Ana Jerozolimski
Escribe Ana Jerozolimski

Opinión | El desafío ante el terrorismo es frenar atentados y la glorificación del asesino

Una vez más, cuestiono la vocación del supuesto pacifismo palestino que sostiene el martirologio como algo deseado para sus ciudadanos.

01.12.2022 08:56

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2022-12-01T08:56:00-03:00
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La lucha anti terrorista —no sólo en Israel sino en cualquier sitio en el que se tiene que lidiar con el flagelo asesino del terrorismo— tiene varios brazos. Está el de la Inteligencia, el esfuerzo por recabar información sobre planes terroristas en camino, a fin de frustrarlos antes de que sean cometidos. Está el militar, cuando las tropas entran en acción para detener a los sospechosos ya abocados a sus planes y desmantelar la infraestructura armada que sirve a los terroristas. El civil, que debe apuntar a preparar a la población para estar alerta sin causar histeria, enseñarle cómo cuidarse y al mismo tiempo seguir viviendo. Y está lo que quizás sea el desafío más complejo: combatir ya no sólo la preparación mental e ideológica de los terroristas mismos, radicales y extremistas por naturaleza, sino la glorificación de sus actos por parte de la sociedad en la que viven.

No tengo dudas de que numerosos palestinos quieren para sus hijos lo que yo quiero para los míos. Pero lamentablemente, hay demasiados ejemplos de mensajes que circulan por la sociedad palestina, transmitidos no sólo por los terroristas mismos sino por líderes y figuras de la sociedad civil, que apuntan a lo contrario. Y estimo que quienes discrepan, o no son suficientes o no osan hacerlo públicamente.

Pero vayamos primero a la parte militar y la de Inteligencia.

La razón por la que Israel entra casi cada noche al campamento de refugiados Jenin —a veces a otros— a detener palestinos, es la información de Inteligencia que tiene en su poder según la cual los requeridos estaban planeando atentados en territorio israelí. Desde comienzos de año fueron frustrados aproximadamente 380 ataques de envergadura gracias a esos esfuerzos. No todos son frenados de antemano y, sin ir más lejos, el 23 de noviembre fueron asesinados dos civiles, un jovencito de 16 años  y un hombre de 50, al ser detonadas dos cargas explosivas en paradas de ómnibus. El adulto murió esta semana a causa de las heridas sufridas.

Y esta madrugada, en la noche entre miércoles y jueves, fue detenido también en Jenin un terrorista del Jihad Islámico,  Wasem Faiz, que estaba preparando un atentado con coche bomba. Este estalló antes de tiempo hace varios días, aún en territorio palestino, y la Autoridad Palestina tuvo que apagar el incendio. Según la información en manos de Israel, Wasem Faiz continuaba abocado a preparar nuevos atentados.

Es el trabajo de Inteligencia desplegado por el Shin Bet, el servicio general de seguridad, el que permitió hace pocas semanas detener a Fathi Ziad Zakut, de 31 años, palestino de Rafah en Gaza, que estaba aprovechando el permiso de trabajo en Israel para preparar un atentado con una carga explosiva que pensaba colocar en un ómnibus en la ciudad de Beer Sheba. Ni hablemos del daño que eso hace a aquellos palestinos que ansían recibir un permiso de trabajo en Israel para poder mantener dignamente a sus familias con un sueldo que en Gaza no pueden ni soñar. Cada uno será analizado con lupa “gracias” a Zakut.

En cuanto a la población civil israelí, se vive una situación singular. Por un lado, la gente en Israel es muy resiliente, empuja hacia adelante, apuesta por la vida. Por otro, está cansada de sentirse víctima potencial de un terrorista. Claro que hay épocas más tensas en las que uno está más alerta y otras más tranquilas, pero nunca se puede estar plenamente seguro de que no pasará nada.

Siempre recuerdo aquel incidente cuando mi hijo menor volvía en el tren ligero del liceo, en una época en la que yo solía decirle que no esté, como todos a esa edad, con los ojos todo el tiempo en el teléfono celular, que esté atento a lo que pasa a su alrededor, y que espere el tren detrás de la parada, por si un coche con un terrorista se desvía súbitamente para embestir a la gente. Una tarde entra a casa y dice: “Qué susto me pegué en el tren”. Salté como un resorte a preguntarle qué había pasado y dijo que había subido un hombre que le parecía que era árabe y estaba demasiado abrigado para el calor que hacía. En códigos israelíes, eso puede significar que escondía explosivos debajo de su saco.

Tras aclararle que cuando no se siente seguro debe bajarse de inmediato y llamarme, esté donde esté y sea la hora que sea, sentí el dilema humano, ético, como madre. Lo primero es garantizar que esté seguro, pero yo no quería para ello decirle algo así como “si ves un árabe, bajate del tren”, porque no quiero demonizar ni educarlo en el odio o la sospecha constante. Y al mismo tiempo, quiero que se cuide. Es todo un desafío.

Lo último, quizás sea lo más complejo.

Las redes sociales en las que viven hoy los jóvenes —y la mayoría de los terroristas lo son— están llenas de mensajes demonizadores de Israel. Pero el principal motivo de preocupación es que desde el propio liderazgo palestino, en las páginas oficiales de Facebook de Al Fatah —el grupo que supuestamente apoya la paz pero que transmite mensajes similares a los de  Hamas— salen mensajes con mentiras que distorsionan la historia y que presentan la “shaháda”, o sea el martirologio, el morir matando, como una meta santa a la que hay que aspirar.

Tendrían que saltar furiosas las madres palestinas al ver que se presenta a asesinos de bebés como héroes y que se dice literalmente que la muerte es una meta sagrada para defender al pueblo.

Al pueblo se lo defiende apostando por la vida, no defendiendo la muerte.

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Ana Jerozolimski

Uruguaya, radicada en Jerusalem desde 1979. Redactora Responsable de "Semanario Hebreo".

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