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Los compañeros que se equivocan

Los compañeros que se equivocan

El diccionario de la Real Academia define la palabra equivocarse: 1. tr. Tomar desacertadamente algo por cierto o adecuado. 2. tr. Hacer que alguien tome por cierto lo que no lo es. Es notoriamente un acto involuntario, aunque no lo diga muy explícitamente.

05.07.2016

Lectura: 4'

2016-07-05T00:49:00
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Últimamente, en nuestra jerga política, aparecen con frecuencia los compañeros que se "equivocan" y figura como un gran mérito reconocerlo. La política no puede y no debe cambiarle de sentido a las palabras. No hay un diccionario especial para la política.

Cuando en política se hacen las cosas mal, consciente y reiteradamente, no se equivocan, ni los enemigos, ni los adversarios y menos aún los compañeros.

Los que delinquen y se llevan 9 millones de dólares para guardar en un convento sacados de los bolsillos del Estado, es decir de la gente, no se equivocan. Delinquen.

Cuando muchos compañeros en diversas latitudes se enriquecen, tienen cuentas en el exterior o propiedades en cantidades, dimensiones y valores inexplicables, no se equivocan. Delinquen y son inmorales.

Cuando un gobierno que se proclama de izquierda o progresista, o más todavía, como el inicio del socialismo del siglo XXI, fracasa en toda la línea, genera la desesperación de millones de personas de todas las edades mientras emerge una nueva oligarquía estatista y petrolera enriquecida hasta el hartazgo, sus dirigentes no se equivocan, hacen algo totalmente diferente y mucho peor.

Cuando se administra de la peor manera las empresas que son de todos y que hemos tratado de defender de la voracidad de los privatizadores, se gastan cifras absurdas en fiestas, en inversiones ridículas o en financiar empresas extranjeras para muy malos negocios, los responsables no se equivocaron, perdieron las referencias de sus obligaciones políticas y morales. Y no hay movimiento político que pueda cambiar las palabras correctas y dolorosas que corresponden.

Cuando se miente reiteradamente para obtener beneficios o supuestos beneficios circunstanciales o permanentes, cuando para cubrir una mentira se recurre a otras mentiras, no es una equivocación, pónganle el nombre que quieran, pero no hay que degradar el idioma y la política a esos niveles.
No es lo mismo delinquir que cometer inmoralidades, también en esas cosas hay que ser precisos, pero en cualquiera de los casos no se trata de equivocaciones, porque en ambos casos son actos deliberados, meditados, conscientes y con objetivos políticos de grupos o personales y por lo tanto no son equivocaciones, son cosas muy diferentes y graves.

Y más arriba se está en la escala del poder y menos se puede y se debe recurrir a las explicaciones de las equivocaciones para encubrir otras cosas muy distintas. Equivocarse no puede ser un eufemismo para encubrir los que violan las leyes o la moral pública.

Equivocarse vale para quien quiere actuar bien, para el bien y erra el camino o hace errar el camino a otros.

No doy lecciones desde la altura de ninguna cátedra moral, sino desde mi propia experiencia de no ver ciertas cosas, de no querer verlas y justificarlas por razones supuestamente políticas y peor aún ideológicas.

Muy diferente a equivocarse es justificar actos delictivos o inmorales porque supuestamente ayudan a determinada causa, ideología, proyecto político, que descubiertos se refugian en la misérrima disculpa de que fue una simple equivocación. Errar es humano. No, errar es humano, pero hacerlo con premeditación, buscando réditos materiales o políticos, violar las leyes o la moral pública lo hacen los humanos, pero no lo hacen los buenos seres humanos. Y los políticos, lo primero que deberían ser es eso: buenos seres humanos, en particular nosotros se lo exigimos a los compañeros. Buenos seres humanos, que efectivamente pueden equivocarse. Pero no confundamos.

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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