Como siempre, la oposición se queja de la cantidad de cargos de confianza que el gobierno proyecta crear en la ley de Presupuesto. Entre otros se incluyen los coordinadores departamentales, un invento reciente que ha despertado sospechas y quejas pero que la administración Mujica no parece dispuesta abandonar. Más allá de eso, el proyecto que se vota por estas horas en el Parlamento parece responder a un criterio de copamiento de la estructura del Estado que nada tiene que ver con la antigua promesa del Frente Amplio de recurrir a los concursos y a los más capaces.
La medida es particularmente significativa porque, siendo la mitad del electorado, el Frente Amplio no debería extrañarse si, entre los más capaces que ingresen por concurso, se encuentra con que uno de cada dos nuevos cargos son ocupados por sus propios votantes. Nada de eso. De lo que se trata es de crear cargos sin demasiada explicación para repartir entre quienes prometen fidelidad política (particularmente al MPP) y no tan sólo el voto. Como siempre. Si alguien necesita una muestra, ahí está el relevo masivo de directores de hospitales públicos, un sartenazo de tal magnitud que causó preocupación y protestas en el propio seno frenteamplista.
No faltará quien vea en esta iniciativa el reflejo de una concepción ideológica del poder. Con un poco menos de suspicacia, otros preferirán atribuirle al oficialismo la antigua práctica del clientelismo, o sea, pagar favores y amistades políticas (que también las hay personales, e incluso íntimas) con los dineros públicos, como siempre. ¿Se acuerdan del "carnaval electoral" con que señalaba el senador Michelini a los gobiernos anteriores por su particular vocación repanchingadora en vísperas de las elecciones? Bueno, igual pero durante todo el quinquenio.
La oposición tiene razón, pero como decía un amigo de Rivera, "la razón que tiene es poca y la poca que tiene no sirve para nada". En el ciudadano común, la reacción de blancos y colorados no deja de despertar la sospecha de que estamos ante el lamento por aquellos años en los que eran ellos mismos los que repanchingaban los dineros públicos entre amigos y preferidas y no el Frente Amplio. Más aún lamentan que a la izquierda le tocó la enorme fortuna de administrar al país en un tiempo de bonanza sin igual, con una perspectiva de que dure tres lustros.
¿Estaremos a tiempo de que la prometida austeridad y el cacareado "ahorro para los tiempos de vacas flacas" se hagan realidad? No parece. Como siempre, los gobernantes son incapaces de ceder a la tentación de repartir hasta lo que no se tiene. Y como no sabremos cuándo llegará la próxima crisis pero un día llegará, el ciudadano común debería preguntarse cómo y quién la pagará. Es difícil hablar de ahorro en medio de una fiebre consumista, al menos de productos importados, pero si nos toca de nuevo ajuste con recesión, seguro que no lo pagarán los "compas" sino los trabajadores menos cualificados y peor pagos. Como siempre.

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