Contenido creado por Gerardo Carrasco
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La historia necesaria: las negociaciones en el Batallón Florida y la rendición del MLN

La historia necesaria: las negociaciones en el Batallón Florida y la rendición del MLN

Discutir con los traidores no está en mi espíritu

02.05.2017

Lectura: 8'

2017-05-02T10:05:00-03:00
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Rechazo con la misma fuerza y ardor estomacal los que construyeron una historia oficial de los Tupamaros atribuyéndose o atribuyéndole un papel en la lucha contra la dictadura que no tuvieron en absoluto, como los que quieren construir una supuesta "contracara" bajo las mismas deformaciones. Y sobre todo aprovechando que el principal autor del primer relato está muerto: Fernández Huidobro.

Los que siguen estos temas conocen bastante bien el proceso de negociaciones entre dirigentes del MLN con mandos militares para un alto al fuego en el año 1972, la metodología de esas negociaciones, el fracaso de las mismas y las consecuencias políticas y militares. No voy a referirme a detalles o a hechos, sino a interpretaciones que me parecen fundamentales para la izquierda uruguaya, es decir para el Uruguay considerando el peso que tenemos en la política y la cultura nacional.

Esas negociaciones entre el MLN, que estaba en su peor momento, con la casi destrucción de sus aparatos armados y la dispersión y el enfrentamiento entre las diversas, y variadas posiciones políticas, se desarrollaron en el Batallón Florida. El gran actor por el MLN de esas negociaciones fue Eleuterio Fernández Huidobro. Todos lo sabemos, como conocemos el requerimiento de los militares de una rendición incondicional, su rechazo y la posterior destrucción de lo poco que quedaba del MLN.

Dicho así quedaría muy poco para agregar. Falso, queda mucho por discutir porque en esencia lo que tenemos que definir son las condiciones ideológicas y políticas de porque esas negociaciones se iniciaron y se llevaron adelante. También existe la tentación de hacer un concurso de responsabilidades y ver dentro de la organización el papel de cada uno de los que intervino. Habiendo leído, estudiado, investigado bastante sobre el tema, para mi hay una segmentación obligatoria y básica: bagres y tarariras, traidores y los otros.

Discutir con los traidores no está en mi espíritu, los conozco en el MLN, lo reafirman cada vez que abren la boca y se justifican y los conozco en el PCU. Estuvieron callados.

En esa división tajante no incluyo las mil variantes de comportamientos ante la tortura y ante los represores. Tengo un primer rechazo visceral a considerarlos y a juzgarlos: yo no estuve ante la prueba terrible de la tortura. Confieso que ese fue siempre un límite que no puedo ni podré superar.

Segundo, no creo que nadie en la izquierda uruguaya pueda tener un "torturometro" y establecer donde está el límite de aguante, del heroísmo, de esa terrible definición de que cuando el cerebro no quiere, el culo no habla. Eso no me impide respetar con especial consideración y admiración a los cientos y posiblemente miles que se portaron como héroes ante la tortura y no delataron nada ni a nadie. Los hubo, las hubo y aunque muchos sean anónimos y tranquilos ciudadanos de la actualidad, o lápidas en nuestros mejores recuerdos, les debemos mucho. Demasiado, a ellos habría que brindarles mucho más claramente nuestra admiración, aunque no podamos en todos los casos ponerles nombre y apellido. A ellos en primer lugar le debemos el mantenimiento de la resistencia interna y muchos compañeras y compañeros le debemos nuestras vidas y nuestra libertad.

Yo solo puedo hablar de los que yo conozco y a los que le debo mi vida y la de mi familia: Jorge Bayarres, Javier Miranda, Carlos Bayarres, Edmundo Rovira, y en otro plano a Nibya Sabalsagaray. En estos casos tengo la más clara y firme convicción que si hubieran hablado toda la estructura en la que trabajamos juntos se hubiera derrumbado.

No me alcanzará mi vida para reconocerles su valentía, no hacia mí, sino hacia nuestra lucha, nuestra causa y nuestro partido. Es posible que no incluya algunos nombres por ignorancia, por no vincularlos a algunas de las tareas en Montevideo y sobre todo en Argentina. No tengo palabras para disculparme.

Cada organización a la salida de la dictadura tuvo la oportunidad de elegir su camino, de resolver como consideró necesario las profundas y muy dolorosas heridas que quedaron abiertas. No soy yo el que deba juzgarlos u opinar. Lo cierto es que los bagres no estuvieron presos, emigraron con ayuda, se sumergieron en el anonimato de sus gallineros mientras que todos los demás estuvieron muchos, muchos años presos y llevan las marcas de las torturas. Esas son sus medallas y su honra, las que los traidores nunca podrán mostrar, aunque hablen hasta los codos.

