El estado de Utah puso en marcha un programa piloto que autoriza a una inteligencia artificial a renovar recetas médicas sin intervención directa de un profesional humano, una decisión que ya despertó fuertes cuestionamientos desde organizaciones de salud pública en Estados Unidos.
La iniciativa se enmarca en el llamado regulatory sandbox, un esquema que permite probar productos o servicios “innovadores” con exenciones temporales de la normativa vigente. En este caso, el Departamento de Comercio de Utah se asoció con Doctronic, una startup de telemedicina que opera a través de un chatbot de IA.
Hasta ahora, Doctronic ofrecía un servicio nacional que combinaba atención automatizada gratuita con la posibilidad de acceder, por US$ 39, a una consulta virtual con un médico habilitado en el estado del paciente. Ese paso, sin embargo, debía iniciarse siempre con el chatbot. Con el nuevo piloto en Utah, el sistema va un paso más allá: por una tarifa de US$ 4, la IA puede autorizar directamente la renovación de recetas.
Tras verificar la residencia del usuario, el chatbot accede a su historial y habilita la recarga de 190 medicamentos de uso común, principalmente vinculados a tratamientos crónicos. Quedan excluidos fármacos para el dolor, ADHD y medicamentos inyectables, según informó Politico.
Desde la empresa aseguran que el sistema prioriza la seguridad. Los primeros 250 casos por cada clase de medicamento serán revisados por médicos humanos, pero luego la IA operará de forma autónoma. Adam Oskowitz, cofundador de Doctronic y profesor de la Universidad de California en San Francisco, sostuvo que el chatbot está diseñado para derivar cualquier situación dudosa a un profesional.
Las autoridades estatales defendieron el enfoque. Margaret Woolley Busse, directora ejecutiva del Departamento de Comercio de Utah, afirmó que el programa busca equilibrar innovación y protección del consumidor, aunque evitó precisar cómo se evaluarán los resultados a largo plazo.
El experimento también reavivó el debate regulatorio a nivel federal. Si bien la práctica médica es competencia de los estados, la Food and Drug Administration ha sostenido que puede intervenir cuando se trata de dispositivos médicos utilizados para diagnosticar, tratar o prevenir enfermedades.
Las críticas no tardaron en llegar. Robert Steinbrook, director del grupo de investigación en salud de la organización Public Citizen, calificó el programa como “un primer paso peligroso” hacia una medicina excesivamente automatizada. “La IA no debería renovar recetas de forma autónoma ni presentarse como un ‘doctor de IA’”, advirtió, y reclamó una mayor intervención de los organismos federales.
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