Contenido creado por Gastón Fernández Castro
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La reforma perpetua

La reforma perpetua

20.04.2010

Lectura: 4'

2010-04-20T10:40:23-03:00
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Las construcciones humanas han sido hechas para ser revisadas, ampliadas, corregidas, reconstruidas y desgraciadamente también destruidas. Por sucesivas generaciones de otros seres humanos. Con signos muy diversos, aunque con una tendencia general y llena de contradicciones hacia el progreso.

Así también sucede con las constituciones, ese pacto colectivo que regula la vida institucional y la propia identidad de una Nación. Pero para todo hay un límite. De tanto toquetearla y lijarla y volver a enmendarla corre el riesgo de perder seriedad y de transformarse en sólo un momento fugaz de la voluntad ciudadana.

Cada vez que aparecen problemas, insuficiencias, limitaciones en la vida de nuestro país, demasiados echan mano a la reforma constitucional. Y cuando se abren las puertas por allí penetran todo tipo de aspiraciones, reclamos, y perpetuaciones de derechos, incluso corporativos. Dentro de no mucho pretenderemos regular la organización de nuestro principal deporte y si fuera posible los resultados.

Es cierto nos equivocamos, hicimos un proceso electoral demasiado largo y los que se proponían a través de la reforma evitar que la izquierda llegara al gobierno, les salió el tiro por la culata. Es un buen ejemplo: los procesos políticos y culturales no hay reforma que los detenga. Todos deberíamos aprenderlo.

¿No es más peligroso y nefasto que ahora comencemos a discutir una nueva reforma constitucional, incluyendo los que proponen nada menos que elegir una asamblea constituyente – es decir una nueva elección – y luego sumergir el país en un proceso que terminará pariendo seguramente más de un proyecto que irán a plebiscito, que asumir las reglas que nos hemos dado y actuar con prolijidad e inteligencia dentro de ellas? Y sobre todo dejar que maduren los procesos y las experiencias.

Durante 16 años tuvimos el mismo Tribunal de Cuentas y la misma Corte Electoral, ahora parece que nos ha vuelto la cordura y renovaremos ambos institutos, pues para algunos no es suficiente, además hay que cambiar sus potestades e iniciar un largo debate institucional. Mientras por ejemplo el Código Penal reclama a gritos desde hace años reformas y actualizaciones que son de directa responsabilidad del Poder Legislativo.

Cada tema que afrontamos, de inmediato empuja con fuerza la puerta de una nueva reforma constitucional, como si todo tuviera que terminar en esa dirección y las leyes no fueran suficientes.

Ahora se levantan voces, mejor dicho gritos, reclamando volver al viejo sistema, más de un candidato por partido a la presidencia, eliminar las elecciones internas y elecciones simultaneas nacionales y municipales y de la mano de esa propuesta se levantarán estandartes de todo tipo de reformas electorales. Se especula con el hartazgo de la gente. Mal consejero para algo tan importante como reformar la carta magna, que por algo lleva ese nombre.

Aprobamos una ley de creación de las alcaldías, para algunos un paso histórico hacia la descentralización, para otros un paso imperfecto, incompleto y lleno de lagunas hacia un nuevo escalón institucional. Al menos esperemos para ver cómo funciona, perfeccionemos, ajustemos y aprendamos. Si sobre estos cambios además ya estamos elucubrando sobre cambios en la normativa constitucional sobre las elecciones, que cumpla con los interese y deseos de cada colectividad, en cada momento y a cada golpe de viento, vamos muy mal. Podemos irnos a la deriva.

¿El mayor peligro, el mayor desafío que afronta el Uruguay es de carácter constitucional? ¿Nuestra Constitución es incapaz de contener el funcionamiento institucional, el pacto ciudadano con su país, para afrontar los retos actuales e inmediatos? No. El mayor peligro que tenemos por delante es no aprovechar plenamente un tiempo extraordinario y maravilloso para crecer, para distribuir de manera más justa, para educar y hacer mejor la cultura y la salud.

Todas nuestras energías y la de nuestros políticos en primer lugar deberían concentrase en la diversidad de las miradas en aprovechar este gran impulso, en penetrar con ímpetu, con energía e inteligencia por la puerta del desarrollo sostenible.

No hay ninguna limitación constitucional para que construyamos el Proyecto Nacional, tanto desde el punto de vista material como espiritual, de nuestro estado de ánimo. Uruguay es hoy un país con mucha energía, con ganas, con una sensación de que podemos abordar grandes tareas y cumplirlas. ¿Qué tiene que ver con eso la reforma constitucional? Nada, es una distracción, es un desvío, es la vuelta a la vieja y decadente ilusión de que tenemos que fundarnos siempre un poquito, para seguir tirando a la espera de la nueva reforma que nos hará perfectos.