Contenido creado por Julia Peraza
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Esos frágiles e indestructibles seres humanos

Esos frágiles e indestructibles seres humanos

Los cachorros de casi todos los animales superan ampliamente la capacidad de sobrevivir que tienen nuestros bebés. Sin la madre o sin adultos que los protejan no pueden sobrevivir, a lo sumo se conocen casos de niños recién nacidos adoptados y protegidos por algún animal caritativo. Son pocos y la mayoría son de novela.

13.12.2016

Lectura: 5'

2016-12-13T05:55:00-03:00
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Si vemos las imágenes actuales de Alepo, la mayor ciudad de Irak martirizada hasta el infinito y muchas otras escenas de guerras actuales, de refugiados tratando de cruzar el mar o las fronteras, resaltan siempre nuestros niños, sus rostros desesperados, su vulnerabilidad. Y las cifras del horror se concentran en ellos. Las imágenes combinan su sufrimiento, con su capacidad de sobrevivir, de arrancarle una pequeña parcela de vida a los bombardeos, al hambre, a las votaciones en la ONU, a todo. Allí están ellos, muertos, heridos y mutilados y sobre todo, vivos.

Los niños son el exacto punto donde se encuentran dos de las condiciones básicas de los seres humanos, su extrema fragilidad y su capacidad de sobrevivir y de combatir por sus vidas y de vencer a la muerte.

Estamos próximos a las fiestas de fin de año, al menos en nuestro mundo occidental. Esos momentos en que obligatoriamente y simultáneamente, la inmensa mayoría nos replegamos en nuestras familias a festejar, a compartir y otear cuidadosamente hacia el futuro. Hay excepciones, la soledad, son los que se tienen que replegar en su propia soledad, por las más diversas razones.

Son fechas que en las grandes concentraciones religiosas se habla siempre y rigurosamente de humanidad y de humanismo. En el refugio de nuestras casas, chozas, celdas, o palacios nuestro horizonte refiere a los que nos rodean o forman parte de nuestro clan, de nuestras familias y los recordamos con sus rostros, su inimitable originalidad. Y en general en sus fragilidades, porque en definitiva son las nuestras.

Es un momento de recreo de las grandes palabras para dejar paso a las nuestras, a las de todos los días, a las que llenan nuestras vidas y expulsan las solemnidades. La felicidad en ese ámbito pequeño, propio, tiene que ver con la visión que cada uno vive sus sueños, sus avances, de sus dolores y sus objetivos. Los materiales ¿por qué no reconocerlos? y los otros, la infinita variedad de combinación de los otros componentes de la felicidad para cada ser humano. Y eso nos hace frágiles, porque en definitiva después de la medianoche, en medio de los estruendos, luego de las libaciones opíparas, modestas o inexistentes, todos tenemos un momento de reflexión.

No comparto el vaticinio de un sabio como Zygmunt Bauman de que "en el mundo actual todas las ideas de felicidad acaban en una tienda". Hay otros horizontes, sino no habría futuro posible.

Somos frágiles, especialmente frágiles en esta época, donde hemos avanzado tanto en la ciencia, en las tecnologías, en el combate a las enfermedades y por otro lado las preguntas, las enormes preguntas nos asechan por todos lados. Y no hay nada que nos haga más frágiles que la inseguridad, que las dudas, que la falta de certezas. Y aunque cuesta reconocerlo, esta es una época donde hay pocas, muy pocas certezas. Y eso nos hace más frágiles.

Hemos construido en más de 5 mil años de historia enormes templos de la inteligencia, de la ciencia, del poder y sin embargo llegado el momento las preguntas básicas nos siguen atormentando.

El mismo acto de reconocer la fragilidad de nuestras existencias, es un acto de una enorme sabiduría y valor. Al que más le cuesta hacer ese acto de justicia es al Poder en sus más diversas formas. El Poder económico, financiero, político, militar, religioso no tiene en su menú la condición básica de cada uno de nosotros, la fragilidad. Se cree omnipotente y eterno.

Es que del otro lado de la moneda, de la moneda de nuestra identidad y como una lección inapelable de la historia está la fortaleza, la condición indestructible de los seres humanos. Hemos superado y superamos guerras combatidas ferozmente por nosotros mismos, pestes, catástrofes naturales, hambrunas, crisis de todo tipo. Y no las superamos solo colectivamente, las superamos porque hubo mujeres y hombres, de todas las edades y en todos los tiempos que individualmente fueron indestructibles, se sobrepusieron a todo. No hay organización o forma colectiva de cualquier tipo, que pueda sobreponerse sin que sus partículas, sus frágiles integrantes sobrevivan y sigan adelante individualmente. Cada uno aferrados a sus vidas y sus esperanzas.

Esa capacidad individual de sobrevivir, mientras mueren nuestros pares al lado nuestro, es lo que ha utilizado el poder para sus correrías y sus tragedias. Sobrevivir en esas situaciones es una estadística, son porcentajes, son flashes informativos consumidos mientras otros seres humanos miran por televisión o por internet a gran distancia, pero está la clave de todos los equilibrios humanos.

Hay un solo límite a esa doble condición de fragilidad y de fortaleza, en definitiva de supervivencia y avance, son los peligros "naturales", son los cambios en el delicado equilibrio de la naturaleza y de nuestra presencia en el cosmos. Los demás, la muerte organizada por nosotros mismos, la barbarie y las otras acechanzas las hemos ido resolviendo.

Es posible que esta visión de las dos caras de la condición humana sea demasiado fatalista, le falta el filo de nuestra inteligencia, de nuestra sensibilidad, de nuestra humanidad pero le sobra nuestra ferocidad "civilizada".

Hacer la lista de las cosas que diseñan esta sensación de fragilidad y de resistencia sería interminable. Tengo la sensación de que el mundo se encamina hacia un tiempo donde deberemos elegir mucho más dramáticamente entre nuestras opciones, de lo contrario primará ampliamente la fragilidad entre los seres humanos de todas las edades y en todas las latitudes.