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Elecciones en el Frente Amplio: perdimos todos

Elecciones en el Frente Amplio: perdimos todos

Se notan caras de alivio, como si hubiera terminado una pesadilla, una prueba. El éter se vuelve a llenar de palabras e interpretaciones y una cifra lo domina todo: casi 100 mil votos. Me refiero a las elecciones internas del FA del pasado 24 de julio.

09.08.2016

Lectura: 8'

2016-08-09T00:59:00
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Sus resultados, todavía parciales, se conocieron 22 días después... Es absolutamente seguro que no hubo la mínima irregularidad, pero la lentitud del escrutinio es una demostración más de la ineficiencia más absoluta. Aunque algunos se sientan ofendidos, porque no huelen el queso ni aunque lo tengan bajo las narices.

Y faltan algunos datos: cómo se votaron los delegados de las bases al Plenario Nacional (85 integrantes) y los plenarios departamentales, y otro detalle: dónde está la diferencia entre los 92 mil votos anunciados inicialmente y los 86.403 que aparecen en los cómputos oficiales.

No son detalles, hacen a la mínima precisión política: son 6.000 votos que no aparecen en los cómputos actuales. Y no son porcentajes, es gente, son frenteamplistas.

Una aclaración importante, en circunstancias como estas, batirse por quién tiene la razón, quién hizo la previsión más acertada, es de enanos políticos y mentales. No es eso lo que estamos discutiendo.

Comencemos por algunas conclusiones obligatorias y elementales: ganó Javier Miranda con 26.044 votos, los cuatro candidatos juntos obtuvieron casi la misma cantidad de votos que obtuvo Mónica Xavier en el 2012. Los votos en blanco y anulados sumaron 17.087 votos, equivalentes a un cuarto del total de los votos, 24.6%. ¿No quiere decir nada? ¿es un simple descuido de los votantes?

No insisto en que incluyendo blancos y anulados la caída en el número de votantes fue del 46% en relación al total del 2012. Siempre y cuando aparezcan los 6.000 votos que no se mencionan en el escrutinio final por candidatos ni por sectores del FA, en ese caso la caída sería del 52%, la mitad de los votantes.

Pero el dato político que no se puede desconocer es que ganó Miranda, desmintiendo los vaticinios previos, la suma de los sectores políticos que lo apoyaron (PS y FLS u otros) y eso, para muchos, abrió una ventana de expectativas y en algunos casos de esperanza. Corresponde siempre abrir una cuota de confianza. Veremos. Sus primeras declaraciones sobre Raúl Sendic, el pichón de 54 años atacado para evitar su crecimiento, me preocupa. Esperemos, la política tiene una ventaja: es implacable.

Y aquí podríamos decir que hay un ganador: Javier Miranda. Todo depende desde qué punto decidamos analizar el resultado electoral.

Yo voy hacer una hipótesis generosa, para todos los que integramos el Frente Amplio, los contentos, los descontentos, los hartos, los elegidos, los que crecieron en algún porcentaje, los que cayeron, los que votaron o no votamos, los que se tomaron el trabajo de ir a votar y lo hicieron en blanco. Incluso los 24.064 votos en blanco y anulados a los sectores del FA lo que equivale a un 28%... Hay valores comunes que se supone que compartimos y que deberían ser una base fundamental para el análisis.

Todos queremos que el FA retome fuerza, vigor, energías intelectuales, programáticas y políticas para seguir impulsando los cambios progresistas que mejoren en forma constante la calidad de vida de los uruguayos, y que juegue ese papel junto a nuestro gobierno durante los próximos 3 años y medio de mandato que faltan para completar el tercer período.

Todos queremos que, sobre la base de esos dos elementos, se reafirme nuestra identidad de izquierda, de buen gobierno popular, de crecimiento con mayor equidad y de absoluta transparencia y honestidad y de funcionamiento democrático y vigoroso del propio Frente Amplio, para que disputemos y ganemos las elecciones del 2019 y, mientras tanto, se vayan concretando los cambios generacionales y de mayor participación de las mujeres en los diversos cargos de poder y de gobierno. Tomo por buena esta afirmación para todos.

Si lo anterior es cierto, en las pasadas elecciones perdimos todos. En las cifras, en los mensajes, en los festejos irresponsables, en la reafirmación explícita de que la estructura del FA es intocable, aunque tenga caída tras caída en la participación a todos los niveles y eso debilite toda nuestra perspectiva política y gubernamental.

