Eduardo Gudynas
escribe eduardo gudynas

Opinión | Cambio climático entre discursos radicales y acciones insuficientes

Los acuerdos sobre cambio climático que se acaban de firmar en Glasgow siguen siendo insuficientes para detener el calentamiento global con todas sus consecuencias

15.11.2021 13:46

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2021-11-15T13:46:00
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Después de dos semanas de negociaciones intensas, y con un día de atraso, los casi doscientos países signatarios de la Convención sobre el Cambio Climático, llegaron a un acuerdo. Todo el proceso tenía varios propósitos, pero todos deberían impedir que se siguieran acumulando gases invernadero que desencadenan el cambio climático global.

La temperatura media del planeta ya aumentó 1,2 grados desde que se inició la era de los combustibles fósiles, y es urgente evitar que supere el umbral de 1,5 grados al final del siglo. Supuestamente movidos con ese propósito, los gobiernos acaban de firmar un convenio general, denominado Pacto de Glasgow, y otros en cuestiones como detener la deforestación, reducir las emisiones de gases metano, o abandonar el carbón.

Si todos esos acuerdos se pusieran en práctica de manera real, sin que nadie hiciera trampas, de todos modos se estima que la temperatura aumentaría 1,8 grados. Es un escenario muy optimista, porque en realidad los países frecuentemente dicen una cosa en esos foros globales pero luego hacen otra.

Es así que cuando se considera lo que los países han venido haciendo en el pasado reciente, incluyendo de ese modo sus incumplimientos, ineficiencias, atrasos, trampas, etc., la temperatura global aumentaría 2,7 grados. Esa es una situación muy grave.

Si se sigue quemando petróleo, gas o carbón a los ritmos actuales, la temperatura planetaria subiría a unos niveles que, según la comunidad científica, desencadenaría un cataclismo ecológico en muchas regiones, descalabros severos en obtener alimentos y en los regímenes hídricos, y así sucesivamente. Bajo esas condiciones la vida de los humanos, tal como la conocemos, estaría en riesgo.

En ese sentido, ese Pacto de Glasgow  es totalmente insuficiente porque nos lleva a un mundo caliente. No es que el pacto no contenga algunos avances, ya que por ejemplo actualiza los compromisos para planes nacionales de las emisiones de gases. Tampoco puede decirse que no existieran compromisos en paralelo, y entre ellos se cuentan aquellos ya mencionados, para enfrentar la deforestación y para reducir las emisiones de metano, ambos firmados por Uruguay.

La cuestión de fondo radica atacar las emisiones de los principales gases invernadero, en especial el dióxido de carbono de hidrocarburos y carbón. Unos pocos países, acompañados por gobiernos subnacionales o municipales, entendieron esa necesidad. En Glasgow surgió una llamada alianza post-petrolera que incluye a Francia, Irlanda, Suecia, Costa Rica, y Dinamarca, y otros socios.

Pero la mayoría de los gobiernos esquivan esos compromisos. No solamente se oponen a dejarlos atrás, abandonando el petróleo o el carbón, sino que ni siquiera soportaban que esa idea fuera mencionada en el texto final del Pacto de Glasgow. La negación provino como era de esperar desde los países petroleros del Medio Oriente y Rusia, pero se sumaron China, India y hasta Australia. Eso explica que el texto final estuviera repleto de palabras vagas, tales como “acelerar los esfuerzos” para abandonar el carbón.

Pero nada impide que todos los delegados gubernamentales ofrezcan discursos por momentos muy radicales a pesar de sus tímidas acciones. Por ejemplo, la ministra de economía de nuestro país, Azucena Arbeleche, en Glasgow dijo que enfrentamos una “emergencia climática”, que requiere “acciones inmediatas”, “soluciones a largo plazo” y dejó en claro que los “pequeños ajustes” o cambios paulatinos ya no son suficientes.

Esos dichos, allí en la cumbre climática, seguramente son compartidos por muchos, pero el problema es que eso no se aplica en la política y gestión ambiental del Uruguay actual. Hay muchos ejemplos: la institucionalización del Ministerio del Ambiente sigue incompleta, nuestro plan de manejo de las emisiones de gases invernadero en realidad podría permitir aumentarlas, y se ha propuesto un impuesto a las emisiones de carbono pero solo de las naftas y no de otros combustibles fósiles.

Esa misma distancia y contradicción se repite con otros gobiernos. En Glasgow el presidente de Argentina, Alberto Fernández lanzó un enérgico mensaje para enfrentar el cambio climático y hasta reclamó que la deuda externa fuese reconvertida en inversiones para atacar el cambio climático. Una proclama que muchos podríamos acompañar. Pero dentro del país, su gobierno ha montado un enorme paquete de apoyos y subsidios para la explotación de hidrocarburos en la Patagonia.

Y de ese modo, en las palestras internacionales y ante los medios los gobiernos casi parecen ambientalistas y revolucionarios, pero cuando se examinan sus gestiones enseguida aparecen los claroscuros, las incapacidades y las trampas. Esas contradicciones, repetidas por casi todos los gobiernos explican que mientras prometen que la temperatura promedio no debería superar los 1,5 grados de aumento, en realidad estamos marchando hacia incrementos que se acercan a los 3 grados.

Padecemos una adicción a los combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón, que es muy profunda. Está tan arraigada que se repite en casi todos los países, incluso aquellos bajo muy distintos regímenes políticos. Estados Unidos y China son un ejemplo impactante. Uno es capitalista y el otro socialista, uno con todas sus contradicciones entre corporaciones contaminantes y militantes ambientalistas, y el otro con las tensiones entre los funcionarios del partido y la presión ciudadana. Pero los dos son grandes contaminadores, los dos lanzan floridos en ese tipo de cumbres, pero cada uno a su modo defiende a los combustibles fósiles. Esa adicción se ha vuelto una condición pre-política en tanto es previa a las posturas de casi todos los partidos políticos, incluso precede al capitalismo como al socialismo contemporáneo. Es como si ninguno pudiera escapar de los mitos desarrollistas y solamente pudieran discutir cómo llevarlo adelante. Entretanto, las chimeneas siguen humeando.

Mas informaciones:

El Pacto de Glasgow se puede leer en el sitio web de la Convención Marco en Cambio Climático (en inglés): https://unfccc.int/sites/default/files/resource/cma2021_L16_adv.pdf

Sobre las posturas de Uruguay y los compromisos firmados días atrás sobre cambio climático, deforestación y metano, ver mi anterior columna: https://www.montevideo.com.uy/Columnistas/Opinion--Uruguay-entreverado-entre-arboles-y-gases-en-Escocia-uc803095

ESCRIBE

Eduardo Gudynas

Analista en temas de ambiente y desarrollo, y defensor de la Naturaleza. Integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) e investigador asociado en el Departamento Antropología, Universidad California, Davis. Acompaña organizaciones ciudadanas, desde grupos ambientalistas a federaciones indígenas, en distintos países del continente.

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