220 mil personas en forma voluntaria participaron en las elecciones internas del Frente Amplio en todo el país. Más de 65 mil personas participaron en la Fiesta de la X en el Parque Batlle y compartieron música, comida, amistad durante varias horas. La inmensa mayoría eran jóvenes. Algunas decenas de miles de personas colmaron Piriápolis para presenciar las carreras automovilísticas y en Montevideo ocho mil personas corrieron la carrera de 10 kilómetros organizado por la empresa Nike. En Buenos Aires la misma actividad congregó a 20 mil personas: este dato sirve para establecer comparaciones. Todos juntos, y aunque en algunos aspectos se sobrepongan, son mucha gente, verdaderas multitudes.

Creo que dan una señal de la salud de nuestra sociedad, del clima que hoy vivimos, de las formas de convivir y compartir. Si alguien pretende sacar un rédito político menor y forzado se equivoca, pero si otros no integran estos datos como elementos del clima social y cultural del país también cometen un error.

Se puede argumentar que estamos mezclando política, con diversión y entretenimiento, con deportes y espectáculos. En realidad el denominador común es la presencia masiva de personas, es el encuentro y la manifestación de multitudes a ello deberíamos agregar que no hubo ningún tipo de incidentes, por el contrario la organización fue destacable, muy buena. Quienes tuvimos más problemas fuimos los políticos que no hicimos las previsiones adecuadas y la gente nos superó.

Es un fenómeno creciente en todo el país. Las grandes fiestas populares en Durazno, en Paysandú, en Salto, en Lavalleja o Tacuarembó -y perdón si me olvido de otros departamentos-, se han transformado en convocatorias masivas, joviales y juveniles. Es notorio que la gente busca encontrarse y compartir. Los uruguayos tenemos algunos records interesantes: somos uno de los países en los que más espectadores participan en los partidos eliminatorios para participar en el campeonato mundial de fútbol. Y sufrimos estoicamente, aunque usted no lo crea. Tenemos el carnaval más largo del mundo y con una participación realmente masiva. Y no se trata sólo de destacar la presencia masiva de espectadores, sino de los que hacen y viven el carnaval. ¿Cuántos miles son?

El mito de los uruguayos solitarios, huraños y aislados no se compadece de esos datos. Al contrario es notorio que somos uno de los pueblos con los mayores índices de participación en las manifestaciones políticas del mundo. Proporcionalmente y sumando todos los partidos políticos debemos ocupar lejos uno de los primeros puestos. A pesar de que las campañas electorales televisivas son abrumadoras, la gente igual va a las caravanas, los actos, las manifestaciones pre electorales. Y votamos en porcentajes muy altos. ¿El voto es obligatorio? También en otros países y sin embargo nunca llegan a nuestros niveles.

Tenemos además otra peculiaridad, somos un pueblo que permanentemente se interroga sobre su identidad y la vitalidad de su nación. Y somos extremadamente críticos sobre nosotros mismos. La emigración, además de causas socio-económicas tiene una fuerte base cultural. En el fondo siempre tenemos abierta la puerta para echarle la culpa de nuestros males a este país de.... y nos equivocamos feo.

Yo quiero confesarme: soy uruguayo por elección y militancia y no por nacimiento, eso me permite mirar de adentro y de afuera. Lo último cada día me cuesta más, lo confieso. Los uruguayos no tenemos resueltos nuestros problemas, todavía nos falta un largo trecho para salir del pozo en el que caímos durante muchos años y en el que hace cuatro años nos precipitamos con violencia, pero este es un país repleto de posibilidades y con un gran potencial. También es cierto que nadie nos regala nada, hay que rascar, pelear, arrancar.

No cometeré la simpleza de atribuir todas estas virtudes a nuestra gente maravillosa, porque en el fondo esas afirmaciones superlativas son una forma de chauvinismo y de desprecio por los demás. Creo que somos, que tenemos una fuerte identidad a pesar de nuestras dimensiones -o precisamente por ello- que tenemos una tendencia marcada a convivir, que no quiere decir lo mismo que compartir, pero ya es un paso importante.

No es cierto que las cosas llegan al Uruguay después de 20 años, llegan cuando nosotros sentimos la necesidad, es una ventaja y un peligro, pero es una forma de afrontar la vida. Nos cuesta cambiar, porque nos cuesta que nos convenzan, pero si nos llegan al corazón y a la cabeza somos capaces de grandes impulsos.

Es cierto lo que una vez le escuché decir a Wilson Ferreira Aldunate, a los uruguayos se le puede pedir la vida, pero es muy difícil pedirles menos. Es una observación muy aguda. A veces nos faltan las aproximaciones, los intermedios y los altruismos y generosidades cotidianas y personales. Nos movemos mejor con los grandes gestos colectivos.

Alfred Conde dijo que el hombre es un milagro químico que sueña. La participación de los uruguayos de todas las edades en las diversas y variadas formas donde se encuentran y comparten es una forma de soñar, de utilizar la música, la nostalgia, la política, la diversión, el deporte, el carnaval para construir sueños breves y compartidos.

(*) Periodista. Coordinador de Bitácora. Uruguay.

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