Sebastián Da Silva
Escribe Sebastián Da Silva

Opinión | De John Jackson a Von Thyssen, los dueños pasan y la tierra queda

La leyenda de las trasnacionales que vienen a robarnos la soberanía choca con la realidad.

31.07.2020 10:37

Lectura: 6'

2020-07-31T10:37:00
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John Jackson arribó a nuestras costas en plena ocupación portuguesa de principio del siglo XIX. La historia lo describe como aquel joven perspicaz para los negocios que se fue acriollando a medida que iba aumentando su patrimonio y con buen olfato invertía los dividendos de sus negocios de importación en devaluadas tierras que, por imperio de la inestabilidad existente en el medio rural, las compraba por vintenes.

Se casó el 5 de marzo de 1831 con Doña Clara Ezrrasquín, sobrina de Dámaso Antonio Larrañaga; los unía una diferencia de edad de casi 20 años y un considerable patrimonio que unía sus estancias desde Cardona hasta Mansa Villagra. Muchos de sus hijos forman parte de la mejor historia uruguaya, y muchos de sus nietos y bisnietos de la mejor historia rural.

La Escuela Jackson, primera escuela agraria del país, la Sra. Clara Jackson de Heber y su filantropía, hasta Don Alberto Gallinal Heber, hombre que mucha falta hace en estos momentos de post verdad y estatismo sobre dimensionado Herederos de una tradición dejaron en cada generación avances, obras y legado a sus descendientes.

Sus estancias tenían un sello característico que porteras adentro se reflejaba en records de kilos de lana y el desarrollo como pocos del ganado pampa y el Caballo Criollo. Tengo la suerte de conocer varios de aquellos establecimientos, en todos hay azulejos que rezan austeridad, pasión por el trabajo y un catolicismo ejemplar.

Galpones, silos, corrales, alambrados y unos simétricos patios en U, tenían ese lugar común de una familia que desde el campo construían porvenir y empleo.

Con el paso del tiempo, la piqueta fatal del progreso hizo que esos familiones se agrandaran y con ellos sus necesidades. Conclusión, algunos vendieron sus campos.

Si uno pasa Ismael Cortinas unos kilómetros y mira a la derecha se va a encontrar con parte de aquel latifundio. Una cortina de árboles de más de 15 kilómetros a lo largo del alambrado da la pauta de aquel diseño productivo que no dejaba detalle al azar.

Quizás por eso fue atraído por Von Thyssen, uno de los hombres más poderosamente exquisitos del planeta, quien, como tal, adquirió estas tierras en los inicios de la era frenteamplista. Eran tiempos de salida de la crisis del 2002, y los campos uruguayos corrieron la misma suerte de los campos de Argentina. No pararon de subir. La explosión económica china, la liberación de las patentes del glifosato, bajas tasas de interés, y un petróleo por las nubes demandó proteína vegetal y bio combustibles.

A partir del 2005 los precios de la soja llegaron a las nubes. 500 dólares por tonelada era el promedio cuando el Ministro Mujica asumió su mandato. Mientras estábamos entretenidos con el asado del Pepe, se dio el proceso más vertiginoso de compra venta de inmuebles rurales, donde el precio se multiplicaba año tras año ayudando a muchos de los caídos que, aunque sea en parte, pudieran honrar sus deudas y salvar en algo su patrimonio en la nunca bien recordada AFISA de la calle Yaguarón.

En el 2008 cae el Lemhan Brothers y la incertidumbre internacional pone una pausa de 6 meses a este proceso. Ese verano la soja llego a cotizarse a 630 dólares....

Volviendo a Monzón Heber, la otra estancia madre del Inglés Jackson, pasó de tener un local de feria propio para la venta de sus carneros a ser una de las mayores áreas de producción agrícola del cristalino del oeste del país.

El mismo dueño del Museo madrileño donde exhibe la colección más linda del Impresionismo (Von Thyssen), transformó aquellas tierras en miles de hectáreas en rotación agrícola, dando trabajo a todo tipo de proveedores de materiales, insumos y labores agropecuaria. La clase media del campo comenzó a existir, a cambiar la cosechadora, a comprar un camión nuevo, a poner un comercio de insumos o a reformar una escribanía. Era la maldición de Santa Marcia, llegó la televisión por cable y el acceso a la interné.

En Cardona, en Caraguatá, en José Pedro Varela o en Constancia se daba el mismo proceso, y por entonces los gobernantes comenzaron a usar el término "Espacio Fiscal" para referirse la brutal expansión del gasto público; muchos de ellos se pavoneaban por el aumento de venta de autos 0 km gracias a un dólar por el piso y algunos pusilánimes jugaban a los grandes negocios dentro de las empresas publicas hasta que este ciclo económico, que llamamos el boom de la soja, terminó cotizándose la oleaginosa a su precio histórico de 300 dólares.

Fue en ese entonces que aquellas tierras de criollos, que pasaron a un británico, que por descendencia terminó siendo un mojón ruralista, y que un alemán de los más millonarios del planeta transformara en una máquina de producir granos, se vuelve a vender. Nuevos propietarios, un fideicomiso de capitales extranjeros asociado a los fondos previsionales de la mayoría de los uruguayos, que en este caso le incorporó otro avance. Más de 15 pívots de riego que hacen que su producción se multiplique. Seguía la izquierda en el poder...

Ejemplos de estos existen en los cuatro puntos cardinales del país. Es la historia viva del Uruguay, aquello que los dueños pasan y la tierra queda es de perogrullo. La leyenda de las trasnacionales que vienen por la soberanía choca con la realidad. Empresas de todo tipo y origen, producen si es rentable. Empresas de todo tipo y origen son más competitivas si invierten para ello.

El viento de cola nos dejó el gasoil más caro del planeta, endeudamiento record, capitalización de ANCAP, la carga fiscal agropecuaria más alta de la historia y el 60 por ciento de los productores sin llegar a una canasta básica, con un partido necio que después de haber aprovechado las bondades de 5 millones de hectáreas en manos de extranjeros, ahora hablan de que la propiedad de la tierra es un tema de soberanía nacional.

La tierra no es tierra, es suelo, es factor de producción, es materia viva que genera el primer eslabón económico, que posteriormente se multiplica. Es cultura de trabajo, y una forma de vivir.

Para cuidar a sus productores hay que ponerse en sus botas, saber que trabajar al aire libre impide pagar impuestos directos, y que por supuesto todos son iguales ante la ley.

En el Uruguay Frentista, Aratitri o UPM tuvieron más ventajas que una familia de San Ramón, un emprendedor ovino de Itapebi o un descendiente de ruso girasolero de San Javier.

Si la carga tributaria hubiese sido la misma, o si el Banco República hubiese actuado con la misma mano abierta, la izquierda ofrecería legitimidad al hacer este tipo de planteos. Al no tener autoridad moral para hacerlo, iremos al debate con las únicas armas que de chicos nos transmitieron: la verdad y la realidad.

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Sebastián Da Silva

Siempre vinculado al mundo del campo, hoy es senador del Partido Nacional, por el sector Espacio 40, director de Da Silva Agroinmuebles y C.E.O de Don Augusto Agro Uruguay. Una frase que lo define: Siempre en el camino, nunca en la posada.

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