Los centros de datos —la infraestructura física de lo que se conoce como “la nube”— generan calor de forma constante debido al funcionamiento ininterrumpido de miles de servidores. Ese efecto, hasta ahora poco estudiado a nivel local, fue medido en Uruguay en una investigación basada en imágenes satelitales.
El trabajo, llamado Amenaza Roboto, fue llevado a cabo por Gabriel Farías y Miguel Ángel Dobrich, en el marco de la AI Accountability Network del Pulitzer Center, y sus resultados se publicaron en las últimas horas.
El análisis se focalizó en el centro de datos de Antel en Pando, operativo desde 2016. A partir de más de 32 mil registros térmicos del satélite Landsat (NASA/USGS) entre 2000 y 2025, se detectó que la instalación produce una “isla de calor”: una zona que permanece más cálida que su entorno y que, en este caso, es detectable desde el espacio.
Según el estudio, la temperatura del predio aumentó 2,1 °C respecto a las áreas cercanas. De ese total, 1,9 °C se atribuyen directamente al centro de datos, combinando cambios en el uso del suelo (como la sustitución de vegetación por infraestructura) y su operación. En particular, unos 0,32 °C corresponden al calor generado por los servidores y sus sistemas de refrigeración.
El investigador Luis Orlando explicó que “lo interesante y trascendente es la señal que se detecta: un aumento de calor en las inmediaciones del centro de datos”, y agregó que una parte “solo se explica por la operativa”, lo que constituye “la señal inequívoca de un emisor de calor”.
El funcionamiento de estas instalaciones implica que prácticamente toda la electricidad consumida se transforma en calor. Los sistemas de refrigeración no lo eliminan, sino que lo trasladan al exterior mediante equipos como chillers, condensadores y sistemas de enfriamiento por aire. Ese calor no se concentra únicamente en el edificio, sino que se dispersa en los alrededores, generando una “meseta térmica” en los primeros 150 metros, a diferencia de otros edificios, en los que la temperatura disminuye progresivamente con la distancia.
El estudio también advierte que este fenómeno podría tener implicancias sanitarias, especialmente durante olas de calor. La evidencia científica indica que el aumento sostenido de temperaturas se asocia con mayores riesgos cardiovasculares, respiratorios y otros efectos en la salud. En ese sentido, la investigadora Macarena Sarroca señaló que las islas de calor pueden agravar estos impactos.
A unos 11 kilómetros de Pando, Google construye el Proyecto Teros, un centro de datos de mayor escala que consumirá cinco veces más energía que el de Antel. Según el análisis, este tipo de instalaciones podría generar efectos térmicos más intensos, aunque ese impacto no fue evaluado específicamente en los estudios ambientales presentados.
La investigación destaca que, hasta ahora, el debate sobre centros de datos se ha centrado en el consumo de energía y agua, dejando en segundo plano el calor que emiten. Los resultados muestran que este efecto existe, es medible y puede aislarse mediante datos satelitales, lo que abre la puerta a futuras evaluaciones en un contexto de expansión de este tipo de infraestructura en Uruguay.
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