Contenido creado por Gastón Fernández Castro
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Los meandros de la justicia

Los meandros de la justicia

26.12.2007

Lectura: 6'

2007-12-26T09:28:00-03:00
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La justicia es lenta y a veces no llega. Se parece a esos ríos perezosos que en sus largos recorridos por las llanuras se contorsionan en una sinuosa línea de agua. En estos días la justicia uruguaya se desperezó y ocupó todos los titulares. Primero hizo historia y proceso con prisión al ex dictador Gregorio Álvarez y luego a un jerarca del gobierno de izquierda Juan Carlos Bengoa. Corren ríos impetuosos de tinta y muchos sentimientos.

Alvarez es un teniente general (r) que faltó a su deber principal: defender la patria y su orden institucional democrático y ahora es un reo con semiplena prueba de ser el responsable jerárquico del traslado clandestino y posterior asesinato y desaparición de muchos compatriotas. En reiteración real. Además para la gran mayoría de  los uruguayos es culpable de una lista interminable de horrores y violaciones de las libertades, de la constitución y de los derechos humanos que no necesitan comprobación judicial. Pero en definitiva la justicia llegó, 23 años después de la recuperación de la democracia. Lenta, muy lenta. ¿Por qué?

Es una pregunta imprescindible. No por la justicia, sino por el país, por nuestra historia, que hay que seguir escribiendo. Nadie puede argumentar sed de venganza, ensañamiento, sino el simple curso encadenado de la ley. Fue procesado y está preso porque hace muy poco se conocieron los vuelos de la muerte de nuestra dictadura. Cayó una mentira más del régimen: que las muertes en Uruguay fueron accidentes o excesos en los interrogatorios o en alguna operación. Decenas de uruguayos fueron trasladados de Argentina, encerrados en dependencias de la dictadura, torturados, asesinados y desaparecidos. Y Álvarez lo ordenó y lo sabía perfectamente.

No era sólo la “patota de la OCOA” actuando por la libre, era un engranaje aceitado y terrible el que le trituró la vida a tantas familias uruguayas. Y esos siniestros personajes todavía se consideran “soldados... Es de cobardes asesinar prisioneros desarmados aún en las peores guerras. Ni hablemos de una piba de 18 años embarazada a la que le robaron su hija y la asesinaron, no hay adjetivos suficientes en ningún idioma.

El procesamiento fue posible por muchas causas, pero en primer lugar porque cambió el gobierno, porque antes y durante dos décadas dejaron flotar sobre la sociedad uruguaya la sombra del miedo, de la amenaza de posibles reacciones militares, sin reconocerlo, hablando con medias tintas y con el falso dilema entre el pasado y el futuro. El país hoy tiene futuro, se ocupa de muchas cosas y también se puede ocupar y se ocupa de sus heridas e injusticias del pasado. A Alvarez no lo amparaba ni siquiera la ley de caducidad.

Hubo quienes festejaron en público esa jornada de la nueva historia nacional impensable hace algunos años, otros lo hicieron en su furos íntimos, en sus recuerdos, otros no quisieron desempolvar sus recuerdos y otros se desentendieron del asunto. Reacciones de una sociedad compleja, madura y con muchas contradicciones. Creo que pocos se solidarizaron con el nuevo reo. Ni siquiera la mayoría de los militares. Lástima que muchos políticos tradicionales perdieron la oportunidad de expresarse.

El otro caso judicial que coincidió en el tiempo fue el procesamiento del contador Juan Carlos Bengoa, actual Director Nacional de Casinos y Loterías. Es un trago muy doloroso para la izquierda, me incluyo. No me gustan las reacciones primarias o los lavamanos. Si alguien es procesado es porque la justicia considera que hay semiplena prueba de haber cometidos un delito o varios. No está condenado, falta un largo proceso. Pero es un cambio radical.

Es cierto Bengoa fue procesado primero por la prensa y luego por la justicia. Esto vaya también para algunos ilusos que sigue creyendo en los reyes magos y que le dan pastito a los camellos, pero fue procesado y antes que nada quiero reaccionar como frenteamplista de a píe, como lo que soy, porque también es lícito y necesario hacerlo desde el estómago, desde la sensibilidad y no sólo desde la política y a mi esto me produce amargura, vergüenza y no quiero ocultarlo. No me importa que los otros tengan más manchas que un leopardo, a mi estas pocas manchas nuestras me amargan y me enojan profundamente. Y lo tengo que decir.

La gestión del poder siempre plantea el tema de la honestidad, de la transparencia y de las tentaciones. El problema central es cómo reacciona el poder cuando se presentan situaciones anormales. Soy un enemigo jurado de las condenas sumarias o por sensación térmica. Sé que se pueden fabricar, la historia está plagada de ejemplos. Pero una cosa es la condena judicial y otra muy distinta son las consecuencias políticas.

Es difícil separarlas, no hay una división esterilizada, unas influyen sobre las otras y no podemos hacernos los distraídos. Tampoco soy partidario de la teoría de que el bien común y la causa justifican cualquier cosa, ni por los apurados que condenan antes que nada o los que perdonan antes que todo. Y en esta larga declaración general confieso que no me gusta nada la justicia por mano política propia, situada por encima de los derechos y deberes que tenemos todos los habitantes de la república. Es demasiado peligrosa y próxima a desviaciones de todo tipo. La izquierda sabe mucho de esos tribunales. Dan miedo, del peor.

En este caso concreto creo que las respuestas políticas fueron lentas y que incluso algunas deberían haber sido funcionales, es decir referidas no al delito, sino a la capacidad de gestión. Hay que probar todavía si hubo dolo, pero creo que es difícil ocultar que hubo errores muy importantes, continuados y reiterados. Eso no se puede premiar con ascensos y menos con el mantenimiento en el cargo. Y no un cargo cualquiera, sino con el segundo sueldo más alto de toda la administración pública y con responsabilidad sobre un sector extremadamente delicado: los casinos y el juego y de continuidad con la anterior actividad en la Intendencia de Montevideo. No es fácil de explicar.

La Intendencia Municipal de Montevideo presentó el caso ante la justicia luego de una investigación interna. Hizo muy bien. Diferente son algunos manejos de la información para pequeñas y míseras zancadillas internas hechas por parte de algún alto funcionario de la IMM.

Todo el mundo tiene el derecho a confiar en sus colaboradores, en ser solidario si son atacados injustamente y no dejarlos a la deriva, pero como en todas las humanas cuestiones hay que saber encontrar un equilibrio una proporción. Se actuó tarde, demasiado tarde.

La frase de José Bergamín “A los amigos, con la razón y sin ella” exalta cierta virtud pero en el caso de la política no es recomendable, al contrario. Hay que ser sobre todo amigos de la verdad.