Contenido creado por Gastón Fernández Castro
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Buenas noticias

Buenas noticias

26.04.2011

Lectura: 4'

2011-04-26T10:04:33-03:00
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Me parece una superficialidad absoluta y una ridiculez total esa frase común que dice que la vida laboral en el Uruguay comienza después de la Semana Turismo. Las razones son tan evidentes que no voy a insultar a mis lectores anunciándolas.

Durante esta semana los medios estamos obligados a agregarle a la dosis normal de malas noticias, de guerras, conflictos, paros, asaltos, accidentes y algún acontecimiento político, algunas noticias de otro tipo. Llamémoslas: buenas noticias.

En la lógica tradicional del periodismo anglosajón, las “no” noticias. Pero los uruguayos nos tomamos una semana de tiempo para saber la cantidad de visitantes de las rurales del Prado y del Parque Roosvelt, el comportamiento de jinetes y caballos, las peripecias y los record superados por la Semana de la Cerveza, la marcha o la contramarcha de la Vuelta Ciclista, si los turistas se inclinaron por las costas o por las termas o por todos los destinos nacionales.

Es una semana de noticias raras, diferentes. En medios de las cuales se mechan los mensajes papales del arzobispo de Montevideo y del Papa y alguna declaración política.

No quiere decir que el mundo no siga andando con su mensaje de horror y de tragedia, en tantos países, es que en este rinconcito del planeta nos miramos sin mucho complejo de culpa en esas ocasiones en que hacemos un culto especial a la amistad, a la diversión, a sentarnos en familia o con amigos y compañeros a divertirnos en común. Porque la Semana de Turismo o como la llamen los creyentes es un momento de compartir. Y eso es extraordinario.

En un momento de nuestra civilización en el que repliegue hacia la soledad, el aislamiento, el individuo – no como afirmación de la identidad – sino como identidad excluyente se propaga a los cuatro vientos y se asume como el modelo dominante. En esta época de atajos y de tantas preguntas que ni siquiera buscan respuestas, juntarse, compartir, discutir, reconocerse en un alto del camino, es un ejercicio imprescindible de humanidad.

Las grandes palabras muchas veces se vacían, son banderas transparentes que ni los más violentos vientos logran agitar sino le damos vida concreta, contenidos cotidianos. Un desayuno compartido y sin apuro para mirar y mirarnos, un asado que no es sólo alimento sino pretexto para hablar, para sincerarse, para dejar que el tiempo transcurra en compañía y para prometerse nuevos y reconfortantes encuentros, un partido de fútbol entre generaciones, o un truco entre los mejores mentirosos de la comarca, construyen esa humanidad, donde se aprecian los cariños, los triunfos y también las derrotas y los dolores. Donde las ausencias se sientan a nuestro lado a compartir.

Y se hace alta política, porque las diversas generaciones opinan, o escuchan con atención o se saturan de nuestras insistencias y manías. Se discute de política sin platea, entre nosotros, sin disputar ni una migaja de poder. Por el gusto de compartir también la política, y el fútbol y el escándalo de la Vuelta Ciclista, y las anécdotas de la escuela y el liceo o de la inseguridad.
Los problemas no quedan afuera, se integran al chimichurri, a las tortas fritas y el arroz con leche y asumen el sentido de nuestras experiencias personales. Y nos conocemos un poco más.

No hay conocimiento entre los uruguayos, si no logramos que nuestras células sigan vivas, si las familias, las ruedas de amigos, las barras de pescadores rigurosamente mentirosos, de campamentistas frugales y aventureros, si los que se juntan desde hace décadas una vez por año para formar una comunidad no nos conocemos y nos volvemos a reconocer.

La mejor de todas las noticias, no son la cantidad de coches nuevos que pasaron por los peajes, los récord de visitantes, o la plata que nos gastamos en estas vacaciones, la buena, buena noticia es que los uruguayos y los que nos vienen a acompañar comparten con nosotros ese renovado rito del encuentro.