Finalmente, resultó cierto que el estado de las relaciones comerciales con Argentina era preocupante. Lo habían dicho los industriales, los analistas y los opositores, tanto como lo habían negado los representantes del gobierno, pero ahora es el mismísimo presidente Mujica que, cansado de ver cómo los rayos solares se colaban entre los dedos de sus voceros, reconoció que “las relaciones comerciales con Argentina están muy complicadas”.
Si alguien tiene algún asomo de duda, alcanza con que se entere que la venta de productos uruguayos registró una baja durante la primera quincena de febrero, medido tanto en solicitudes de exportación, que cayó 61 por ciento, como en diversidad de productos, que se contrajo 60 por ciento. La política de “sustitución de importaciones”, cual cadáver insepulto, ha vuelto a asolar el Río de la Plata desde su margen occidental.
Lo llamativo del caso es que desde diversos sectores se piden “medidas espejo”, una suerte de Ley del Talión comercial, que fuera motivo de enfrentamiento entre liberales y proteccionistas de diverso calibre durante los años noventa. En aquella oportunidad, se les reprochaba a los gobiernos “neoliberales” que adoptaran medidas de apertura comercial con países que protegían su producción, dificultando o impidiendo la llegada de productos nacionales. Cuando Mujica dice que alguna cosa hay que hacer pero que no es partidario de las “medidas espejo”, está reconociendo que, al menos desde el gobierno, no es tan sencillo decirle a la gente que tal o cual producto de su preferencia va a tener que adquirirlo más caro o no contar con él porque viene de un país comercialmente inamistoso.
¿Será que estamos ante un gobierno de “neto corte neoliberal y entreguista”, como vocifera la izquierda radical? ¿Será que estamos apenas ante una muestra de realismo y sentido de sobrevivencia, características que adornan a los elencos gubernamentales de cualquier signo en países sólidamente democráticos como Uruguay? Como fuere, el presidente Mujica parece dispuesto a luchar al mismo tiempo por conseguir dos cosas: no soliviantar a la fiera peronista y no generar privaciones o dificultades en el acceso a los bienes de consumo de sus compatriotas. Dos intereses razonables que lo ponen en la disyuntiva de dar por tierra con el vocinglero pedido de “medidas espejo” cuando el Frente estaba en la oposición y los “neoliberales” en el gobierno o generar fastidio entre muchos de sus numerosos electores.
¿Qué es esto sino su fino sentido de la gobernanza, contrariamente a lo que sostiene buena parte de sus opositores? Se le podrá reprochar su habitual estilo de tirar el gato muerto sobre la mesa para orientar luego las decisiones del Ejecutivo según las reacciones. Podrá, incluso, echársele en cara que con semejante táctica genera más incertidumbre que resultados. Sin embargo, se trata del presidente Mujica en su estado más puro. “No soy partidario de las medidas espejo pero algo hay que hacer”. Neoliberalismo y proteccionismo a la vez, es decir, una suerte de espejismo mujiquista. Tómalo o déjalo.
Espejismo
Espejismo
29.02.2012

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