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Escribe Soledad González

Opinión | 300.000 invisibles

Está sucediendo lo mismo que sucede desde hace 4 años, cuando las mujeres volvimos a salir a la calle de forma masiva todos los 8 de marzo.

28.08.2020 14:58

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2020-08-28T14:58:00
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Escribe Soledad González | @solsticia_uy

Estamos en medio de un torbellino de denuncias de abuso sexual, acoso y micromachismos en redes sociales por parte de mujeres de todas las áreas de la vida social, hartas, hartas de soportar todo tipo de maltrato, que incluye la violación, como mecanismos totalmente naturalizados.

Escuchamos a los varones y al sistema político "sorprendido" por esta oleada, por la forma, se dice que el "escrache en redes sociales no es la forma", "se lleva puesto el principio de inocencia", "las mujeres mienten" por un lado, y por otro, viejas frases hechas de "estoy comprometido/a a luchar contra la violencia" y similares.

Pero ¿qué está sucediendo? Está sucediendo lo mismo que viene sucediendo desde hace 4 años, cuando las mujeres hemos vuelto a salir a la calle de forma masiva todos los últimos 8 de marzo. Y esa salida en masa no ha sido ni comprendida por el sistema político ni por la gran mayoría de los varones de este país.

Tanto unos como otras/os creyeron que marchar el 8 no implicaba nada más que colocarse un lazo violeta en la remera, que autodefinirse feminista no implica nada más que enunciar la palabra y ya está, cual pócima mágica. Y eso muestra la gran falta de entendimiento de lo que está sucediendo con nosotras, las mujeres.

La marcha no es un ritual religioso de pedido a las diosas que con sus poderes suprahumanos eliminen el patriarcado de la tierra. Aún con las diferencias que tenemos las feministas sobre el significado que se le da la marcha, si algo no es la marcha, es un acto de fe.

La marcha congrega a tantas mujeres, tan distintas entre nosotras, pero unidas en un mismo grito de ¡BASTA YA! Basta de desigualdad, basta de violencia de género. Un grito que insisto, no ha sido escuchado aunque muchos/as marchen al lado nuestro creyendo que están ahí porque comparten el sentir, y no, evidentemente no lo han entendido.

Decenas de miles de quienes marchamos allí reclamamos acciones a los gobiernos sin obtener respuesta. Quizá el 8 de marzo sea un gran ejemplo de movilización sin repercusión política, un caso rara avis, eso que está en la base de la acción política de cualquier persona que aspire a representar a otras acá no funciona, no escuchan lo que pedimos.

Tampoco los varones entienden qué pedimos, de qué hablamos concretamente cuando decimos que el patriarcado tiene que caer, ¿por qué nos quejamos? Si ellos siempre actuaron así y nunca hubo problema. ¿Por qué ahora les venimos con esto? Si hasta hace poco no nos quejábamos porque nos tocaran la cola en la calle. ¿Por qué ahora sí?

Y en medio de esta falta de comprensión, el hartazgo toma forma de denuncia virtual y se hace tsunami, las mujeres empiezan a denunciar todo tipo de conducta abusiva por parte de jefes, compañeros y docentes, y no para, es una ola tras otra, una semana tras otra aparecen grupos de mujeres que vuelven a gritar ¡BASTA YA!

Y ahí vemos a estos dos grupos desconcertados, sin saber qué hacer, bajando abusadores de listas partidarias, de cátedras, de empleos, de corporaciones profesiones, de clubes sociales, queriendo separarse de los señalados. Y vuelven a no entender lo que deben hacer, deben hacerse cargo de lo que estamos diciendo, hacerse cargo de lo que hacen e hicieron siempre, hacerse cargo de cambiar y de actuar para garantizarnos el acceso a todas las cosas que las mujeres queremos hacer y tenemos derecho a hacer; y sobre todo garantizarnos una vida libre de violencia.

No sé si esta nueva manifestación masiva alcanzará para que comprendan que estamos realmente hartas de soportar esta desigualdad, el abuso de poder y la violencia que conlleva.

De lo que no hay dudas es que no nos callamos más.

Activista feminista uruguaya. De Cotidiano Mujer.