Luego de las elecciones ganadores y perdedores deberían ser coherentes con lo que dijeron a lo largo de la campaña electoral. En la capital argentina, ganó la derecha. Mauricio Macri es la derecha y como tal fue presentado por sus adversarios locales y por el oficialismo nacional. Es la derecha por sus ideas y su trayectoria.

Los uruguayos – y en forma destacada la izquierda – tenemos un contencioso muy serio con el gobierno argentino y podemos tentarnos con una análisis de la realidad política teñido de esas tensiones. Creo que el análisis del avance de la derecha en Argentina no nos debe dejar indiferentes. Nos involucra, más allá de piquetes reales y culturales.

Los empresarios-gobernantes que aparecen como hongos luego de la lluvia en varios países luego de las crisis, son siempre de derecha, aunque se presenten como una variedad gerencial de la política. Macri ganó por un amplio margen, por más de 20 puntos en el ballotage, y había obtenido la misma ventaja en la primera vuelta. Buenos Aires nunca fue un reducto derechista, al contrario. Entonces ¿qué pasó?

La elección giró en torno a temas municipales, locales, pero algunos de claro contenido nacional. Uno entre todos, la seguridad pública. O mejor dicho la inseguridad. Las lecturas simplonas y las proyecciones mecánicas sobre las elecciones presidenciales de octubre, aportan muy poco. La campaña y la elección tuvieron una fuerte impronta ideológica, subyacente o sobrevolante. Pero la tuvo.

La radiografía social del voto es una buena referencia: Macri, en los barrios "chetos" como la Recoleta y Socorro, superó el 80% de los votos. Estos sectores que en la década pasada fueron encandilados por Menem y su modelo ahora han vuelto a expresar su antiperonismo histórico.

"Mauricio", como se presentó durante la campaña, colocó en el lugar justo y en el momento justo a Gabriela Michetti para hacer creíble su nueva imagen de neutralidad ejecutiva y pragmática. Lo logró en toda la línea. Más del 60% de los porteños se compró todo el paquete y en el paquete viene envuelta la dama, que será bastante más que la vice de Macri. Puede llegar a ser la estrella refulgente de la derecha argentina. No en octubre, pero si en el 2011.

Eficiencia y eficacia empresarial para manejar la capital y para bloquear el avance peronista sobre la ciudad menos peronista de la Argentina. Un paquete que incluía un abultado mensaje sobre el combate contra el delito que contó con el apoyo del “ingeniero” Blumberg, cuya credibilidad luego del falso académico no lo afectó en su persistencia como cruzado de la gente insegura y que exige mano dura. Muy dura.

En la capital los electores castigaron con su voto al gobierno nacional. Lo culpan del principal problema de la Ciudad: la inseguridad, a lo que se sumó un estilo de gobierno que está mostrando serias incapacidades para enfrentar problemas serios como la crisis energética y la falta de inversiones en este sector o la crisis del transporte urbano y sub urbano.

Los porteños a los que los bombardearon por radios, televisión y desde los muros con la imagen derechista de Macri, igual lo votaron. Antes - cuando había crisis - muchos en la Argentina, golpeaban las puertas de los cuarteles, hoy están comenzando a golpear las puertas de la derecha civil y empresaria. Es un cambio.

La inseguridad en un sentido muy amplio es el factor dominante. El mejor argumento de la derecha es la seguridad. Seguridad en el uso de la represión contra el delito, en las promesas de eficiencia en el manejo de los servicios, en la experiencia para ejercer el mando en las 47 empresas familiares del grupo Socma (grupo de Sociedades Macri), en el club Boca Juniors. Seguridad.

En un mundo plagado de inseguridades, en una sociedad ciclotímica que pasa de la euforia a la depresión más profunda y por lo tanto se siente insegura de si misma, la seguridad es un capital político básico de la derecha.

El discurso de Macri fue infinitamente más pobre que el de Sarkozy en Francia, por razones culturales y por esa "dificultad para expresarse" que le reconoce incluso su compañera de formula, que por el contrario habla hasta por los codos y convence. Fue más pobre pero rotó sobre los mismos ejes, que son los que hacen girar la derecha en el mundo actual: seguridad, tranquilidad, previsibilidad de los valores tradicionales.

La izquierda, la que no se expresaba a través del oficialismo de Filmus, casi desapareció. Es un síntoma más de la derrota cultural de la izquierda en Buenos Aires. Perdieron votos, referentes y propuestas. El único que se reivindicó fue Ibarra, linchando en su momento por la tenaza de Macri y el vice, Tellerman utilizando el desgraciado episodio de Cromagnón.

A Buenos Aires y Montevideo las separa mucho más que un río, pero...El mundo es redondo y global y ciertos humores se contagian. No hay ninguna tendencia profunda que marque un desplazamiento hacia la diestra en nuestra capital, pero la izquierda debería analizar con mucha atención la experiencia porteña. Y la rosarina, donde con eficiencia, trabajo y resultados, la izquierda gobierna desde hace tantos años como en Montevideo y ahora se lanza a la conquista de la provincia de Santa Fe con muchas posibilidades de llevar a Hermes Binner a la gobernación.

Contra la derecha, además de la batalla cultural e ideal hay batallas inexorables y que deben combinarse: sensibilidad social, eficacia y eficiencia en la gestión de los servicios, transparencia y firmeza para una política integral de seguridad.