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La caída del muro de Brasilia

La caída del muro de Brasilia

El voto en el senado para iniciarle juicio a Dilma Rousseff es la culminación de un largo y tortuoso camino, cuya chispa inicial y su contenido explosivo es todo político, con un ligero soporte legal y escasísima carga moral.

17.05.2016

Lectura: 8'

2016-05-17T09:15:00
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Pero es también un proceso de ajuste político, social y económico luego de 13 años de gobiernos del PT. Su próxima parada será dentro de seis meses, donde se definirá en ese mismo senado si expulsan definitivamente a la presidenta constitucional. Harán falta 54 votos.

Me ocupé de leer detalladamente los documentos de la acusación y aunque no soy un abogado, con el mínimo sentido común se percibe que se trata de una "causa" fabricada alevosamente. Dilma Rousseff firmó 6 decretos presupuestales, mientras que Fernando Henrique Cardoso firmó 101 decretos... No se presenta un solo documento firmado que involucre a la presidenta.

Para la izquierda en todo el mundo y en particular en América Latina es el inicio de la mayor derrota política desde el golpe en Chile. Tiene paralelismos y muchas y profundas diferencias.

Creer que el desenlace de este juicio será exclusivamente judicial, formal, es un profundo error. Incluso analizarlo solo desde ese punto de vista. El avance del impeachment fue posible por la impresionante caída de los apoyos sociales y políticos al gobierno del Dilma y el PT. Si esa tendencia se revierte, puede tener un efecto incluso en el número de los votantes en el senado dentro de seis meses.

Eso dependerá de la acción del PT encabezado por Lula da Silva, que tiene una vasta y sólida experiencia como opositor, aunque ahora tiene flancos abiertos en el plano judicial que lo pueden afectar, pero la otra componente será la política del gobierno de Michel Temer, el nivel de los cambios exigidos por los "mercados" para enfrentar a la profunda crisis económica, que como es obvio no serán a favor ni de los trabajadores, ni de los pobres (que en Brasil son muchos), ni de los sectores medio bajos o de las pensiones y jubilaciones. En ese choque-confluencia de factores, oposición social del PT, sus pocos aliados y la restauración del gobierno Temer, se definirá el resultado de esta batalla.

Es bueno tener presente los actuales datos de la opinión pública, para seguir el proceso. Encuesta de Data Folha del mes de abril, intención de votos en ese momento: Lula 21 %, Marina Silva 19 %, Aecio Neves 17 %, Temer 2 %...

El gobierno de Temer es extremadamente débil, pero contará con todo el apoyo de las fuerzas que expulsaron a Dilma de la presidencia.

A ello se agrega un factor inexorable en la actual situación política de Brasil: el papel de la justicia, la cantidad de acusados, implicados, procesados y presos es impresionante y, entre otros figuran el actual presidente interino Temer, la principal figura de la oposición el senador Aecio Neves, pero también Lula da Silva. Si avanzan las acusaciones y el proceso contra Temer, puede determinarse la convocatoria a elecciones adelantadas. La mejor solución en el horizonte.

Junto a las pésimas señales democráticas que afloraron del abuso de la Constitución para destituir a Dilma y sobre todo el nivel que alcanzó la corrupción de las figuras públicas de todos los partidos y en todas las instituciones y en el mundo empresarial, existen otros elementos que deben valorarse.

En otros tiempos de América Latina, ante una ola de desprestigio de los políticos como la que vive hoy Brasil, la respuesta hubiera sido un creciente ruido de sables y de botas y no solo de ruidos. No se ha producido en ningún caso, tampoco en Brasil. No olvidemos que la principal acusación utilizada por los golpistas fue siempre el de la corrupción de los políticos. Las dictaduras fueron - en la impunidad total del poder - los ladrones y corruptos más terribles que sufrieron nuestros países.

El otro elemento que debe considerarse es que el PT en 13 años de gobiernos no designó un Supremo Tribunal de Justicia dócil a sus mandatos, debilitando uno de los principales factores de la democracia y la república. Esas cosas si sucedieron en Argentina y suceden de manera escandalosa en Venezuela.

