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Opinar o no opinar, esa es la cuestión

Opinar o no opinar, esa es la cuestión

Es otro verbo, pero tiene que ver exactamente con lo mismo, ser o no ser. Sin opiniones, no existimos, no somos de izquierda, ni ciudadanos.

29.03.2016

Lectura: 6'

2016-03-29T00:21:00
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Y en ciertos y amplios sectores de la izquierda, digamos del aparato de la izquierda, ha crecido el concepto de que las opiniones deben administrarse juiciosamente y con el supremo objetivo de preservar el poder.
Nadie lo dirá de manera tan brutal, pero es el fondo ideológico que sustenta la persecuta contra el debate de ideas de cara a la sociedad que promueven muchos, demasiados en el Frente Amplio. Todo hay que pasarlo por el filtro de la "interna", hay que sepultarlo en alguna de las estructuras del poder, en el gobierno, en el Frente, en los partidos.

¿Los partidos políticos tienen derecho a discutir los temas en su interna? Naturalmente, el problema son los límites, y los temas que atañen a la vida de la sociedad, de su economía, de su educación, de su seguridad, del funcionamiento de sus instituciones o en otro plano de sus empresas y bancos del estado, y sobre todo de la moral pública. Pueden y sobre todo deben, discutirse ante la ciudadanía. Y el método elegido para ese debate también tiene mucho que ver con el fondo, con los contenidos.

Cuando el método es la permanente filtración de informaciones importantes, tanto del gobierno, como de la propia fuerza política, de acuerdo a la conveniencia y a la elección de cada sector o dirigente y además se transforma en "fuentes" anónimas, es además de un método hipócrita, es profundamente nocivo para la vida saludable de una organización política y social. Y eso se ha transformado en costumbre en nuestros gobiernos y en el FA.

Mientras se grita en las tribunas a favor del más riguroso respeto de los debates internos y dentro de las estructuras, se apela sistemáticamente a las filtraciones. No es un desliz, es una visión de la política como maniobra, como "operación" y no como construcción colectiva y abierta a la sociedad. El abuso de las filtraciones es además un canto a la cobardía, una convocatoria al anonimato.

Las opiniones son imprescindibles, deben ser abiertas a la gente y con firma completa. Opinar y dar la cara es inseparable.

Sin opiniones una fuerza política, es simplemente una máquina de poder, y las opiniones no pueden ser un decálogo de lugares comunes que no incomoden a nadie. Son opiniones si se refieren a temas, a enfoques, a debates verdaderos y que hacen ruido, suenan porque tocan aspectos relevantes de la vida social y política. Y eso siempre fue así, pero ahora, con la velocidad de las nuevas formas de comunicación e interrelación entre la gente por las redes sociales, se hace todavía más exigente.

Lo que me produce cierta gracia, para ser suave, es que algunos que proponen el silencio, el respeto por los organismos internos y claman por la extrema mesura, apoyan y apoyaron a José Mujica que hizo de sus opiniones, en todo momento, sobre todos los temas, la fuerza principal de su acción política y con enorme resultado. ¿Acaso Mujica en cualquiera de sus cargos, hasta el más encumbrado hizo silencio sobre algo?
¿Todos debemos transformarnos en Mujica? Lo veo difícil, pero lo que no podemos y menos debemos, es hacer del silencio, de ocultar rigurosamente nuestras opiniones detrás del supremo respeto institucional o de altísimos intereses unitarios, un nuevo dogma. Eso es suicida, para el que lo hace y para el propio Frente Amplio.

Si la unidad del Frente Amplio se basa en el silencio, en que solo algunos pueden opinar por sus cargos, por el respaldo de las estructuras y no resiste el debate franco y abierto de ideas, todos sabemos cuál será el final, aunque no nos animemos a predecirlo.

Opinar es pensar, es interrogarse a fondo sobre los problemas, es estudiarlos, es aprender, es arriesgarse y es la base para construir políticas a todos los niveles.

Buscar el mínimo común denominador que genere unanimidades, es además de un esfuerzo inútil, un suicidio colectivo o directamente la paulatina entrega de posiciones y valores.

El consenso que fue un elemento clave en el nacimiento del FA, y en la presidencia de Liber Seregni, se basaba en la negociación de opiniones, no en la excomunión de los que pensaban diferente. Y vaya si los había.

Estamos ante una prueba muy importante, las elecciones a la presidencia del FA, luego de muchos meses de su decapitación. No todo se resolverá con esta elección, pero definiremos si avanzamos o retrocedemos.
Puede ser una ilusión personal, casualidades de encuentros por la calle, mala lectura de encuestas diversas, pero tengo la leve impresión de que hay muchos, muchos votantes del FA e incluso frenteamplistas de las más diversas generaciones que hoy no solo han perdido su enamoramiento sino que se sienten alejados del Frente. El gran desafío hacia el 29 de abril es que gran cantidad de gente no termine votando con los pies, alejándose de las urnas y de las candidaturas.

Si no hay un debate serio, si los cuatro candidatos casi no se diferencian, si en realidad las elecciones son un nuevo momento del rito de mantener la estructura, vamos a recibir una dura sorpresa.

Porque además, si no hay debate es porque lo ocultamos, porque tenga la más absoluta convicción de que existen opiniones diferentes sobre temas calientes y actuales y sobre el futuro. ¿Es justo ocultarlas, camuflarlas, algodonarlas?

¿Quién gana con esos silencios y esas convocatorias a debates mediatizados? No gana el FA y menos gana la gente.

Y eso no tiene que ver con compañeros que ocupan posiciones en diferentes cargos, es más amplio, es una visión ideológica con hondas raíces, que abarca sectores de militantes que consideran que todo debe ser "interno", que no hay que "darle pasto a las fieras" y que terminan aportando su buena voluntad para que las fieras nos devoren cómodamente, eso sí, en silencio.

¿Alguien puede creer que la situación de ANCAP -que originalmente en el gobierno del FA fue un muy buen proyecto estratégico, pero que terminó en un desorden general, en una gestión desastrosa y con resultados que contradicen totalmente los objetivos de la izquierda en el manejo de las empresas públicas como parte del Proyecto nacional- podía resolverse con un "asiento contable" de 622 millones de dólares, la resolución de un Plenario y mucho silencio?

Parece una pregunta retórica, pero tanto en la explicación dada por algunos compañeros gobernantes como por los silencios de ciertos informes de todos los senadores, ese concepto del silencio matizado está presente. Abrumadoramente presente.

Y el 29 de abril nos jugamos, ser o no ser. Opinar o no opinar.

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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