A menos que algunos ilusos esperen que todos nuestros problemas se resuelvan por el bajísimo nivel demostrado por los partidos tradicionales, en cada uno de los últimos episodios y declaraciones. No digo que en ciertas oportunidades tengo la tentación de pensar que esta es una gran verdad, pero la experiencia nacional y regional me pega en las narices. Dependemos solo de nosotros mismos, las batallas hay que ganarlas.

Y si esto es verdad, hemos retrocedido en toda la línea. Mejor dicho, hemos retrocedido los que no consideramos que no importa el tamaño y la herrumbre de la maquinaria, lo importante es dominarla.
No me refiero a una actitud explícita sino a un proceso que cierra los ojos, que cambia las prioridades, que por la vía de los hechos desmiente la experiencia de la acumulación de fuerzas, la pluralidad y amplitud del bloque político y social.

¿En la composición del nuevo Plenario Nacional y de la Mesa del FA está medianamente reflejada esa amplitud del bloque político y social o hemos sufrido un retroceso histórico? Y nos referimos a los votantes, sin incluir en el análisis a los que decidimos manifestarnos a través de la abstención y somos poco menos que más de 80.000 parias.

¿Acaso la caída del 60.4% de los votos del FLS (30.720 en 2012 a 12.161 votos) y de la lista 2121 en particular del 70.2% (17.990 a los actuales 5354 votos) o de la Vertiente Artiguista que perdió 69.5% (de 9062 a 2756 votos) no son señales preocupantes en relación a determinados sectores sociales, culturales y políticos y en general al bloque social y político de los cambios?

Otro de los sectores fuertemente afectado, el Partido Socialista, perdió el 68.6% de los votos (de 25.436 a 7.984 votos).

Es cierto el PCU perdió 7052 (41%) votos en relación al 2012, pero aumentó su porcentaje 2.83% en relación al 2016, y el MPP que perdió 12.262 votos en relación a las elecciones del 2012 lo que equivale al 49% del 2012 (25.822 a 12.646) y ganó 1.48% sobre el total de los votos de este año. Una pequeña aclaración, los porcentajes son importantes, pero los que van a votar son seres humanos, personas, y cuando tenemos esas caídas de miles y decenas de miles de personas, estamos perdiendo gente y eso no se arregla con estadísticas.

¿Algún sector se puede sentir satisfecho, puede afirmar con seriedad y no con esas sonrisas y festejos irresponsables, que no hemos retrocedido y que en el fondo todos hemos perdido en estas elecciones?
Bueno, en realidad los blancos y los colorados que, durante la interpelación a Danilo Astori, dieron nuevamente una muestra completa de la falta de un mínimo de solidez y sobriedad política, de sentido del Estado, de posturas de estadistas, deben estar festejando en silencio y esperando que nosotros sigamos adormecidos por las mieles del poder. A la izquierda nunca le debería alcanzar el consuelo de que los adversarios son peores, más débiles, menos capaces. Para cambiar un país y combatir las injusticias hace falta mucha, mucha polenta e inteligencia, y estas elecciones no mostraron nada de eso.

Mostraron sí un dato a considerar: a los frenteamplistas no les gustan los copamientos, y la votación de Miranda superior a la suma de los sectores que lo apoyaron demuestra una vez más ese sentimiento plural de la masa frenteamplista, que ni siquiera los aparatos en una piscina reducida logran contener y desviar.
Un periodista de Uypress, Milton Ramírez, en una reciente entrevista televisiva le preguntaron si el peligro avivaría a los mamados. Y allí está la clave ¿Quiénes son los mamados? Los mamados no son el aparato que tiene su propia lógica, los mamados somos las decenas de miles de progresistas, de izquierdistas de uruguayos que hemos quedado afuera de todo, que nos han transformado y nos hemos transformado en espectadores del poder y somos convocados cada varios años.

Somos esos los mamados que tenemos que tener audacia, inteligencia, capacidad de trabajo y de cambio y que tenemos que "avivarnos" en serio. La alternativa no es ni puede ser aceptar el FA de la estructura, el estancamiento y el poder o emigrar o votar en blanco o callarnos y mascullar en los rincones. Hay que avivarse, como siempre lo hicimos los uruguayos, ante cosas que parecían imposibles.

Y nos vamos a avivar. No tengan dudas.

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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