Contenido creado por Seguridad_Administrador
Pablo Mieres

Escribe Pablo Mieres

Impuesto equivocado, contradictorio e inoportuno

Cuando todo parecía indicar que la historia del impuesto al agro sería más larga que "teleteatro mexicano", el gobierno finalmente envió el proyecto de ley al Parlamento con la firma de todo el Gabinete Ministerial.

24.08.2011 08:56

Lectura: 4'

2011-08-24T08:56:00-03:00
Compartir en

Importa que lo hayan firmado todos porque la negociación entre el Presidente y el Vicepresidente parecía no haber terminado y, sin embargo, el proyecto con la redacción que ya se había difundido en la bancada del MPP días atrás, fue presentado para la firma de todo el equipo de gobierno.
Es notorio que esta propuesta no cuenta con la opinión favorable de una parte del partido de gobierno, pero también es notorio que, nuevamente, se priorizará la unidad de acción por encima de las coincidencias o discrepancias existentes.

Discrepamos con esta iniciativa por, al menos, tres tipos de razones. En primer lugar, es un impuesto equivocado porque tiene por objeto gravar a un factor de producción con independencia de la rentabilidad que genere. Es un grave error no vincular el gravamen a la evolución de la rentabilidad de los negocios.

Hoy la producción agropecuaria posee niveles de rentabilidad aceptables y, en algunos casos, altos,
pero estas circunstancias dependen de la evolución dinámica de los mercados, por lo que en el futuro la situación puede variar generando incluso situaciones de pérdida o de sensible reducción de los márgenes de ganancia. Sin embargo, el impuesto diseñado no se alterará y seguirá impactando sobre el propietario de la tierra con independencia de que genere ganancias o no y de cuánta ganancia genere.

Justamente por ese motivo podría ocurrir que un productor se vea obligado a vender una parte de su predio al no poder solventar la imposición en contextos de crisis, en cuyo caso muy probablemente, a diferencia de lo que proclaman sus impulsores, podría producirse un proceso de mayor concentración de la propiedad de la tierra, puesto que los eventuales compradores serán propietarios de grandes propiedades.

Por otra parte, fijar el impuesto en función del tamaño de los predios olvida que las escalas de producción pueden variar con el tiempo, en la medida que la innovación tecnológica es muy dinámica; del mismo modo no es lo mismo el tamaño requerido para cada uno de los subsectores del sector; por lo que predios que hoy pueden ser considerados muy grandes, mañana pueden ser de tamaño necesario o adecuado.

Pero, además, es un impuesto contradictorio con la concepción que animó la reforma tributaria. En efecto, la reforma impulsada por el Frente Amplio en el período de gobierno anterior se orientó a gravar la renta y no los factores de producción, por argumentos muy contundentes. De este modo, la nueva normativa se contradice con el espíritu y la arquitectura general de la estructura tributaria construida en el período anterior.

Finalmente es rotundamente inoportuno. El contexto internacional variable, crítico, imprevisible en sus consecuencias sobre nuestra economía, aconseja ser muy cautos en las decisiones a tomar.
Agregar un nuevo impuesto en estos momentos de alto grado de incertidumbre es una decisión notoriamente equivocada. La señal que se da a los productores y a los inversores es negativa, puesto que en tiempos de volatilidad los que más ganan son aquellos países que saben mantener un rumbo cierto y no generan "ruido" con cambios inesperados.

Por otra parte, el monto a recaudar, como se sabe, no será significativo para lograr el objetivo que se buscaba. No es bueno ni conveniente gobernar en función de reacciones ideológicas; es mucho mejor tomar decisiones en función de los datos de una realidad cambiante.
Salvo que el único objetivo haya sido mandar una señal de mando hacia dentro del partido de gobierno, para demostrar que, aun en estos asuntos, los sectores mayoritarios predominan sobre los que tienen a su cargo la política económica.