Un antiguo silo de misiles nucleares de la Guerra Fría, construido para albergar armamento de destrucción masiva, está siendo transformado en un centro de datos subterráneo orientado al desarrollo de inteligencia artificial.
Según informa Business Insider, el proyecto es impulsado por el empresario australiano Nik Halik, quien adquirió la instalación —ubicada en el estado de Colorado, en Estados Unidos— por más de 10 millones de dólares. Desde entonces, lidera un proceso de reconversión que combina restauración estructural con nuevos usos tecnológicos.
El complejo, construido en la década de 1960, formaba parte del sistema de misiles Titan I, diseñado para lanzar ojivas nucleares a larga distancia durante el punto más álgido de la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Estos misiles, de unos 30 metros de altura, podían alcanzar objetivos a más de 9.600 kilómetros.
Una estructura pensada para resistirlo todo
El silo desciende unos 50 metros bajo tierra y está compuesto por múltiples áreas: salas de lanzamiento, centros de control y sectores de energía.
Su construcción responde a estándares extremos de ingeniería militar. En algunos sectores, las paredes de hormigón reforzado fueron diseñadas para soportar presiones de hasta 6.800 kilos por centímetro cuadrado, una capacidad pensada para resistir ataques o explosiones cercanas.
Durante su operación original, el sitio contaba con sistemas autónomos de energía a base de combustible diésel, lo que le permitía funcionar sin conexión a la red eléctrica. Según estimaciones, el combustible almacenado podía abastecer a unas 2.000 viviendas durante aproximadamente dos semanas.
De instalación militar a infraestructura tecnológica
Tras quedar obsoletos a mediados de los años 60, los silos Titan I fueron desmantelados y vendidos. En este caso, la instalación tuvo usos posteriores vinculados a contratistas de defensa antes de quedar abandonada.
Ahora, la reconversión apunta a aprovechar dos características clave del lugar: su seguridad estructural y su temperatura natural. Bajo tierra, el complejo se mantiene en torno a los 11 °C incluso en verano, una condición ideal para evitar el sobrecalentamiento de servidores.
Este factor es relevante, ya que en algunos centros de datos más del 30 % del consumo energético se destina exclusivamente a refrigeración.
El plan incluye sustituir los sistemas de combustible por reactores nucleares pequeños, con el objetivo de garantizar un suministro energético constante para el procesamiento intensivo que requiere la inteligencia artificial.
Riesgos, vestigios y usos alternativos
El proceso de recuperación no está exento de dificultades. En distintas áreas del complejo se detectaron materiales peligrosos, como asbesto, mercurio y restos de sustancias tóxicas, lo que obliga a extremar las medidas de seguridad durante las tareas de restauración.
Al mismo tiempo, el lugar conserva elementos originales de la época, incluidos restos del centro de control desde donde se habrían ejecutado lanzamientos nucleares, así como documentos vinculados a protocolos militares.
Más allá del uso tecnológico, el empresario proyecta otros destinos para distintos sectores del silo, entre ellos un museo e incluso espacios recreativos como un club nocturno.
Una tendencia en expansión
La iniciativa se inscribe en una tendencia más amplia: el uso de infraestructuras subterráneas para almacenamiento y procesamiento de datos. Este tipo de entornos ofrece ventajas en términos de seguridad, estabilidad térmica y aislamiento.
En ese sentido, antiguas instalaciones militares —diseñadas para resistir escenarios extremos— encuentran una segunda vida en la economía digital, reconvertidas en nodos estratégicos para el funcionamiento de nuevas tecnologías.