Decir con simpleza que la labor de la justicia en Brasil es parte de un plan de la derecha, no admite una fundamentación seria. ¿Acaso alguien puede creer que la derecha estaría dispuesta a pagar el precio de que las cúpulas de las principales empresas del Brasil estén procesadas y encarceladas, que el principal enemigo de Dilma el presidente de la Cámara de Diputados, Cunha, esté separado de su cargo y bajo acusación y que haya implicados en las cúpulas de los principales partidos, incluso Aecio Neves para aplicar ese supuesto plan derechista?

Todo es mucho más complejo. Y considerando que en muchos países del mundo, sobre todo del norte rico y prepotente se habla con desprecio de la corrupción en América Latina, hay que recordarles que por el mayor crac bancario de la historia de los Estados Unidos, iniciado en el 2008, solo hay un preso, aunque la clave fue el latrocinio y la violación de todas las leyes, mientras en Brasil hay decenas de presos a nivel empresarial y político. Y en Europa no fue muy diferente, el pato de los cracs bancarios lo pagaron solo la mayoría de los ciudadanos y los banqueros siguen tan campantes.

¿En Brasil hubo un golpe? Si se considera los antecedentes en América Latina, se puede decir que en esa materia hemos sido muy creativos, al punto que en el Uruguay en 1973 el golpe lo dio el propio presidente de la república, electo un año y medio antes, Juan María Bordaberry, así que reducir el tema a las formalidades es peligroso, como es negativo salir al paso de un proceso tan complejo gritando solo contra el golpe. No alcanza, hay que ahondar en las causas profundas.

La derecha y sus múltiples instrumentos y alianzas, que incluyeron sectores del centro e incluso formaciones de centro izquierda como el PPS, organizaciones empresariales y medios de prensa, aplicaron un plan maestro para destituir a Rousseff. Con esas mismas fuerzas enfrente o aliadas el PT hace 13 años que gobierna. ¿Dónde está el cambio? ¿Cuáles son las lecciones?

La corrupción que emparejó a todos los partidos políticos en Brasil y comprometió al gobierno seriamente fue sin duda el caldo de cultivo del desmoronamiento del apoyo ciudadano, que en la última medición le daba a Dilma un apoyo del 13 % y un rechazo del 63 % (Data Folha de abril). Ese no es el único factor, la crisis económica muy seria que vive el país y la incapacidad manifiesta del gobierno de navegar en aguas muy tormentosas, la falta de iniciativa y audacia del gobierno de Rousseff, su impericia política son factores que jugaron un papel fundamental para que la derecha hiciera su papel, el que le corresponde precisamente por ser la derecha. Los aprovecharon muy bien.

En cuanto a las lecciones, no solo en Brasil, sino en diversos países de la región, con gobiernos realmente progresistas y otros que se proclamaron como tales, la principal es que la corrupción es un veneno intragable para las sociedades y es la seguridad de una derrota no solo electoral, política, sino en la propia identidad de las fuerzas de izquierda. La peor derrota posible. Esa es también una diferencia con la derrota en Chile en 1973, aquella nos dolió en el alma, pero nos fortaleció en nuestra identidad e integridad.

La diferencia fundamental con la caída del otro muro, el de Berlín, es que debajo de estos escombros se puede salir, con un profundo sentido autocrítico, con rigor, apelando a nuestras raíces históricas pero también morales y programáticas, la izquierda en América Latina, la verdadera, la que no quiera volver al poder o seguir gobernando para cambiar el color a los corruptos sino para combatirlos en serio, para crear nuevos paradigmas de desarrollo, de redistribución de la riqueza, más justicia social, mejor legalidad y decencia pública y una democracia más sólida, podemos salir adelante.

No será fácil, los cambios operados hace más de una década, en los que Brasil tuvo un papel muy importante, no solo por su tamaño, llevaron muchos años, grandes transformaciones críticas dentro de la izquierda, un proceso de revalorización de la democracia y de creación de alianzas sociales, políticas y culturales muy amplias nos llevó muchos años y amargas derrotas. Pero avanzamos.

Si no incorporamos la crítica y la autocrítica más profunda y sincera y el poder nos sigue obturando nuestra identidad, nuestros valores y principios, no saldremos y lo peor de todo ¿Valdría la pena salir si renunciamos a nuestra identidad de izquierda?

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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