A todo ello hay que agregar que los servicios de inteligencia de la dictadura siguieron operando mucho después del 1 de marzo de 1985, produciendo documentos, confesiones, porquerías de todo tipo y distribuyéndolas a gusto y gana y con ciertas complicidades políticas. En conjunto la sociedad uruguaya reaccionó con grandeza y equilibrio. Es que todos aprendimos mucho de la democracia y sobre todo de la dictadura.

Por todo lo anterior nunca consideré a EFH como un traidor, no lo hice en vida y no lo voy hacer después de muerto. Fue con su obra sistemática, inteligente y profundamente falsa que discutí durante muchos años, sobre la historia de los años de plomo. EFH fue el principal artífice de la historia oficial del MLN y su organización le debe mucho. No solo de la historia sobre el periodo de la dictadura, de esa sutil pero muy sólida construcción de que el MLN tuvo algún papel en enfrentar al régimen militar cuando ya no existía en el Uruguay, ni a nivel militar ni político. Lo hizo muy bien y lo combatimos y refutamos muy mal, y esa es nuestra terrible responsabilidad.

Pero también escribió y relató la historia anterior al golpe y allí puedo opinar bastante menos. Pero cuando el método es construir un relato, una tesis a como dé lugar, no veo porque en esa parte de la historia no se haya aplicado el mismo método.

Lo que no acepto es el lavamanos general de que las culpas de todo son de EFH, en particular sobre el episodio de la negociación con los militares. Esa es otra historia falsa e exculpatoria de las responsabilidades colectivas y políticas de la organización.

Poncio Pilatos es un personaje que si no hubiera existido palangana en mano, habría que inventarlo. A EFH nadie lo expulsó, los cuestionó, lo defenestró del MLN a la salida de la dictadura porque las responsabilidades, las bases ideológicas del "peruanismo" y de sus deformaciones eran parte de la visión de esa organización y de la mayoría de la izquierda. Prendió mucho más - hasta el nivel de esas negociaciones horrorosas e indefendibles - porque el militarismo substituyendo la política, los ríos de sangre, o la sangre hasta los cordones de la vereda, las operaciones como la del 14 de abril o el asesinato de 4 solados, son el mejor y más terrible caldo de cultivo para sumergirse en esas barbaridades. Y se sumergieron, como organización.

Los comunistas nos equivocamos en el tema de los comunicados 4 y 7, lo reconocimos pero nadie nos frenó a la hora de la huelga general contra el golpe y los 11 años de resistencia. Nunca negociamos las condiciones de una rendición. Y si no utilizamos las armas - que las teníamos y bastantes - fue por un análisis político y de correlación de fuerzas. Y la resolución que adoptamos estuvo bien, hubiera sido una aventura y un baño de sangre, con triunfo asegurado para los fascistas, más fascistas de las Fuerzas Armadas. No negociamos con la dictadura antes, ni durante 1975, ni en 1983 ni nunca. Y nos siguieron persiguiendo hasta el último momento. Y matando a Vladimir Roslik el 16 de abril de 1984 y torturando y procesando a los militantes estudiantiles de la UJC en 1983.

Lo más importante para mí es resaltar que la izquierda uruguaya, con sus procesos internos particulares, con sus dudas y tensiones internas, con sus debates sobre las vías de la revolución y la dictadura del proletariado se integró plenamente a la democracia. Y ese es un mérito enorme de la sociedad uruguaya en su conjunto y del Frente Amplio.

Para ver otras concepciones en funcionamiento, otros horrores en acción, otras visiones sobre la "democracia", no hace falta ir muy lejos, ni retroceder en el tiempo, está sucediendo ahora en nuestra América Latina. También para ver resabios del partido único y de la censura de prensa y la falta de libertad de opinión y asociación que superviven y sobreviven a duras penas.

La izquierda uruguaya tiene además el mérito histórico de haber incorporado a sus definiciones fundamentales la democracia como elemento central y hacerlo desde el gobierno. Es fácil la propaganda desde la oposición, lo difícil, la verdadera prueba es cuando se gobierna y, hace 12 años y pico que gobernamos y no tenemos reproches democráticos, al contrario. Y eso hay que valorarlo y mucho, aún en medio del más duro debate ideológico y político que inexorablemente continuará y que incluye la historia.