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Escribe Mireia Villar Forner

Opinión | 75 años de ONU: El valor de la cooperación y las soluciones basadas en ciencia

Entre los devastadores impactos que ha tenido la pandemia en la vida de las personas, se vislumbran algunas enseñanzas como la importancia de la comunidad científica y lo frágil que es nuestra relación con la naturaleza

23.10.2020 18:36

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2020-10-23T18:36:00
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Hoy, 24 de octubre de 2020, se cumplen 75 años de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas. Este no será un aniversario cualquiera para nuestra organización. Incluso antes de que se declarara la pandemia de la Covid-19 sabíamos que el mundo no estaba para celebraciones: las críticas al multilateralismo a nivel global y la falta de concreción en torno a los compromisos adquiridos por los países cinco años atrás en la Asamblea General de Naciones Unidas estaban dejando sin fuelle a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Por eso, en lugar de grandes festejos, la consigna del Secretario General António Guterres fue la de poner a la organización a la escucha. Y nos propusimos escuchar atentamente a los ciudadanos. Fue así como gestamos durante el 2020 la mayor conversación mundial de la historia. Una conversación en la que les preguntamos a las mujeres y hombres del mundo sobre sus sueños, temores y sobre el rol de la cooperación en la construcción del futuro que queremos.

En este difícil contexto, el mejor regalo de aniversario ha sido oír de primera mano que la mayoría de las personas quieren más -y no menos- cooperación para resolver los problemas que afrontamos como humanidad. Y la respuesta que hemos recibido en Uruguay es aún más categórica al respecto.

Entre los devastadores impactos que ha tenido la pandemia en la vida de las personas, se vislumbran algunas enseñanzas: la pandemia nos muestra el valor de enfrentar en común los desafíos globales, la importancia de una comunidad científica comprometida con la trayectoria de desarrollo de los países, y lo frágil que es nuestra relación con la naturaleza. Reflexiones claves si queremos recuperar la ambición de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En este marco, Uruguay ha tenido un desempeño diferencial en su manejo de la pandemia, basado entre otros factores en una respuesta epidemiológica adecuada y oportuna, una buena dosis de responsabilidad ciudadana, la existencia de servicios de salud de calidad y dispositivos de protección social, la implementación de medidas para una temprana reactivación de la economía, y la toma de decisiones basada en asesoramiento científico de primer nivel.

El hecho de estar ante una amenaza colectiva y urgente, con mayores impactos en los más vulnerables, fortaleció la solidaridad entre sus habitantes, generando a su vez nuevas oportunidades para la colaboración público-privada. Esto permitió, por ejemplo, que el país desarrollara en tiempo récord kits de testeo propios o aplicaciones para el rastreo de casos y la telemedicina. Adicionalmente, las señales del estado para habilitar esta cooperación, promoviendo la demanda de soluciones basadas en la ciencia y la tecnología, se constituyó en un estímulo fundamental para el ecosistema de innovación nacional.

Si bien es aún muy pronto para cantar victoria, Uruguay tiene la oportunidad de extender estos ámbitos de cooperación, y con ellos el activo reputacional que ha logrado por su respuesta inicial a la crisis sanitaria, a su recuperación socioeconómica en el mediano y largo plazo. Recuperar el empleo y ampliar las oportunidades laborales para las mujeres y para los jóvenes, es sin duda una de las prioridades más inmediatas. Pero con la cooperación y las soluciones basadas en la ciencia de las que somos capaces podemos hacer de la recuperación económica un proceso todavía más virtuoso que nos permita no solo resolver los problemas de hoy sino encarar los de mañana.

Si elegimos priorizar a la población más vulnerable, estimulamos el crecimiento en sectores que promuevan la formalización, la acción climática (y modelos de negocio más circulares), fomentamos la economía del conocimiento y del cuidado, y articulamos nuevas agendas digitales y energéticas al servicio del bienestar colectivo, estaremos más cerca del desarrollo sostenible que los uruguayos tanto anhelan.

Afortunadamente, a nivel mundial los consumidores, los mercados y los financiadores ya dan señales sobre los productos y las empresas que van a elegir: aquellos que agreguen valor en lo económico, social y medio ambiental. Es pues el momento de amortizar el capital reputacional de Uruguay creando las condiciones para que la inversión de impacto -la que contribuye a los Objetivos de Desarrollo Sostenible- tenga una pista de aterrizaje en el país. Esto supone crear nuevos vehículos financieros, regulaciones y métricas que permitan retribuir el triple impacto. En un contexto de difíciles equilibrios fiscales, poner a trabajar de un modo más articulado a las distintas fuentes de financiamiento se vuelve una necesidad.

La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible ofrece un marco excepcional para repensarse, medirse y priorizar agendas de cooperación a mediano y largo plazo. El equipo de Naciones Unidas en Uruguay está a las puertas de firmar su nuevo Marco de Cooperación para el periodo 2021-2025 y si hay algo que las 15 agencias que trabajan en el país tenemos claro, es que nuestra labor es acompañar en la generación de consensos, conectando al país con la experiencia, el financiamiento y las redes globales que harán posible que Uruguay siga inspirando al mundo.

*Mireia Villar Forner es Coordinadora Residente de Naciones Unidas en Uruguay