Desde octubre de 2018, en ocasión de lanzar mi precandidatura en la Huella de Seregni, trabajamos poniendo el acento en la necesidad de transitar un nuevo camino en el Frente Amplio (FA). Ese es nuestro compromiso.

En aquel momento, la coincidencia histórica de la elección nacional de 2019 y la no comparecencia de los tres líderes de las últimas décadas, exigía jugarse por nuevas ideas que dieran continuidad a la colectividad frenteamplista y, a su vez, incorporaran de los nuevos desafíos que la sociedad moderna exige y demanda del propio FA.

La renovación es parte de un proceso. No es un acto, ni un dirigente, ni una idea brillante. Se trata de, con el punto de partida de la realidad, construir un conjunto de propuestas para el país -un proyecto nacional de desarrollo sostenible- y la imprescindible adecuación de la herramienta política a las nuevas tareas.

Resultaba bastante evidente, antes de las elecciones, que un ciclo se cerraba con su propio iniciador -Tabaré-. Luego de la histórica derrota del año pasado, la ciudadanía lo saldó definitivamente.

¿Por qué era necesaria una nueva visión general? Porque, en lo sustancial, el FA había cumplido su estrategia originaria: sacar al país de la crisis y el estancamiento productivo, el deterioro de la calidad de vida general y las inequidades más escandalosas.

El FA reunió al progresismo uruguayo, al extremo que el Partido Colorado se vació del pepe-batllismo, el Partido Nacional fue hegemonizado por el herrerismo y los partidos de centro y "ultras" quedaron reducidos a expresiones casi testimoniales.

El desafío para esa etapa fue el salto al desarrollo sostenible, pasar a ser un país del primer mundo por sus estándares, no únicamente por su modo de vida. Pero no logramos completarlo. La vara estaba muy alta y nuestra garrocha no alcanzó.

Las nuevas ideas están fermentando aún, los nuevos liderazgos están asomando y colándose entre los tres referentes aún activos. El vértigo actual obliga a cambiar la rueda con el auto en marcha. Por tanto, para ir asumiendo la derrota, para reposicionarnos como opositores, para pensar una nueva estrategia con la cual desplazar a la derecha; hay que empezar ya.

En ese marco, setiembre es una gran oportunidad. Las elecciones pueden ser el primer gran revés democrático al proyecto de la derecha. Montevideo y Canelones seguramente continúen en su opción frenteamplistas y progresistas, así como otros departamentos donde estamos en condiciones de ganar. Tenemos la oportunidad de ratificar que somos la primera fuerza política nacional.

En Montevideo contamos con un programa único y una triple candidatura muy potente, con tres compañeros a la altura de la tarea que nos convoca.

A nuestro modo de ver, Álvaro Villar contribuye a dar una señal distinta, renovadora, dentro y fuera del FA. Es de cuna frenteamplista, sin pertenecer a su elenco de dirección. Es independiente, con excelentes relaciones con todos los sectores y referentes.

Álvaro es un hombre con compromiso público probado, que ha dedicado toda su carrera de neuro-cirujano a la salud pública en Montevideo y el interior. Trabajó la en la transformación de los hospitales de Tacuarembó y Maciel, armando equipos de profesionales y trabajadores consustanciados, en referencias nacionales.

La vocación por Montevideo le es familiar. Su padre, Hugo Villar, director inolvidable del Hospital de Clínicas, fue el primer candidato a intendente por el FA en 1971, junto a la fórmula Seregni-Crottogini.

Hay otro elemento, no menor, que deseamos introducir en el análisis, La candidatura de Álvaro vino a romper la lógica instalada previamente: cada sector de peso en la interna tiene un candidato. Representa la convergencia de nuestra Fuerza Renovadora y sus principales figuras como la senadora Liliám Kechichián y el diputado Tato Olmos, con el equipo del MPP y el apoyo entusiasta de Pepe Mujica. Villar recoge la incorporación de sectores anteriormente no frenteamplistas, como es el caso de UNIR con Fernando Amado, quien es uno de sus suplentes. Recoge la adhesión de otras listas del FA de diversa procedencia ideológica. Es amplitud y pluralidad.

Estamos convencidos que el FA que vendrá tiene mucho que ver con el resultado de setiembre. En ese entendido, una candidatura renovadora es una señal inequívoca.

Esta vuelta a las raíces, después medio siglo de construcción del FA, en una nueva y tan desafiante etapa, abre una esperanza enorme. Álvaro Villar ha demostrado en su vida profesional su valía; su compromiso con la ciudad y su gente; así como su capacidad de diálogo con el gobierno y sus referentes, elemento decisivo para cohabitar durante años.

En épocas de pandemia y crisis, el Dr. Álvaro Villar al frente de un equipo calificado como el suyo, es garantía de cuidados, obras y compromiso social para Montevideo.