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Breogán Gonda

Escribe Breogán Gonda

Ah! se ele fosse brasileiro…!

Ayer jugamos contra Inglaterra nuestra primera final del Mundial. ¡Uruguay tenía que ganar y ganó! Ahora, el martes próximo tenemos la segunda final, esta vez contra Italia. Y es de nuevo una final con todo: Costa Rica acaba de ganarle a Italia, con lo que Inglaterra quedó eliminada y el empate no nos sirve para clasificar.

20.06.2014 21:56

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2014-06-20T21:56:00-03:00
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El triunfo no fue fácil porque Inglaterra jugó bien y lucho en todo momento.

¿Qué cambió respecto al partido anterior, perdido ante Costa Rica? Sería bueno, sería constructivo, que cada uno de nosotros medite sobre esta pregunta y obtenga "su" respuesta.

Podemos pensar, y mucha gente lo piensa, que vino Suárez y eso cambió todo, como por arte de magia. En particular el título que puse a este artículo lo tomé de web del diario "Estado de Minas" de ayer.

El autor del artículo encabezado por ese título no está preocupado por Uruguay, sino por Brasil.... Y se animó a explicitar un sentimiento que muchos tienen en Brasil, pero que nadie o casi nadie confiesa: Éste es el Campeonato Mundial que Brasil organizó para ganarlo, ... que tiene la obligación de estar en condiciones de ganarlo ... y donde el triunfo brasileño parece lejano porque su plantel está lleno de muy buenos jugadores.... pero falta la magia, falta el jugador diferente, el que logre convertirlo de un buen equipo de obreros en un Campeón del Mundo (como Pelé, Garrincha, Romario, Ronaldinho, hicieron en sus momentos).

No sólo el articulista mineiro quedó ayer hipnotizado con Luis Suárez: ¡el mundo todo lo hizo!
Pero sería una gran simplificación y una gran injusticia pensar que Suárez hizo toda la diferencia. Lo que pienso sobre Suárez es conocido, porque lo he dicho reiteradamente y, en algún momento, haré un artículo específico sobre él (a cuenta, recomiendo leer el publicado antes del partido de ayer por Michael Owen, el mejor jugador inglés de los últimos 30 años, que pueden encontrar en Montevideo Comm bajo el título "let it be").

El triunfo de ayer, el enorme triunfo de ayer, fue el triunfo de un equipo sólido, maduro, sin fisuras, que lo logró jugando con decisión, generosidad y alegría.

El clima en Uruguay luego de la derrota con Costa Rica era malo, algunos decían que era bueno que Lugano no jugara, porque su momento ya había pasado, otros pedían la cabeza del maestro Tabárez, etc. (paralelamente las iniciativas u opiniones constructivas brillaban por su ausencia).

Era el clima tradicional después de una derrota: cuando los triunfos nos invade la euforia (muchas veces desmedida, siempre efímera), generalmente nos gana la indiferencia o el escepticismo y ante la derrota aparecen los instintos autodestructivos.

¿Todos los que decían esas cosas el miércoles las pensaban seriamente? Creo que no, que simplemente estaban inseguros y entonces tomaban una posición cómoda: si se producía el triunfo lo festejarían (como felizmente todos hicimos), pero si se producía la derrota dirían con autoridad: "¡yo lo dije!".

La carencia de entusiasmo y su pariente, la falta de compromiso, constituyen grandes problemas en nuestro País. Puede pensarse que están ligados al fútbol y, por eso no son importantes... no nos engañemos: son los mayores problemas que el País tiene, (mucho más allá de fútbol).
Hace muchos años que he dejado de preocuparme por estas ondas negativas. Por lo que sólo me dedicaré al partido de ayer.

Uruguay jugó bien en todo momento. No se preocupó por la "tenencia de pelota" que está tan de moda, pero que no se adapta a las características de nuestro fútbol. Defendió sólidamente y sin complejos, presionó al rival para no dejarlos llegar armados e impedir sus tiros de media y larga distancia y atacó cuando pudo y lo hizo sólidamente y, sobre todo, cuando atacó lo hizo decididamente y no perdió ni una pelota "tratando de atacar" como, por ejemplo las que determinaron el primer y tercer gol de Costa Rica el Sábado.

No hubo defecciones, cada jugador dio todo, dentro de sus posibilidades y sus características.
Debemos felicitarlos a todos y a cada uno y, en particular, debemos felicitar al maestro Tabárez que estudió al rival, determinó qué quería que nuestro equipo hiciera, hizo los planes, escogió los jugadores, ¡y lo logró!

No voy a decir "seguimos en carrera" sino "ahora sí, estamos en carrera". Nada será fácil, pero nada es imposible.