Eduardo Gudynas
Escribe Eduardo Gudynas

Opinión | El ambiente que queda después de los discursos

Los logros que los gobiernos exhiben en el Día Mundial del Ambiente se desvanecen cuando son examinados.

10.06.2019 18:48

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2019-06-10T18:48:00
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El 5 de junio se celebra en todo el planeta el Día Mundial del Medio Ambiente. En esa fecha se redoblan los reclamos ambientales y los gobiernos aprovechan para exhibir sus acciones y sus planes futuros. En esa jornada cuestiones como los controles ambientales, revertir la contaminación o proteger la fauna y flora, toman el primer plano.

Pero con el paso de los años, los discursos gubernamentales son cada vez más floridos y a la vez más desconectados de la situación ambiental dentro de cada país y de las reales acciones que deben tomarse para proteger la naturaleza. Los ministros del ambiente dicen una cosa, y la realidad ecológica es otra. Prometen todo tipo de planes pero casi siempre esquivan las acciones que deberían tomarse para efectivamente detener la crisis ecológica. Es como si esos ministros vivieran en otro planeta, otros continentes u otras ciudades.

En nuestro país, Eneida de León, desde el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, presentó algo así como un balance general de los últimos años. Si se lee desprevenidamente esa "rendición de cuentas ambiental", parecería que Uruguay estaría a las puertas de contar con la mejor gestión ambiental de los últimos años. El clímax del optimismo verde del MVOTMA está en afirmar que el gobierno logró "controlar y detener el proceso de deterioro de la calidad del agua" de la cuenca del Santa Lucía; no sólo eso, sino que ahora habría iniciado acciones para "mejorar la calidad" de sus aguas. Todos sabemos que esto no es así, y que el deterioro de esas aguas persiste, que muchas medidas todavía no se aplican en su totalidad (como reconoce otros dentro de ese ministerio), y que aún en el caso futuro que sean aplicadas con toda rigurosidad, tomará años recuperar esa cuenca.

Dejando de lado esa cuestión, abordaré otras tres que menciona el MVOTMA en su balance. Se afirma con mucho destaque que se fortaleció la institucionalidad y gestión ambiental. Esto no es cierto; en realidad toda ella sufrió un duro golpe con las presiones ministeriales al funcionariado para aprobar licencias ambientales y por el pago de dineros extraordinarios y discrecionales a algunos técnicos de la Dirección de Medio Ambiente. Esos extremos, denunciados y rechazados por el sindicato de ese ministerio, en realidad resquebrajan la institucionalidad.

El ministerio dice que se "implementó un sistema de Evaluación Ambiental Estratégica para establecer las condiciones ambientales para el desarrollo sostenible". Esto no sólo no es correcto, sino que el actual gobierno hizo exactamente lo contrario. Recortó el componente regional, que permite analizar más de un departamento en las evaluaciones estratégicas de la ley de ordenamiento territorial. Esto ocurrió en el primer año de la actual administración Vázquez y la consecuencia más evidente es que no hubo ninguna evaluación ambiental estratégica del gigantesco proyecto que involucra a la planta UPM-2, las zonas forestadas, el ferrocarril y otras obras asociadas. El país se lanzó a esa aventura, que afecta casi a la mitad del territorio nacional, sin saber cuáles serán las implicancias para el desarrollo sostenible futuro.

El ministerio en su rendición de cuentas también elogia los componentes sobre información ambiental. Otra vez se equivoca. El MVOTMA sigue debiendo el informe de la situación ambiental del país que por ley está mandato a confeccionar. Así como el Ministerio de Economía reporta la situación económica del país, o el de Salud hace lo propio con el estado sanitario, lo mismo debe hacer el MVOTMA. Es un informe del estado del ambiente que debe darse al resto del Ejecutivo, al Legislativo y a la ciudadanía. En lugar de autoelogiarse, el MVOTMA debería explicar porque incumple con ese mandato.

Ante estos y otros extremos, cuando se lee el comunicado del MVOTMA es como si las autoridades de ese ministerio vivieran en otra dimensión, en otro mundo ecológico donde allí están aplicando esas medidas. La misma disociación ocurrió unos días antes con declaraciones del presidente Vázquez sobre el supuesto liderazgo de Uruguay en la lucha contra el cambio climático, una afirmación que no resiste la evidencia de lo que sucede en el mundo real. A su vez, esta condición cada vez se asemeja a lo que ocurre en otras políticas sectoriales, tales como proclamar avances en la educación mientras lo que se observa en un deterioro en la enseñanza.

Es que en el mundo real en el que vivimos la mayor parte de los uruguayos, las aguas se siguen contaminando, los montes nativos son talados para las parrillas y pizzerías de las ciudades, se repite la caza furtiva, y se vierten todo tipo de agroquímicos y residuos.

Esta enorme brecha entre los rimbombantes a anuncios en el Día del Medio Ambiente y la crisis ecológica no es un drama restringido a Uruguay. En este año 2019, el tema central de esa fecha fue la contaminación del aire, y por ello se esperaría que en Colombia, donde están muchas de las ciudades con peor calidad del aire del continente, se anunciaran medidas concretas. El ministro del ambiente y desarrollo sostenible de ese país presentó todo tipo de anuncios en esta materia, como reducir y controlar las emisiones de gases desde los vehículos. Pero cuando se examina con detalle lo que se encuentra es que son proyectos de ley, y que en ellos, las medidas concretas comenzarían a aplicarse, por ejemplo, en el 2030. Entretanto, en Colombia mueren cada año más de 8 mil personas por afecciones debidas a la contaminación del aire. O sea que aun concretándose esos anuncios, hasta que se logren los efectos deseados, habrán muerto posiblemente otros cien mil colombianos.

En Brasil, el ministro del ambiente, Ricardo Salles, ofreció un pomposo acto que incluso contó con la presencia del presidente Jair Bolsonaro. Anunciaron un programa de recuperación de 10 mil hectáreas de bosques y humedales en la cuenca del Río Araguaia. Pero mientras se celebraba aquel acto, por cada hora de discursos, se talaban 19 hectáreas de selva en Brasil. Tan solo en un mes se pierden más de 13 mil hectáreas de bosque, o sea una superficie equiparable a la del proyecto anunciado por el ministro. En realidad, desde que asumió Bolsonaro todo indica que la deforestación se está acelerando, y por ello sería mucho más efectivo para salvar los bosques que hubiera un cambio radical en las políticas del nuevo gobierno.

Cuando se repasan los demás discursos y anuncios de las autoridades ambientales en América del Sur, el panorama es similar. Prevalece una retórica optimista enmarcada en diversas fantasías verdes. Cada ministro, a su modo, está desconectado de los dramas que le rodean. En Uruguay, la ministra dice que una cuenca contaminada dejó milagrosamente de estarlo, en Colombia su ministro no logra medidas efectivas para detener las muertes que hoy se producen por contaminación del aire, y en Brasil, se esquiva el mayor problema del país que es la pérdida de la Amazonia.

Por todo esto es que los problemas ambientales persisten al día siguiente a todos esos discursos.

 

Más información:

El Mvotma rinde cuentas en ambiente - http://www.mvotma.gub.uy/novedades/noticias/item/10012845-el-mvotma-rinde-cuentas-en-ambiente

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Eduardo Gudynas

Analista en temas de ambiente y desarrollo, y defensor de la Naturaleza. Integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) e investigador asociado en el Departamento Antropología, Universidad California, Davis. Acompaña organizaciones ciudadanas, desde grupos ambientalistas a federaciones indígenas, en distintos países del continente.

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