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Escribe Gerardo Sotelo

Opinión | Cuba: el socialismo se desvanece en el aire

La frase sirve mejor para describir la disolución del socialismo que la del capitalismo.

24.06.2026 10:43

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La expresión fue escrita por Marx y Engels en el Manifiesto comunista, para describir cómo el capitalismo disolvía todo orden previo en un torbellino de cambio permanente. “Todo lo que es sólido se desvanece en el aire”, afirmaban. Un siglo y medio después, vemos repetirse en Cuba las imágenes de 1989 y 1991, en Berlín y Moscú: la frase sirve mejor para describir la disolución del socialismo que la del capitalismo.

Tras las 176 medidas económicas anunciadas por el régimen de los Castro, lo que durante décadas se presentó como un edificio indestructible hoy se desmorona de golpe, sin que casi nadie lo lamente. A excepción de su dictadura, único componente sólido del experimento revolucionario.

Las medidas equivalen a desmontar los pilares fundamentales del socialismo. La propiedad estatal deja de ser dominante; la planificación central se reduce a orientaciones generales; el monopolio del comercio exterior se fractura; el sistema financiero estatal se abre a la banca privada; el mercado, antes clandestino o tolerado, se vuelve legal y expansivo. La disolución es de tal magnitud que el régimen híbrido resultante será notablemente menos socialista que el venezolano.

La ineficiencia económica que generó la revolución durante siete décadas destruyó la sociedad. Millones de cubanos vivieron bajo un sistema caracterizado por la escasez, la propaganda y la vigilancia, y millones encontraron en la emigración la única válvula de escape.

Familias partidas, generaciones condenadas a la precariedad, profesionales reducidos a sobrevivientes, presos políticos, delaciones y miedo cotidiano marcaron a la isla desde 1959. El experimento no fracasó solo en términos productivos, sino en términos profundamente humanos; las cicatrices seguirán abiertas mucho después de que se desvanezcan las parrafadas pseudoeconómicas sobre planificación y propiedad estatal.

Por ahora, lo que vemos es al régimen desmontar el socialismo con la misma solemnidad y retórica con la que antes lo proclamaba. Se privatiza sin decir “privatización”, se liberaliza sin pronunciar “mercado”, se abandona el dogma sin reconocer la herejía. Los burócratas, con sus guayaberas almidonadas, explican la apertura económica como si fuera un acto de fidelidad revolucionaria, mientras detrás de ellos se levantan supermercados, bancos y empresas privadas, sin que nadie pronuncie las palabras prohibidas.

Sin embargo, Cuba transita hacia un modelo económico postsocialista sin avanzar hacia un modelo político posautoritario. La economía se acerca a Vietnam pero la política permanece en Corea del Norte. Un híbrido de capitalismo administrado con partido único, de apertura económica sin apertura institucional, en el que el mercado entra por la puerta principal, pero la libertad política sigue esperando turno, sin fecha ni número. El comunismo es una ideología tan perversa que causa el mismo dolor en cualquiera de sus fases, ya sea que se expanda o se disuelva.

Entre tanto, los represores, burócratas y demás parásitos que han vivido del régimen se aferran a lo único que queda del experimento: la dictadura. Todo lo demás se ha desvanecido en el aire.