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Escribe Luis Hierro López

Opinión | América Latina debe renovar sus concepciones en torno a la integración

Nuestra región no puede repetir el proceso de ideologización que sufrió en los últimos tiempos, cuando la integración y el Mercosur pasaron a ser plataformas de las conveniencias de los partidos gobernantes en vez de pasaportes para la consagración de los intereses comunes.

29.06.2020 15:40

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2020-06-29T15:40:00
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El presidente de Argentina, Alberto Fernández, participó de una videoconferencia - https://www.elpais.com.uy/mundo/fernandez-dijo-lula-region-lopez-obrador-quieren-cambiar-mundo.html - en la que reiteró su concepción ideológica sobre la integración americana. Fernández dividió a los líderes latinoamericanos en dos, los amigos suyos y los otros. Hablando en esa circunstancia con Lula, dijo que "No te quiero mentir querido Lula: yo no lo tengo a Néstor (Kirchner), al Pepe Mujica, a Tabaré (Vázquez), a (Fernando) Lugo, a Evo (Morales), a Michelle (Bachelette), a (Ricardo) Lagos, a (Rafael) Correa, a (Hugo) Chávez. A duras penas somos dos que queremos cambiar el mundo. Uno está en México, se llama Andrés Manuel López Obrador, y otro soy yo".

Agregó el mandatario que "otra vez los pueblos de América Latina van a volver a ponerse de pie y, como Bolívar y San Martín enseñaban, vamos a construir la patria grande. Y recuperaremos esa dignidad que tuvimos cuando vos presidías Brasil, cuando Néstor presidía Argentina, cuando Tabaré y Pepe estaban en Uruguay, cuando Evo estaba en Bolivia. Esto vamos a volver a ser. Estoy convencido. Es solo tenacidad".

El presidente Fernández replantea por lo tanto una forma de integración ideológica como la que vivió el Mercosur y el continente en las décadas pasadas, en las que, a impulsos de Chávez y de su poderosa petrobilletera, se impuso una propuesta internacional hemipléjica, ya que comprendía a quienes pensaran igual, erradicando a los otros líderes o naciones.

En esta circunstancia, Fernández excluye por lo menos a Uruguay, a Brasil, a Paraguay y a Chile, sus principales vecinos, lo que parece inapropiado.

Ese modelo de vinculación de los países, en el que "lo político prevaleció sobre lo jurídico" - como dijo el expresidente Mujica para justificar la suspensión de Paraguay del Mercosur para hacer entrar a Venezuela por la ventana - ha caducado, enfermo de la retórica bolivariana. Sería un grave error volver a ese tiempo de divisiones.

Es evidente que los gobiernos del Mercosur y de América Latina pueden tener signos ideológicos diversos -como ocurre en Europa o en América del Norte - lo que en vez de ser una complicación es, por el contrario, una virtud. La integración no debe acomodarse a esas tendencias del momento, sino que debe partir de los intereses permanentes que sean comunes a los países: los puertos, el libre comercio, las carreteras y los puentes, el intercambio de energía; como viene de decir muy oportunamente el expresidente Lacalle Herrera en un libro de estos días. Los partidos políticos pueden tener sus organizaciones internacionales, como efectivamente ocurre, pero no deben someter los procesos institucionales de integración a sus criterios.

El Mercosur original planteó algunas condiciones básicas: apertura comercial sin proteccionismos, libre circulación de personas y de bienes en la región - con todo lo que ello significa - y compromiso democrático. Diseñar otra vez un proceso de integración entre los amigos ideológicos significa desconocer esos mandatos y reiterar una experiencia que salió mal.

Tenemos la oportunidad de no repetir el pasado reciente, tan lleno de discursos sin destino, pero flaco a la vez en conquistas efectivas.