Contenido creado por Gastón Fernández Castro
Cybertario

Bigotes

Bigotes

11.04.2012

Lectura: 3'

2012-04-11T07:42:43-03:00
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Lo bueno que tienen las encuestas de opinión pública fuera de contexto es que casi todos pueden darse por satisfechos. La publicación de las encuestas de Interconsult y Factum sobre intención de voto y la interna nacionalista son dos buenos ejemplos. Como cualquier gil puede comprender, sea o no candidato a la cruz y el martirio, el país no enfrenta una coyuntura electoral ni los blancos están ante la inminencia de elegir un candidato presidencial.

Cuando se le preguntó a los encuestados sobre sus preferencias (“qué haría si las elecciones fueran el próximo domingo”, o algo así) los encuestadores y sus interlocutores participaron de lo que bien podríamos definirse como el “síndrome de mi tía con bigotes”, que como cualquier gil sabe, independientemente de valoraciones religiosas, se convierte automáticamente en mi tío.

¿Es una caída para el Frente Amplio contar con el 37 por ciento de intención de voto después de haber trepado prácticamente al 48? ¿Es mucho o poco el 49  por ciento de voluntades que se le otorga al senador Jorge Larrañaga en la interna de su partido? Sí las elecciones hubieran sido el domingo que no fueron, quizás los primeros deberían lamentarse y el segundo festejar largamente. Pero fuera de su contexto, sin la presión del voto inminente, sin saber quiénes son los competidores y qué nuevos errores y aciertos pusieron sobre la mesa en una campaña que no fue, poco es lo que se puede conjeturar.

Que 37 es menos que 50 lo sabe cualquier gil, ya sea que a este adjetivo se lo tome en su sentido castizo o lunfardesco. Pero otórguele usted un porcentaje similar de los votantes indecisos y encontrará que el oficialismo bien podría contar ya con un nada despreciable 41 ó 42 por ciento después de siete años de gobierno… O todo lo contrario.

Del mismo modo, podríamos conjeturar que la interna nacionalista, de la que sólo se conoce la intención de Larrañaga de candidatearse y la autoexclusión del ex presidente Lacalle, nos ofrece cifras harto inciertas. Bien se podría concluir que, estando los otros tres candidatos más populares vinculados a Unidad Nacional y sumando el 36 por ciento sin que hayan declarado siquiera su interés en candidatearse, la cosa no parece tan clara como los números fríos podrían indicar… o todo lo contrario.

Claro que es mejor especular en esta tómbola electoral extemporánea que seguir en la rocambolesca discusión de la semana pasada sobre el sentido de la palabra gil y su eventual aplicación a las razones del martirio del Nazareno. Después de todo, es fácil imaginar la cara del encuestado que, ansioso de opinar sobre la inseguridad, la educación, los servicios de salud y los salarios, debió revelar opciones electorales imaginarias.

Justo es reconocer que estas encuestas nos arrancaron de una semana de debates extraños, particularmente el que convocó a altísimos dignatarios religiosos y gubernamentales sobre cuestiones lingüístico-teológicas, que hubiera hecho las delicias de Wimpi o Peloduro, si tan excelsos intelectos accedieran a enterarse sobre nuestras vicisitudes políticas.