poco más, así se construyó Montevideo, desde el Teatro Solis o el palacio Santos, la rambla de granito y ni que hablar el Palacio Legislativo y el Estado Centenario en 9 meses. Hoy en 9 meses no se tapa un bache, eso sí, las nuevas tecnologías nos permiten tener una excelente señalización lumínica con vistosos pinitos de color blanco y anaranjado, cada día más grandes. Esperemos que sean cada día más baratos, porque tenemos un bosque inmenso de esas coníferas de plástico en la ciudad. En calles y veredas.

¿Es imposible soñar, delirar con una ciudad limpia en serio, en calles, parques y veredas? ¿O con que no vivamos en un mar de grafitis básicos y estúpidos que ensucian todo lo que encuentran a su paso? No me refiero a las paredes que deben disponerse especialmente para los buenos grafiteros, sino a la mugre.

¿Es una condena del liberalismo que obliga que dejemos a todos hacer lo que quieran donde quieran o podemos delirar de que un día se encontrará un sistema para que no haya gente durmiendo en las calles?

¿Será un pedido alucinado que el tránsito de Montevideo, se planifique de acuerdo a criterios modernos y profesionales y no tengamos el laberinto de sentidos y calles sin sentido por ejemplo en la Ciudad Vieja, que parecen inconvenientes incluso para la época de la colonia?

¿Tendremos que seguir soportando proyectos imposibles que por razones demográficas o más concretamente por el número de los usuarios lo hacen imposible como el tren de la costa, cuando hacen falta soluciones de transporte mucho más concretas, posibles, limpias y veloces para todas las modalidades de uso de los habitantes de la costa de Montevideo y Canelones?

¿Será un sueño de una noche de verano, pensar que el Cerro un día, su fortaleza y su parque de los alrededores, dejará de ser un asentamiento con una sola canilla y será un paseo y un lugar para artistas, artesanos y visitantes que gozarán de la mejor vista de todo Montevideo y posiblemente del país.

¿La ciudad no tiene nada que ver con esa fractura infame que la divide como un tajo, en el nivel socio económico de sus habitantes y de sus posibilidades y sueños o sus resignaciones?

No nos resignemos podemos hacer mucho más.

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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