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Cuatro semanas después. ¿Callarse o jugarse?

Cuatro semanas después. ¿Callarse o jugarse?

Hace cuatro semanas que no escribo en esta columna. Estuve de viaje. Cuando uno se aleja funcionan dos mecanismos, uno es que extraña la ventana abierta a los lectores, y la otra es que le viene la tentación de bajar el perfil, evitarse problemas y seguir de vacaciones perpetuas y amigarse con la mayoría de los políticos. Esta segunda es una gran tentación.

28.06.2016

Lectura: 7'

2016-06-28T00:24:00
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No me duró un solo segundo. No es lo mío, sería una traición a toda mi vida, a los 54 años de militancia y a la tensión y la pasión que me permiten vivir. Sí, simplemente vivir. Así que voy a opinar nuevamente, no es ningún mérito, hay muchas personas, en ámbitos muy diferentes, incluso con menos posibilidades que yo, que se la juegan. 

Corrupción. Desde mi regreso asistí a diversos debates e iniciativas cruzadas sobre el tema de la corrupción, en particular en América Latina y en los alrededores. Para ser justos -y no es un consuelo, al contrario- debo decir que tanto en las elecciones municipales en Italia como en las nacionales en España el tema de la corrupción es central. Es una plaga universal.

Una de las mejores maneras de sostener enérgicamente la corrupción es entreverar las cartas, sembrar sospechas a todos los niveles y banalizar el tema. Por aquello de que la mejor manera de esconder un enorme elefante es colocarlo entre miles de elefantes.

En Roma, la centroizquierda perdió las elecciones en el balotaje, por el doble de los votos a manos de una abogada de 37 años, del movimiento 5 estrellas de Pepe Grillo. ¿La razón? Los escandalosos escándalos de corrupción. En España el PP, el partido de Mariano Rajoy, está sumergido por una ola de procesos y acusaciones de corrupción...

En Uruguay está muy bien tener el tema permanentemente en el orden del día. En la lista de Transparencia Internacional estamos en un envidiable lugar, primeros en América Latina y en una buena posición a nivel mundial, pero hay que dar la batalla todos los días, a nivel moral, político, ético, cultural, legal e institucional.

Lo que no hay que hacer es humo y proponer comisiones a diestra y siniestra, lo más genéricas posibles, o declaraciones patrimoniales de funcionarios, empresarios, y tutti quanti; es simplemente un entrevero. En la lucha contra la corrupción hay que ser rigurosos y precisos, y tampoco es aceptable justificar la corrupción de los amigos y compañeros del vecindario.

Reforma Constitucional. Si hay un tema que en la actualidad está totalmente alejado de las más elementales preocupaciones de los uruguayos, ése es la reforma de la Constitución. Es un invento traído de los pelos, cuando el país, el gobierno, el Frente Amplio, deberíamos dedicarnos a cosas muchos más actuales y urgentes e incluso por eso mismo importantes. Es un invento para tomar los problemas de forma sesgada y no directa. Es una coartada ante la falta de táctica y sobre todo, estrategia.

¿Hoy, la educación, la seguridad, la salud, la gobernabilidad, el funcionamiento del Estado y su reforma dependen de una reforma constitucional?

¿La reactivación económica y productiva, el gobierno y la gestión de las empresas del Estado, los equilibrios macro y micro económicos, los resultados de las empresas de propiedad social, etc., etc., dependen de una reforma constitucional?

El Frente Amplio, que no es capaz de encarar la reforma de sus estatutos, que han sido total y absolutamente superados por la vida, se plantea nada menos que reformar la constitución. ¡Y en qué momento! vamos a perder en toda la línea y de la peor manera. Pero les servirá a varias fuerzas políticas para exponer de la manera más cruda las profundas diferencias que existen en el FA sobre ése y otros temas. Veremos si es un nuevo episodio del sacrificio unilateral de posiciones por parte siempre de los mismos y al grito de ¡Unidad! Una unidad al precio del descalabro político e ideológico.

