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Escribe Marcos Presa

Opinión | Agroecología: una decisión de país para producir y cuidar nuestro territorio

El desarrollo agropecuario no puede medirse únicamente por los volúmenes producidos, sino también por la capacidad de cuidar los recursos.

04.09.2026 10:50

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Escribe Marcos Presa

Marcos Presa

Representante Nacional (2025-2030), especializado en Desarrollo Rural y Gobernanza, con más de 20 años de trayectoria en la articulación entre el sector productivo, la gestión técnica y la representación política. Su experiencia incluye el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), donde se desempeñó en la Gerencia de Operaciones del SNIG, y su labor como Edil de Montevideo (2020-2025). Actualmente preside la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca de la Cámara de Representantes (2026-2027).

La aprobación por unanimidad en la Cámara de Representantes del Día Nacional de la Agroecología no debe ser entendida simplemente como la incorporación de una nueva fecha al calendario. Es una señal política y un reconocimiento a una forma de producir que ya existe en Uruguay, que involucra a miles de familias y que plantea una discusión de fondo sobre el modelo de desarrollo rural que queremos para nuestro país.

Hablar de agroecología es hablar de producción, alimentos, trabajo, territorio y futuro. Es discutir cómo producimos hoy sin comprometer la capacidad de producir mañana. Y, sobre todo, es reconocer que el desarrollo agropecuario no puede medirse únicamente por los volúmenes producidos, sino también por nuestra capacidad de cuidar los recursos naturales, sostener a quienes trabajan la tierra y garantizar el arraigo de las nuevas generaciones.

Los datos oficiales muestran la importancia de la producción familiar. Según el Registro de Productores Familiares del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, a setiembre de 2025 Uruguay contaba con 15.805 unidades productivas familiares y 27.550 productores y productoras registrados, vinculados a más de 1 millón de hectáreas. Este sector representa, además, el 54% del valor de la horticultura, el 35% de la fruticultura y el 20% de la lechería.

Detrás de estos números hay familias, comunidades y territorios. Y existe una realidad que no podemos ignorar: de acuerdo con los datos del Censo General Agropecuario utilizados por el Plan Nacional de Agricultura Familiar, las explotaciones familiares representaban el 56,3% de las explotaciones agropecuarias, pero ocupaban apenas el 13,7% de la superficie. Por eso, hablar de agroecología también implica hablar de acceso a la tierra, arraigo y relevo generacional.

Uruguay ha avanzado en materia normativa. La ley nº 19.717, aprobada en 2018, declaró de interés general la promoción y el desarrollo de sistemas de producción y consumo basados en la agroecología, vinculándolos con la soberanía y la seguridad alimentaria, el cuidado del ambiente y la calidad de vida. La norma creó además una Comisión Honoraria y dio lugar al Plan Nacional de Agroecología, construido mediante un proceso participativo e implementado desde 2022.

Pero una ley y un plan nacional no alcanzan por sí solos. El verdadero desafío está en convertir esos compromisos en políticas públicas concretas, sostenidas y con recursos. No podemos pedirle a un productor que transforme su sistema productivo si no cuenta con asistencia técnica, investigación, capacitación, financiamiento, acceso a mercados y condiciones económicas que hagan viable esa transición.

Por eso, el Día Nacional de la Agroecología debe ser también un punto de partida. Debe servir para evaluar qué hemos hecho, qué falta hacer y qué herramientas necesita el sector para crecer. La agroecología no puede quedar reducida a experiencias aisladas ni a discursos institucionales: debe formar parte de una estrategia nacional de desarrollo rural y de producción de alimentos.

La aprobación en la Cámara de Representantes con 73 votos sobre 73 expresa un consenso que debemos saber aprovechar. Es el reconocimiento institucional de un proceso construido durante años por productores, organizaciones rurales, colectivos, instituciones académicas y organismos públicos. Entre ellas, la Red de Grupos de Mujeres Rurales, la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas, la Red de Agroecología del Uruguay y la Red de Huertas Comunitarias del Uruguay han sido fundamentales para instalar esta discusión en la agenda pública.

También debemos superar una falsa contradicción: producción o ambiente. El verdadero desafío es producir y cuidar. Un país que deteriora sus suelos, compromete sus fuentes de agua, pierde biodiversidad o expulsa a sus productores del territorio está hipotecando su futuro productivo.

La agroecología plantea justamente una mirada diferente: producir alimentos preservando las condiciones que hacen posible producir. Eso requiere conocimiento, innovación y tecnología, pero también recuperar y valorar saberes construidos por generaciones de productores. No se trata de volver atrás. Se trata de avanzar hacia sistemas productivos más resilientes, sostenibles y adaptados a los desafíos que enfrentamos.

En un mundo atravesado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la incertidumbre de los mercados internacionales, la soberanía alimentaria adquiere una dimensión estratégica. Tener capacidad de producir nuestros propios alimentos, proteger nuestras semillas, conservar nuestros suelos y sostener a nuestros productores también es defender nuestra capacidad de decidir como país.

Por eso, reconocer la agroecología implica asumir una responsabilidad política. La fecha debe servir para visibilizar, pero también para actuar. Necesitamos políticas que acompañen al productor, fortalezcan la producción familiar, promuevan el acceso y la permanencia en la tierra, impulsen la investigación y faciliten la comercialización de los productos agroecológicos.

El futuro del agro uruguayo no se construirá eligiendo entre producción y ambiente. Se construirá entendiendo que ambos forman parte de un mismo proyecto de país.

El 3 de setiembre no debería ser solamente un día para celebrar la agroecología. Debe ser una fecha para reafirmar una decisión: queremos un Uruguay que produzca, que cuide sus recursos, que sostenga a sus familias rurales y que pueda seguir produciendo alimentos para las próximas generaciones.

Porque cuidar la tierra hoy no es dejar de producir. Es garantizar que Uruguay pueda seguir produciendo mañana.