Contenido creado por Inés Nogueiras
Navegaciones

Los combatientes del silencio

Los combatientes del silencio

Pedro Crespi había cambiado totalmente su vida. No iba más a reuniones ni a actos, no discutía con sus compañeros, no pintaba paredes, no escribía artículos. Se replegaba y esperaba.

13.10.2015

Lectura: 3'

2015-10-13T00:00:00-03:00
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Iba regularmente a su trabajo y hacía vida de familia.

Al principio le costó mucho, sobre todo las miradas de reproche de los suyos. Que abandono, que renuncia. El tiempo devora las ansiedades y hasta las vergüenzas. Y Pedro aprendió a replegarse, a construir su fachada, piedrita a piedrita. Le llevó años.

Su fachada de repliegue encubría. Y cuanto mejor encubría, mejor era. Tan diferente a su vida anterior.
Encubría entrenamientos, prácticas, vuelos, navegaciones, explosivos, armas, antitanques, inteligencia, cartografía, comunicaciones, sanidad, logística y transporte. Todo en las sombras.

A Pedro le llegó su día. Su jornada de tormenta, también encubierta. Transportó gente, cosas, hizo enlaces, escondió personas y materiales, navegó y voló, se controló más que nunca. Pero ya no eran prácticas, era la realidad. Una realidad que llegó de la dura y callosa mano de la necesidad, de la derrota en proceso, la realidad la trajo la emergencia. Y Pedro y los suyos afrontaron la emergencia.

Duró unos meses, luego la oscura mano de la derrota se abatió también sobre Pedro y los suyos. Y los diezmó. Casi a todos. Entre los que se salvaron hubo algunos pocos infiltrados, o traidores o delatores. Fue preso y con tratamiento especial, lo llevaron al borde del suicidio por las torturas, y lo encarcelaron, o fue al exilio, o se sumergió todavía más en otro tipo de sombras. Sombras con barrotes. Y lo volvieron a sacar de la cárcel y lo torturaron con saña especial varias veces.

Y el tiempo volvió a devorarse sus ansiedades y una parte de su vida libre. Un día salió de Libertad. Un día de sol, rodeado de los suyos, abrazado por los suyos que estaban afuera esperándolo. Nunca lo olvidaría. Y la vida lo absorbió en un torbellino de libertad.

Y el tiempo no pudo esta vez calmar sus ansiedades. Quiso discutir, opinar, explicar, preguntar sobre una parte importante de su vida en las sombras. No había donde.

Las sombras se transformaron en silencio. Han pasado 30 años desde aquel reencuentro, 40 años desde que le llegó la hora de la acción y el tiempo sigue su lenta labor de olvido, con muchas complicidades, incluida la mía.

P. D.:
Esta es una historia genérica, ficticia, pero que me sirve para presentar los relatos verdaderos que ya escribí y estoy escribiendo sobre esa parte de nuestra historia. Polémica, llena de interpretaciones diversas, con muchos protagonistas silenciosos o silenciados y sobre todo muchas preguntas.

La primera nota sobre El aparato armado del PCU corresponde al reportaje a José Luis Piccardo y aparece en Uypress: http://www.uypress.net/uc_62680_1.html