Rendición de cuentas. El sacrificio del ajuste fiscal, o como quieran llamarlo -es una discusión secundaria- parecía acordado y cerrado entre el gobierno en su conjunto y el FA. Y todos sonrientes. Llegó el proyecto al parlamento y volvieron a crucificar al equipo económico, con gran generosidad y compañerismo, y pusieron todo o casi todo en discusión. Y nadie que quiera analizar a fondo las causas de la necesidad del ajuste, o la corrección, si el nombre les resulta más cómodo. Nadie quiere analizar la herencia "bendita" que nos dejaron, con nuestra directa responsabilidad.

Es un ejemplo más de un mecanismo que ha funcionado de manera sistemática desde hace muchos años y que seguirá funcionando. Los buenos, los sensibles, los comprometidos con la sensibilidad social, educativa, etc., y los otros, los tecnócratas insensibles. Lo malo es que proyectando el futuro, los pocos que argumentan y defienden sobre éste y otros temas, ya sabemos de antemano como termina esta historia. Mal.

Y aquí entramos en un tema muy sensible, las elecciones internas postergadas, la madre de todas las batallas. Hace casi un año que no tenemos presidente/a en el FA por razones formales, mientras los otros organismos electos siguen funcionando, como el Plenario, aunque los delegados ya han caducado hace un buen tiempo. Los Estatutos sagrados se estiran en un solo sentido.

Desde cerca, desde lejos, he seguido la campaña electoral. No entusiasman, conmueven o responden ni a los más fanáticos. Parece que los frenteamplistas enojados incluso merecieron un spot publicitario. ¡Cómo debe ser el fervor!

Voy a ser claro y terminante: no me siento representado por nadie. Proyecto los discursos, la capacidad de jugarse por cambios en serio y de acuerdo a lo que necesita el país y la izquierda uruguaya y no veo nada en el horizonte. Mejor dicho, corremos el riesgo que quede el nombre y le pongan un apero que no tiene nada que ver con la historia colectiva, ni con la historia individual de miles y decenas de miles de "enojados" de "desilusionados" o simplemente de frenteamplistas. Eso siempre y cuando el dominio del G8 o G8 ampliado o del G9 y los que sometan nuevamente no quiera cambiarnos algo más profundo todavía.

No me resigno a una izquierda administradora de su propia decadencia, que sigue mirando modelos vergonzosos por sus resultados sociales, económicos y sobre todo morales, impresentables, y compartiendo tribunas y discursos con procesados "K" a pesar de la avalancha de casos escandalosos de corrupción. Algunos que no tienen la decencia de proteger al menos el nombre de partidos históricos de la izquierda uruguaya.

Y como corolario de toda esa danza infame el gran debate de principios, es sobre si el Secretario General de la OEA Luis Almagro sigue siendo integrante del MPP o fue fletado ¿solo o con todos sus colaboradores del MPP y sus alrededores? ¿Eso es lo que importa? O la desesperación, el desastre en el que viven millones de venezolanos, sin alimentación, sin salud, sin medicamentos, sin seguridad, sin seguridades jurídicas y constitucionales básicas. Esos millones de venezolanos que aplastarían al madurismo con una avalancha impresionante de votos para terminar con la pesadilla. ¿Ese es el socialismo del siglo XXI? Esa es la burla más macabra y obscena de todas.

Lo que importa no es lo que decida la OEA y sus burócratas, los viejos y los nuevos, sino lo que resuelvan en las urnas y democráticamente los venezolanos.

Entre paréntesis, el plebiscito revocatorio es posible gracias a la famosa Constitución Bolivariana, aprobada a puro furor popular bajo el gobierno Chávez y ahora transformada en una amenaza mortal para el desastre madurista. Vaya eso como recordatorio para los que aquí consideran que con una reforma constitucional lograrán asegurarse los asientos por unos cuantos años más.

Lo que brilla por su ausencia es un debate profundo, serio, de fondo, sobre las coincidencias y diferencias que hoy conviven en la izquierda uruguaya. Y todo eso mientras los partidos tradicionales siguen repitiendo los mismos y gastados discursos de siempre, sin que se les caiga una sola idea, en ningún sentido. Les alcanza con esperar agazapados nuestros errores.

ESCRIBE

Esteban Valenti

Periodista y coordinador de la revista Bitácora.

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